Actualizado el 4 de enero de 2018

Últimos poemas, 1948

Por: . 2|1|2018

Vicente Huidobro Voz de esperanza

Tienes ojos de orgullo desesperado y de fuego cubierto

Tienes carne color tormento milenario como los

desiertos de cólera variada y en el fondo idéntica

Tu tristeza es sentir la injusticia vertiginosa que

enmohece la marcha

Y arrastra los pedazos

Tu dicha sería romper las ataduras que te llaman

a las tinieblas

Y crear con tus manos un planeta en forma de corazón

Oyes la tos de los esclavos y un horno ruge en tus

entrañas

Oyes las maldiciones abatidas

Oyes gemir y gimes

Oyes los gritos del hambre bajo sombreros como

tabacos deshojados

Bajo los harapos de nocturna factura

Oyes el llanto y lloras

Oyes la muerte que sale de la noche entrando en los

Huesos

Oyes el cuerpo del mundo retorcido en lamentos

Oyes al angustiado hermano de los pechos sin aire

Oyes gemir y gimes

Con todo tu esqueleto de amarguras inmensas

Mojado de siglos y catástrofes mojado de esperanzas

Oyes la súplica de los mares empuñados

Oyes caer las lágrimas a lo largo de la noche

Y las ves atravesar el día

Oyes sufrir y sufres

Oyes llorar al hombre y lloras como el hombre

Pero una fiebre de mariposa gigantesca

Parte del alba retardada entre redes opacas

Nace una hoguera y nace una voz rodeada de fuego

Una voz que redime a un astro ciego y taciturno

Una voz que se ha lavado en largos sueños

Una voz de torrente sacudido

Una voz de pavorosas profundidades

Una voz que levanta los gestos

Blandiendo el mundo entre centellas iracundas

Martillando en la fragua del universo

Una voz cansada de llorar

Y que se alza de sus principios

A la dignidad negada por inmundas razones

Y exigida por todas las raíces de su ser invencible

Una voz cansada de gemir

El hombre es paciente

Pero no tanto como el tiempo contemplado

Desde la orilla de la noche

El hombre es sufrido

Sus músculos labrados a golpe de milenios

Pero la tierra es suave y le comprende y le ama

De tantos siglos hasta tantos

El hombre es afable

La tierra le ama y pide un modo de armonía

Y quiere una forma de fraterna dulzura

No quiere estar cubierta de tragedias

Ni rodar bajo crímenes entre fiebres sangrientas

La tierra le ama

(Que sea siempre así)

Quiere su luz de flor meditativa

Quiere su dicha como un canto necesario a la marcha

Que caigan entonces los que construyen la desgracia

Los que cierran el horizonte

Los que impiden el canto

Que se entierren al fondo de su noche

Que caigan sí que caigan

Y vamos descargando los muertos al borde del planeta

Arrojemos carroñas al vacío

Y que el cometa del mal agüero les envuelva en

su sudario

Y les arrastre a la nada sin memoria

 

Se acercan los hombres en marcha desprendida

De montañas geológicas y llenos de ternura

Viene el hombre amado de la tierra

Con sus ojos de abrazo suficiente

Llega el hombre a pedir sus derechos

Yo me descubro a tu paso como ante un mar que viene

de la noche

Y te entrego mis manos y te entrego mi pecho

Y dejo a tus plantas la actitud de mi cerebro

 

Tienes un cuerpo traspasado como alarido de perro

nebuloso

Tienes tu voz de lágrima a sonrisa

Tienes tu cielo como un mar levantado por sus ansias

Tu tristeza es ver que no saben lo que vales bajo tu

piel terrestre

Tu alegría amasar el futuro de tus hijos como hierbas

entusiastas

De tu mujer como árbol de dulzura

 

Árboles árboles velad sobre el destino

Árboles cantando su existencia

Sed luminosos sobre el sueño del aprecio

¿Qué hora sería en el revés del mundo

Cuando tu corazón sintió su hora

Y que tu piel terrestre fue traspasada de alaridos?

Árboles árboles qué desnudez se acerca

Y qué mañanas de metal cantante se preparan

Las hojas contaban a la tierra sus proezas

Y la visión del venidero ilustre se alzó en algunos ojos

exclusivos

Que desde entonces lloran de fiebre entusiasmada

 

Qué hora sería qué hora

Cuando el mundo te trajo la noticia del futuro coronado

Los pies se hicieron rápidos

El cuerpo se vistió de desnudez en estatuas de viento

Y los ojos devorándose entre ellos como dos locos

furibundos

Rodaron entre soles y vidrios por todo el universo

 

Tus manos qué delirio de fuego qué ancha simpatía

Qué lento abrazo a los ruidos de la vida

Tu corazón en buzo bajando a sus raíces

Nadando en sus comienzos

De pie en su objeto comprendido

Tenías tanta hambre de ti mismo

 

Ruta de obscuras geologías de selvas submarinas

Y de sombras arrodilladas bajo el viento

Hasta el momento que una tiza en el sueño trazó

el destino

Levantó los gestos de sus profundidades

Y te dijo lo que eras y tendrías que ser

Sobre ese pedestal que recorres inconsciente

 

Qué hora sería qué hora cayendo de los árboles

Cuando los muertos dieron la orden de despertar

Y las tribus soñolientas mirando las estrellas

Se pusieron en marcha hacia la forma de sus lenguas

Hacia su esencia de memorias desveladas

Y su pasión de ser en penetrante vida

Idea redentora como un pan obscuro que se hace luz

de sangre y células

Qué hora sería entonces

El huracán rugía entre sus barbas sorprendido

Y el viaje era una estatua de su raíz al tronco y al ramaje

Un trabajo invisible de siglos y cimientos anhelantes

de aire

No hay detención posible hasta el arco de flores

y horizontes

Que señala su triunfo

 

Es el hombre

El hombre de pie sobre sus sueños

 

 

La poesía es un atentado celeste

 

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia

Hay la espera de mí mismo

Y esta espera es otro modo de presencia

La espera de mi retorno

Yo estoy en otros objetos

Ando en viaje dando un poco de mi vida

A ciertos árboles y a ciertas piedras

Que me han esperado muchos años

 

Se cansaron de esperarme y se sentaron

 

Yo no estoy y estoy

Estoy ausente y estoy presente en estado de espera

Ellos querrían mi lenguaje para expresarse

Y yo querría el de ellos para expresarlos

He aquí el equívoco el atroz equívoco

 

Angustioso lamentable

Me voy adentrando en estas plantas

Voy dejando mis ropas

Se me van cayendo las carnes

Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas

 

Me estoy haciendo árbol Cuántas veces me he ido

convirtiendo en otras cosas…

Es doloroso y lleno de ternura

 

Podría dar un grito pero se espantaría la

transubstanciación

Hay que guardar silencio Esperar en silencio

 

Exterior

 

Árboles cerrados a toda aventura

Árboles cerrados a la lámpara triste

Los faros de piel viva sobre las rosas del adiós

La imagen guardada para un viaje

Alma mía ésta es la leyenda de los años

Que detesta la casa estable y el astro de hierros fríos

 

Otros buscan un rey leproso que adorar

Una gloria de cúpulas el mármol de una noche larga

Vagar sobre truenos de aire sucio.

Ninguno declina sus resortes

Y saluda al mundo y sus montañas

 

He creado carne y llanto

He creado luz y abismo

Me he sentado a cantar

Sobre la cumbre mojada de ternuras y violencias

En donde empieza el aire de la eternidad

 

Ningún aliento hace subir el día

Ninguna mano hace saltar la noche

Los astros de los grandes adivinos

Apenas pueden secar el canto de las aguas

Por el camino de los signos altivos

Se va la voluntad hacia la muerte

Se van los dioses a la cifra exacta

Por el camino de los monstruos

Se van los ruidos de la muerte

Por el camino de las hojas

Se van los ojos de la muerte

Por el camino de la tarde

Se va la muerte de la impaciencia

Y un ruido de esqueleto gira al fondo del río

 

 

Ahora que mis ojos vuelan

 

Ahora que mis ojos vuelan entre planetas ajenos

Como una botella en alta mar

O en un cielo de todos colores

Sin una sola casa donde entrar en la tarde

Ahora que mis manos escaparon del fuego

En una barca tan rápida como el ocaso

Y casi más que la muerte huyendo del caballo

que quiere morderle

Ahora hace frío por el odio que nos tienen las montañas

Hace frío porque se han dicho palabras tristes

Se ha dicho barca ocaso y ojos

Que son una misma cosa

 

Yo amo el viento que viene de los astros

Envolviendo los rayos cósmicos tan buscados por los

hombres

Mientras ellos sólo se interesan por ciertas hierbas

De sabor delicado y olor penetrante

Tan penetrante como ellos mismos

Yo amo los ojos de grandes alas

Y amo el ocaso tan rápido como una barca

Y las manos y la montaña que se deja acariciar

Y una roca llena de amor que desafía al mar

Y un mar que desafía todas las estrellas

Amo el árbol viejo que tiene muchos niños

Un paisaje inmortal mirando nacer sus flores

Un río de cabellos blancos que aún salta entre las

piedras

Unos ojos y unas manos salvadas del incendio

Un corazón que late

Como un sapo casi aplastado por una carreta

Y una selva de todos colores

Sin ningún sentido del bien y del mal

Una selva encima de la selva

Para la ternura de los pájaros perdidos

Allá tan lejos de su país natal

 

 

Edad negra

 

La muerte atravesada de truenos vivos

Atravesada de fríos humanos

La muerte de sobra llamando tierra por la tierra

Y de subida en los rostros amargos

La marea apresurada

Sobre los ojos y las piedras…

Cómo decir al mundo si es necesario tanto hielo

Si exige el tiempo tal suplicio

Para futuras voces nuevas

 

¿En dónde estás flor de las tumbas

Si todo es tumba en el reino infinito?

Sólo se oye la lengua del sepulcro

Llamando a grandes gritos

Las campanas secretas

En su misterio de memorias a la deriva

Semejantes al temblor eterno

Que se separa de los astros

 

No hay sacrificio demasiado grande

Para la noche que se aleja

Para encontrar una belleza escondida en el fuego

 

Perderlo todo

Perder los ojos y los brazos

Perder la voz el corazón y sus monstruos delicados

Perder la vida y sus luces internas

Perder hasta la muerte

Perderse entero sin un lamento

Ser sangre y soledad

Ser maldición y bendición de horrores

Tristeza de planeta sin olor de agua

Pasar de ángel a fantasma geológico

Y sonreír al sueño que se acerca

Y tanto exige para ser monumento al calor de las manos

 

Penan los astros como sombras de lobos muertos

En dónde está esa región tan prometida y tan buscada

Penan las selvas como venganzas no cumplidas

Con sus vientos amontonados por el suelo

Y el crujir de sus muebles

Mientras el tiempo forja sus quimeras

Debo llorar al hombre y al amigo

La tempestad lo arroja a otras comarcas

Más lejos de lo que él pensaba

 

Así dirá la historia

Se debatía entre el furor y la esperanza

Corrían a encender montañas

Y se quemaban en la hoguera

Empujaban ciudades y llanuras

Flanqueaban ríos y mares con la cabeza ensangrentada

Avanzaban en medio de la sombra espía

Caían desplomados como pájaros ilusos

Sus mujeres ardían y clamaban con relámpagos

Los caballos chocaban miembros en el fuego

Carros de hierro aviones triturados

Tendidos en el mismo sueño…

Guárdate niño de seguir tal ruta.

 

Vicente Huidobro (Chile, 1893 – 1948): Padre del Creacionismo y uno de los autores más relevantes de la poesía hispanoamericana del siglo XX. De sus poemarios destacan: Adán (1916), El espejo de agua (1916), Horizonte cuadrado (1917), Ecuatorial (1918), Poemas árticos (1918), Altazor (1931), Temblor de cielo (1931), Ver y palpar (1941), El ciudadano del olvido (1941) y Últimos poemas (1948).

Categoría: Poesía | Tags: | | |

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