Actualizado el 11 de mayo de 2016

Blue de Bukowski

Por: . 9|5|2016

Blado, con un poema en la mano siempre

Foto: Racso Morejón

 Para Ray Fernández.

 

a un poco más

de los 50

he cerrado la puerta

del balcón

para cagar

en la estrecha

intimidad

sobre

el periódico de ayer.

creo       creeré

en las manos

que por sorpresa

me entregan

un calor

de pájaros

que no se cansan

de volar

pero

cagando

trabajosamente

en el periódico

de ayer

me caen

como auras

tiñosas

las dudas

en la cabeza.

todavía

llegan

a mi puerta

o a mi piel

los cuerpos

en que quisiera

vivir

para siempre

pero es martes

—cualquiera—

ni siquiera 13

y acabo de cagar

sobre el ligero

periódico

de ayer

y nadie

revienta

mi teléfono

con cuerdas

que me alcen.

 

VIGILADO

 

la soledad es una vieja loca

tambaleante en mi casa

trata continuamente de

tirárseme encima

le doy todos los golpes

que puedo

y me salgo a la calle

después de trancar

la puerta del tiempo

por fuera.

camino buscando mis creídas

querencias

o los viandantes

en que pueda crecer

la flor de amistad.

no es tarea fácil.

casi todos van

enfundados

en su piel

y no te dan la hora

ni el saludo.

me cansa la máscara

y regreso tarde

a casa

tarde encuentro

a la soledad

como una abuelita

amorosa

que quiere mostrarme

el caldo tibio

que me ha preparado

Para que amanezca

con fuerzas

pero yo se que es

su cicuta

por eso me voy con hambre

con ganas de abrazar

con ganas

de que alguien

me salude

aunque sea desde lejos

alzando un pañuelo

adolescente sobre mi cara.

veo el pañuelo flotar

como un ave

sin norte

y trato de alcanzarlo

cuando me tira el sueño

sobre una tabla tiesa

y amanezco

con dolor en todo

vigilado

por la soledad

que ya se ha repuesto

de mis golpes de ayer

y tiene brillosos ojos

de apostar a

que me ganará esta vez.

 

SOBRE TI MISMO

 

la verdadera pobreza

es la soledad

que

en la hora

maravillosa y tremenda

nadie eche en cuenta

que faltas

ese no estar

en la imaginería

de los otros

esa es la pobreza

y que sea sólo enroscarte

sobre ti mismo

el ademán sabio

de la salvación

la franciscanía

la desnudez de la materia

quien te ayude

a sacar

esos pájaros

de vuelo más alto

que se guardan en ti

pero que no haya

en esta hora

nadie

que apueste

su camisa

más rota

por tu mayor ventura

esa es la pobreza

el animal

que puede

anudarse en tu cuello

cuando estás

esperando

que la piel

del semejante

suelte

tus deseos

de vivir

por encima

del mayor peligro.

 

EL RESOPLIDO

 

ahora mismo si me vinieran a

quemar la casa

o en alguna pesadilla

tocaran a la puerta para pedirme

un viaje

por paisajes totalmente fuera

de mi cariño

y si los emplazadores hicieran el increíble

papel del indulgente

permitiendo

que llevara conmigo

las pertenencias indispensables

sin dudas miraría en redondo

tratando de indagar con cual de ellas

me salvo

echaría un resoplido de caballo en trote

y poniendo la vista en un punto

parecido a la cercanía

a esos

desfiladeros remotos

les podría decir     solo

con el seguro cauce de mi mirada

llévenme apenas

con los olores del cuerpo.

(DE LOS OLORES DEL CUERPO)

 

CETRO DE LA IMAGINACION

Para Gastón Baquero.

solo tiene una mesa y otros cuantos artilugios

traídos del rastro       de los sueños

y pretende contarme toda la historia:

el tronco de la primera cuerda

el abismo donde se perdieron las amarras

y estos cabos sueltos donde ahora bailan nuestros cuerpos.

 

un hombrecito hecho apenas para lo imprescindible

derrama el mantel ante nosotros       nos vierte el agua.

lo ve marcharse          y hace un amplio acordeón con las manos

como si desplegara la cartografía de la isla

y se siente sobre la madera resobada

una sorda crepitación       las yerbas en andas

el descuelgue repentino de un remoto verano.

 

él es un cetro de la imaginación.

frota la voz entre sus dedos

y las fotos sujetas en el sepia

cobran otra vez el timbre de entonces:

se ve a los hombres que corren incesantes

por los caminos       y cantan       y se complican

en un apretado y frágil remolino

como si fuera la tormenta del juicio final

y salen luego del mal paso con el espasmo de una carcajada.

corren       y cantan       y corren

siempre con una bandera clavada entre los hombros.

cualquiera diría que lloran

cuando en realidad          sencillamente cantan.

 

las familias enteras trasiegan la carretera central

buscándose       la vida

espantándose el polvillo impertinente de la incertidumbre.

van con las aves imprescindibles

el perro que siempre los prevendrá

de una mala curva en lo oscuro

y la imagen de la caridad       que es definitivamente

la cuarta y providencial pata de la mesa.

 

tardan las carnes en su vuelta del horno y las guarniciones

por eso les brindo el vino de la casa

ha dicho el leve sirviente de antes

y se vuelve a perder en el humo zumbón de la cocina.

no le escuchamos

yo porque atiendo solo al tablado interminable

donde él va colocando otras piezas y colocándose

en ese mecanismo invencible que es

el hombre haciendo lumbre en sus paisajes

y él porque ya se apresta a dejar el reino del entonces

aquellos tranvías de tan generosa y lenta velocidad.

alza los brazos       como diciendo: estoy en vuelta abajo.

entra de nuevo en su ciudad

la recorre con la misma fruición con que el ciego

dibuja en el tacto las aristas.

está otra vez sobre el labio del mar

y salta el pez de su memoria a saludarlo

sobre el misterioso bastidor de las sales.

 

voy tras él       soy el guajiro curioso

el recién llegado en aquella montaña de plátanos

y él luce desenvuelto       sonrisa y dril blancos.

 

hemos cogido a un tiempo las jarras pacientes del vino.

me incita a los dominios de aquel bar de la calle Concordia

que hace tiempo duele como una carie.

las ruinas elevan el fuego fatuo de la vitrola

y él pide aguardiente para mi.

estamos en la menuda fiesta que alumbra

un repique de manos que parece interminable.

 

vuelve  al punto el hombrecito del fondo

con las carnes       las viandas       las verduras

y otro palmo de vino.

él se levanta gracioso como un adolescente

mira con malicia el jolgorio de los alimentos

y me dice: arrímese que es con voluntad.

 

parece un sonero insinuándome la clave.

(DE LA FLOR DE PAPEL)

 

AY

 

ay de los que salen del vientre

con zapatos

de los tremendos serios

que postergan la risa para las

vacaciones

ay de los que se tragan la lengua

delante de los truenos

ay de los que gritan       ay

 

CON CIERTA MUSICA

 

con cierta música es peligroso salir

de manso a los balcones

mirar

meterse en las carteras

los papeles que van marcando el sueño

a los que pasan

con cierta música te salvas si puedes

hacer el equilibrio

sobre tus ojos       tus cuerdas

larguísimas

pero no salgas mientras

esa cierta       empinada       silbido de

cuatro mil pies     música

que te lleva sin remedio

no salgas si no estás dispuesto a

correr delante de tu espalda.

con cierta música haciéndote el gato

de la digestión

vas a parar en seco     en los

almendros

en una de esas curvas que no se atreven a

difundir

por muy convencionales     las postales

del turismo.

 

DICES

 

 

dices el saludo al revés     la

despedida

y veo cómo entras en la masa oscura

del silencio

cierro con una nostalgia     golpe seco

la puerta

y allá afuera donde gozan tú y todo

género de andar

la roncha de ser vivo

no eres ni una brizna moviéndose en mi

vista

sino     una tinta doliéndome

por cuajar tu perfil en otro

advenimiento

hasta que tocas la textura de mi

umbral

y vuelves     cuando abro saltas de la

bruma.

 

INVENTARIO

 

no tengo el pozuelo de las primeras

aguas

ni la foto donde mamá logró hacerme

una sonrisa

digna de la cámara

ni un rastro solo

de aquellos tuteos de los cajigales

con las mariposas

hace muy poco encontraron     oxidadas

todavía entre aquellas tierras de la

crecida del cauto

las tijeras     que como un golpe de

suerte

me cortaron el ombligo

mi casa

lo que se dice por costumbre     es un

temblor

un baile de diablitos en la música del

mediodía

he dejado pantalones como periódicos

cansados

en las carreteras     o en sitios casi

semejantes

a las viandas bien puestas por mi

madre

confundo en mi provecho cualquier trino

de pájaro

con el silbato premonitor de los

carteros

 

la voz     mi puerta fácil

mi estado natural     la tarde

la Revolución  —ave de sangre—

es mis huesos y yo soy     apenas

brizna suya

 

 

malcriado en las piernas de múltiples

abuelos

avisado de herencias

y de aves fatídicas sobre las

propiedades

sin embargo     salí con el pie izquierdo

a los rumores

y me declaro contento de crecer

en las palmadas de mis albergues

sucesivos.

(DE SIN PUNTOS CARDINALES)

 

LA LUZ DEL RAYO

 

sindo

amor     real

de una palma desmedida

por un ceibo

murmurador

que gobierna la llanura

sindo

el cielo

nostálgico

de una ignota

flor

atrevida

del trillo.

sindo garay

la luz del rayo

partiendo

los sembrados

el juglar mayor

con la solemnidad

hecha un escudo

tatuando el nombre

de la patria

sobre unos pechos

de mujer.

(DE DEBAJO DE LA AGUJA)

 

Portada del poemario "Los olores del cuerpo"MIRÁNDOME DESNUDO

 

ahora necesito estar en París

caminando muy lento

en cualquier orilla de ese río

hecho de lágrimas

así

sin que  me noten

triste

en mis ropas de a diario

disimulando no perseguir

ningún destino

buscando las esculturas brillosas

que no atienden a nadie

mirándome —yo— desnudo

 

a esta hora

cuando      ninguna contraseña mía

puede abrir alguna puerta.

necesitaría estar en París

donde los transeúntes     no

pudieran descubrir que voy

enrollándome en mi  mismo

porque no les importa

pero estoy en mi ciudad buena

y difícil     triste

escuchando muy bajito

tangos

y no me atrevo a recurrir

a nadie.

(DE LA GOTA ALZADA)

Categoría: Poesía | Tags: | | | |

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