Actualizado el 20 de diciembre de 2011

Rigor de la palabra en el tiempo

Por: . 20|12|2011

Se dice que lo más difícil de enfrentar es el pasado, lo que hemos vivido de un modo distinto al que fabricamos en nuestra mente.

Pero, ¿qué ocurre si todo se entremezcla hasta crear una red de vivencias a medias y sueños incompletos? Me atrevería a bautizar este suceso como Literatura. Porque la literatura es, a fin de cuentas, la existencia sublimada, lo trascendente en los ojos del mundo.

Literatura es lo que encontramos en La soledad del tiempo, novela de Alberto Guerra Naranjo, publicada por Ediciones UNIÓN en 2009. Novela de profunda inmersión estética y ética, que nos esboza la realidad de tres personajes tan vivos que parecen hablarnos al oído.

Podemos escuchar la respiración de esos personajes hábilmente entremezclados, tocar sus frustraciones, comprobar hasta dónde pueden llevarnos. Caminamos junto a ellos por las calles de La Habana, nos comprometemos con sus ideas y pensamientos. Son, en esencia, escritores que asumen la literatura desde sus particularidades más íntimas.

Junto a ellos, o tal vez dentro de ellos, aparecen preguntas substanciales que demoramos en responder: ¿Por qué alguien se empeña en escribir? ¿Para qué hacerlo? ¿Es una necesidad? ¿Una palmada benévola que otorga Dios a personas elegidas al azar? ¿Es posible vivir con el estigma de ese don? ¿Qué significa ser escritor en Cuba? ¿Ser un escritor negro en Cuba?

La soledad del tiempo no solo te apretará el cuello con sus preguntas y su fuerza creativa. También te llenará de desasosiego, de esa certidumbre de estar viviendo en la página; no cerca ni lejos, sino dentro de la página, como solo pueden lograrlo los escritores de clase extra. Porque eso es lo que mejor sabe hacer el autor de esta novela: llevar las vivencias a otro nivel, al nivel sensorial que habita en la emoción de la honestidad.

Sergio Navarro, J.L., M.G., te (se) sorprenderán, te (se) descubrirán más allá de lo mejor y lo peor de esa zona llamada Literatura. Aparecerán como testigos o protagonistas de sucesos que los reducen y a la vez los magnifican como seres humanos que sobreviven entre algo que se podría llamar cubanidad. Porque esta historia es esencialmente cubana y, por lo mismo, universal.

Lo cubano te inundará, te perseguirá en cada página, harás link con esa cubanidad que no reconocías bien antes de acercarte a esta novela.

Escritura inquietante, reveladora de ciertos puntos turbios y calles en penumbras. La fiesta de la palabra es el mayor logro de esta novela. La palabra se transfigura, se vuelve translúcida gracias a una escritura signada por la experimentación y el hallazgo.

Los acercamientos a fantasmas literarios también te rodearán. Acercamientos que acuden al llamado de la ilusión: “Pero en la calle Empedrado detengo mi paso, presiento que me miran, entonces veo a Carpentier desde el balcón, sonriente y fantasmal, con el manuscrito de El siglo de las luces bajo el brazo. El gran escritor se ve feliz en su traje dril cien de los años 50, tal parece que acaba de llegar de Venezuela, que viene a incorporarse, que le esperan tareas apremiantes. Me limpio el sudor con una mano, lo miro, y me pregunto si alguna vez ese hombre, tan importante, tan renombrado, no fue capaz de llevarse un libro mal puesto en alguna biblioteca”. Asistirás a encuentros intensos con los espectros de Cortázar, Borges, Octavio Paz, y Juan Rulfo:

“Gracias, maestro, usted ha hecho por mí lo que cientos de libros no han podido, ni cientos de escritores: rechazar la vanidad, el intelectualismo barato, la petulancia desmedida, la pedantería, el falso magisterio. Sólo se debe escribir lo que hace falta y hacer un buen silencio después, eso me ha dicho usted siempre”.

Alberto Guerra domina el milagro de crear una obra de alto nivel sin dejar a un lado la accesibilidad. El lenguaje funciona a través de esa accesibilidad. La novela puede ser leída con placer por cualquier persona, no importa si es el más esquizofrénico erudito o el más iletrado de los panaderos. Quizás sea esa accesibilidad el secreto del éxito del escritor con sus lectores, quien lo coloca en el selecto conjunto de narradores que han logrado equilibrar el rigor literario con el gusto general.

Leer La soledad del tiempo te guiará hacia una visión más enriquecida de tus ideas sobre la realidad cubana y su espacio editorial. Parece escrita el día anterior al que se lee. Es una novela multiforme y vital, que absorbe y representa con fidelidad el tiempo de una época. Novela confeccionada por un escritor sin limitaciones. Novela que ya pertenece al cauce místico de lo trascendente.

Categoría: Reseña de libros | Tags: | | | | | | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados