Actualizado el 14 de febrero de 2012

Los Matamoros sin perder la presencia

Por: . 14|2|2012

El Instituto Cubano de la Música ha emprendido un programa de rescate, plasmación y difusión de nuestro patrimonio musical. A partir de ello han aparecido las Ediciones del Museo de la Música. Mediante esta loable empresa no solo aparecen títulos nuevos, también se están llevando a cabo reediciones de investigaciones muy valiosas, que hace mucho se agotaron en las librerías. Así sucede con Trío Matamoros. Treinta y cinco años de música popular cubana, de Ezequiel Rodríguez Domínguez.

El autor fue un humilde e infatigable buscador de la vida y obra de los más importantes creadores populares. Carecía de un equipo de apoyo y esto le dificultaba la concreción de sus empeños. Después llegaban sus tribulaciones para lograr la publicación. Este trabajo de Ezequiel, que debió concebirse en la segunda mitad de la década del 60 del siglo pasado, obtuvo Premio Especial de Testimonio en el Concurso Rubén Martínez Villena de la CTC, lo cual debe haber impulsado su salida en 1978, por la Editorial Arte y Literatura. Es un menudo y humilde tomito, prologado por el insustituible Eduardo Robreño Dupuy.

Los Matamoros sin perder la presenciaLuego de una introducción que describe aquello que se dio en llamar el marco histórico en el cual se desarrolla la labor del Trío Matamoros, se esboza la presencia de esta agrupación en el contexto de la música popular cubana, y a continuación se despliegan los apuntes cronológicos desde la fundación del Trío hasta su retiro artístico. Esto permite aquilatar el trabajo que desarrolló en el resto de nuestra América, Estados Unidos y Europa.

Más adelante se despliegan sendos apuntes biográficos de los integrantes: Miguel Matamoros, Siro Rodríguez y Rafael Cueto. En ellos se consigna el catálogo autoral de cada uno de ellos. Después aparecen un capítulo de anécdotas y otro de curiosidades. Sigue una lista de inestimable valor de letras de obras que fueron parte importante del repertorio del Trío. Finaliza con la reproducción de la parte de piano de unas pocas obras de Miguel y la relación de temas de inspiración para algunas obras de Siro, Cueto y Miguel, que son muestra de la relación personal que tuvo Ezequiel Rodríguez con los Matamoros.

Más, treinta años después de aquella edición en vida de su autor, ve la luz su reedición emprendida por las Ediciones del Museo de la Música. Cuando mi fraterna Carmen Rosa me habló de su inminente aparición, me alegró saberlo, conciente de la utilidad que tiene para muchos, sobre todo para los más jóvenes interesados. No conocía, sin embargo, que ahora se trataba de un tomo de sobrio lujo, que gracias a la consagración de Liliana Bonome Hermosilla, contiene un serio catálogo discográfico y una copiosa selección de imágenes que enriquecen el proyecto original. Se trata, sin dudas, de un merecido homenaje a Ezequiel, que luchó con denuedo para que las futuras generaciones no olvidaran nunca los avatares de una de las más perfectas instituciones de la música cubana.

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