Actualizado el 15 de abril de 2017

Yevgueni Yevtushenko

Por: . 14|4|2017

Yevgueni Yevtushenko Aún todas sus lágrimas

El sauce no ha llorado aún todas sus lágrimas.

A su sombra, en la orilla me quedé pensativo:

¿cómo hacer feliz a mi amada?

¿Es que acaso no pueda hacer más?

No le bastan los hijos, la abundancia, / lo poco que nos damos al cine, a los amigos.

Me necesita enteramente, sin reservas.

Mas, estoy hecho de sobras. Yo soy diamante en bruto.

Entregué mis hombros a las causas de nuestra época, / a toda su dura carga, / no dejé espacio a la ira de mi amada / y privé su llanto de mis brazos, de mi regazo.

Hoy, la amada ya no recibe flores de su hombre.

Arrugas, sí. Faenas domésticas.

El hombre engaña por placer, / la mujer traiciona por dolor.

¿Cómo puedo hacer feliz a mi amada?

¿Qué puedo ofrendarle esta noche / si la manzana que le da la vida / ya está rancia y agusanada?

¿Por qué a la bienamada se le ofende / tan sin razón como tan a menudo?

Cómo hacerla infeliz, todos sabemos.

De cómo hacerla feliz, no tenemos memoria.

Versión de Heberto Padilla

 

Babi Yar*

I

No existe monumento en Babi Yar; / sólo la agria ladera. Y tengo miedo.

Hoy me siento un judío en el desierto / que de Egipto escapó. Me crucifican / y mis manos conservan los estigmas.

Me parece ser Dreyfus, condenado, / al que juzgan, escupen, encarcelan; / pero de pie resiste la calumnia / y el grito filisteo. Con la punta / de sus sombrillas en mi rostro vejan /

mi indefensión mujeres que se acercan / con vestidos de encaje de Bruselas.

O también soy un niño en Bielostok.

De pronto estalla el pogromo.

La sangre derramada cubre el suelo.

Los que huelen a vodka y a cebolla / salen de la taberna y gritan todos:

“Mata judíos: salvarás a Rusia”.

Un tendero se ensaña con mi madre.

Otro hombre me patea. En vano rezo / plegarias que se pierden en la nada.

Me siento dentro / de la piel de Anna Frank que es transparente / como un ramo de abril.

No hacen falta palabras. Siento amor / y sólo necesito que uno a otra / nos miremos de frente.

Separados del cielo y el follaje.

Solamente podemos abrazarnos / en este cuarto a oscuras.

Quiero besarte una vez más, acércate.

Ya vienen. Nada temas: el rumor / es de la primavera que se anuncia / y del témpano roto en el deshielo.

Y en torno a Babi Yar suena la hierba / que ha crecido salvaje desde entonces.

Los árboles nos juzgan. Todo grita / pero el grito está hecho de silencio.

Al descubrirme observo mi cabello.

También ha encanecido. También grito / por los miles de muertos inocentes / masacrados aquí. En cada anciano / y en cada niño al que mataron muero.

Pueblo ruso, mi pueblo: te conozco.

Tú no odias ni razas ni naciones.

Manos viles trataron de infamarte / al usurpar tu nombre y al llamarse / “Unión del Pueblo Ruso”.** No perdono.

Que La Internacional llene los aires / cuando el último / antisemita yazga bajo la tierra.

No soy judío. Como si lo fuera, / me odian todos aquéllos.

Por su odio / soy y seré un verdadero ruso.

*Babi Yar o Baby Yar es un barranco en las proximidades de Kiev. En dos días de septiembre de 1941 más de treinta y cinco mil judíos fueron asesinados allí por las tropas nazis. En esta versión de 1997, reproducida del libro Adiós bandera roja (Selección de poesía y prosa de 1953 a 1996) se tomaron en cuenta los cambios introducidos por el propio Yevtushenko de la traducción inglesa de Robert Milner.

**La Unión del Pueblo Ruso fue el grupo antisemita que actuó en Rusia entre el asesinato del zar Alejandro II y el comienzo de la primera Guerra Mundial. Sus miembros organizaron pogromos -linchamientos de judíos rusos y destrucción y robo de sus propiedades- e, infiltrados en la policía secreta zarista, fabricaron los apócrifos Protocolos de los sabios de Sión.

Versión de Heberto Padilla

 

Me gustaría…

Me gustaría / nacer en todos los países, / tener un pasaporte / para todos / que provoque el pánico de las cancillerías; / ser cada pez / en cada océano / y cada perro / en las calles del mundo.

No quiero arrodillarme / ante ídolo alguno / ni hacer el papel / de un ruso ortodoxo hippie, / pero me gustaría / hundirme / en lo más hondo del Lago Baikal / y salir resoplando / en otras aguas, / ¿por qué no en las del Mississippi?

En mi maldito universo amado / me gustaría / ser una hierba humilde, / nunca un Narciso delicado / que se besa / en el espejo.

Me gustaría ser / cualquiera de las criaturas de Dios, / incluso la última hiena sarnosa, / pero nunca un tirano, / ni siquiera el gato de un tirano.

Me gustaría / reencarnar como hombre / en cualquier imagen: / víctima de una cárcel de tortura, / un niño vagabundo en los tugurios de Hong Kong , / un esqueleto viviente en Bangladesh, / un pordiosero sagrado en el Tíbet, / un negro de Ciudad del Cabo, / pero nunca encarnar / la imagen de Rambo.

Sólo odio a los hipócritas, / hienas sazonadas en espesa melaza.

Me gustaría tenderme / bajo el bisturí de todos los cirujanos del mundo, / ser un tullido, un ciego, / sufrir todo mal, toda deformidad y herida, / ser un mutilado de guerra, / o el que recoge las colillas del suelo, / con tal de que no las penetre / el infame microbio de la prepotencia.

No quisiera formar parte de la élite, / ni, por supuesto, del rebaño de cobardes, / ni perro de manada, / ni pastor servil al abrigo de su rebaño.

Y quisiera ser feliz, / pero no a costa de los infelices.

Y quisiera ser libre, / pero no a costa de los que no lo son.

Quisiera amar / a todas las mujeres del mundo, / y ser también una mujer / sólo una vez…

La madre naturaleza ha menospreciado al hombre.

¿Por qué no lo hizo capaz de ser madre?

Si se agitara un niño / bajo su corazón, / acaso el hombre / sería menos cruel.

Quisiera ser el pan de cada día, / digamos, / ser la taza de arroz / de la sufriente madre vietnamita, / el vino barato / en las tabernas de los obreros napolitanos, / o el tubito de queso / en la órbita lunar.

Que me coman / que me beban, / dejadme ser útil / en la muerte.

Quisiera pertenecer a todas las edades, / atolondrar la historia / y atontarla con mis travesuras.

Quisiera llevarle a Nefertiti / en una troika a Pushkin.

Quisiera multiplicar / cien veces el espacio de un instante / para que al mismo tiempo / pueda beber vodka con los pescadores siberianos, / y junto a Homero, / Dante, / Shakespeare / y Tolstoi / sentarme a beber cualquier cosa, / salvo, por supuesto, / Coca-Cola.

Y bailar al ritmo de los tam-tam en el Congo, / estar en huelga en Renault, / jugar a la pelota con los muchachos brasileños / en la playa de Copacabana.

Quisiera hablar todas las lenguas, / como las aguas ocultas bajo la tierra, / y hacer todo tipo de trabajo de una vez.

Me aseguraría / de que sólo fue poeta un Yevtushenko, / el otro un clandestino / en alguna parte, / no puedo decir dónde / por razones de seguridad.

El tercero, un estudiante en Berkeley, / y el cuarto un entusiasta huaso chileno.

El quinto sería tal vez / un maestro de niños esquimales en Alaska, / el sexto / un joven presidente / en cualquier parte, modestamente digamos Sierra Leona, / el séptimo / podría entretenerse en la cuna con un sonajero, / y el décimo, / el centésimo, / el millonésimo…

Para mí, ser yo mismo no es bastante,

¡dejadme ser todo el mundo!

Estaré en miles de ejemplares hasta mi último día / para que la tierra vibre conmigo / y las computadoras enloquezcan / procesando mi censo universal.

Quisiera combatir en todas tus barricadas, / humanidad, / y morir cada noche / como una luna exhausta, / y amanecer cada día / como sol recién nacido / con una suave mancha inmortal / en la cabeza.

Y cuando muera, / un Francois Villon siberiano, / que no descanse mi cuerpo / ni en la tierra francesa, / ni italiana, / sino en la tierra rusa, amarga, / en una colina verde, / donde por vez primera / me sentí todo el mundo.

*Poema escrito originalmente en español

 

A Yevtushenko lo inundaba un deseo inmenso de libertad, la noticia de su fallecimiento este pasado primero de abril ha conmovido al movimiento poético mundial, que reconoce en él el ideal de comprometimiento. La llave del comandante*

Nuestros caballos caminan / hacia La Higuera.

El abismo, a la derecha; / a la izquierda, el abismo.

Pensar en ti, comandante, / no es una carga ligera.

Dentro de mí hay silencio / muy parecido al sismo.

Por aquí, para los guerrilleros / no hay monumentos.

Sus monumentos son las rocas / con las caras cansadas, humanas.

Las nubes están inmóviles, / como los pensamientos, / como los pensamientos / de las montañas bolivianas.

Yo me siento como la sierra.

Estoy lleno de las quebradas, de las rocas ásperas, duras.

Mis nervios están tensos / como la brida de un ganadero.

El ritmo de este poema / me lo dictan las herraduras / que tropiezan con las piedras / de este mortal sendero.

Comandante, tu nombre caro / querrán venderlo tan barato.

La industria quiere comprar con tu nombre / a sus nuevos clientes.

Comandante, / te juro, / yo he visto en París tu retrato / sobre los pantaloncitos / que se llaman “calientes”.

Comandante, / tu rostro imprime en las camisas.

Tú fuiste fuego: / te quieren convertir en humo.

Pero tú caíste abatido por las balas: / por las venenosas sonrisas / no para ser una parte / de la sociedad de consumo-

“¿Dónde está la llave de la escuela?”

Los campesinos no me contestan.

Siento el olor de la muerte.

La pared está blanca, / como la vela / del barco / abandonado a su suerte.

Silencio total.

Solamente el buitre vuela.

La bosta de los caballos / son tus póstumos crisantemos.

“¿Dónde está la llave de la escuela?”

Los campesinos contestan:

“No sabemos, señor, no sabemos…”

¿Dónde está la llave del destino del Che Guevara?

¿Dónde está la llave del futuro?

El miedo de no encontrarla, / el pánico me agarra.

Pero la llave está en nuestras manos, / estoy seguro.

Muchachos, gritar promesas / y no cumplirlas es una mierda.

A los demás engaña / nuestro propio tropezón.

A la izquierda, muchachos, / siempre a la izquierda, / pero no más a la izquierda / de vuestro corazón.

*Poema escrito originalmente en español

Tomado del libro  Adiós bandera roja, 1997.

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