Actualizado el 7 de febrero de 2012

Los prismas del silencio

Por: . 6|2|2012

El silencio de Galileo. Novela de Luis López NievesLa literatura no debe dejar de ser, nunca, una aventura. Atravesar la cotidianidad a través de las páginas de un libro debe ser poco menos que una experiencia revitalizadora, vigorizante, estimulante, irrepetible. Los autores que entienden esto y logran reunir las estrategias necesarias para llevarlo a cabo, sin perder su ingrediente personal, son los que pasan a la Historia como los más recordados; no siempre por el costo de sus ediciones o la majestuosidad de las campañas publicitarias, sino por sembrar en los lectores la semilla del patrón, esa que lo trae a colación cada vez que la lectura haga visible su constante vínculo con la realidad. Las novelas y cuentos del escritor puertorriqueño Luis López Nieves son un ejemplo elocuente.

Después del éxito de la segunda de sus obras que se publica en Cuba, El corazón de Voltaire, vuelve por sus fueros con un volumen que presenta sus credenciales como la mejor novela del país caribeño en 2009, según el Instituto de Literatura Puertorriqueña. Varios elementos hacen de El silencio de Galileo una novela inquietante, de esas que no basta con saber de su fama, pues hay que leerla de todas maneras, para sentir en carne propia la perturbadora fantasía de un talento y la coherencia de una narrativa que convierte el tema más nebuloso en un apasionante suspenso, poniendo sobre el tapete cuestiones nodales de nuestra contemporaneidad.

Para quien no haya oído hablar de él, Luis López Nieves se dio a conocer de una manera explosiva y determinante en el ámbito literario con el cuento Seva, que lo catapultó a la fama, convirtiendo su historia en un símbolo de esperanza y dignidad nacional. En los años venideros, aparecieron las que serían sus aclamadas y premiadas obras narrativas. A saber, Escribir para Rafa (1987), La verdadera muerte de Juan Ponce de León (2000), El corazón de Voltaire (2005) y El silencio de Galileo(2009)

Uno de los rasgos más importantes de la obra de López Nieves es su trabajo con la Historia. La Historia, o sea, el cúmulo de hechos políticos, sociales, económicos, culturales, científicos que han influido de manera determinante en el destino del ser humano, por lo que se ha convertido en referencia para las futuras generaciones, es para López Nieves un caldo inagotable de creación, susceptible para el tejido ficcional de la literatura, con el objetivo de ofrecer nuevas y perdurables connotaciones.

Trabajar con la Historia implica una multitud de riesgos. En teoría, esta modalidad de “historia trocada” bebe en una amplia tradición literaria y periodística. En esencia, lo que ha caracterizado a su práctica narrativa ha sido fabular alrededor de hechos históricos y “trocar” algunos de sus aspectos secundarios sin variar su trayecto principal. Así, por ejemplo, en Seva no se niega que el ejército norteamericano haya ocupado finalmente la isla de Borinquen, sino que tuvo que hacer un segundo intento, pues los habitantes de un pueblo ya desparecido, Seva, le hicieron una tenaz resistencia, obligándolos a retirarse.

Algo parecido sucede en El silencio de Galileo. Este volumen gravita sobre la controversia histórica de quién fue realmente el inventor del telescopio. Aunque desde hace varios años la mayoría le adjudica el prodigio al astrónomo pisano Galileo Galilei, no se puede perder de vista que se ha puesto en duda en reiteradas ocasiones. Para desarrollar la trama, López Nieves se vale de dos personajes de su anterior El corazón de Voltaire y la vuelve a colocar en el plano lingüístico-narrativo de los correos electrónicos, en cuya consecución transita la obra.

Si una cosa queda bien clara en la novela, y de ahí su provocación, es que todo viene a ser anexo. La idea principal es que la Historia es una historia, es una invención, como la literatura, con objetivos bien determinados de hacerse entender sólo por algunos y para eso se rodea de una comunidad de signos y pistas que sólo quien los sepa seguir, tendrá la posibilidad de encontrar y usar. Es el caso de la protagonista Ysabeau de Vassy, que extrae de un archivo original, repleto de cartas y subsumido en un viejo castillo, heredero de un antiquísimo linaje, la verdad hasta ahora negada.

Entonces, la verdad también es una ficción, en la que se vincula la nobleza, los asuntos de alta política, la correlación de fuerzas entre imperios rivales y los enigmas que harían trocar la noche en día o…a la inversa. Narrar todo este universo del siglo XVII en códigos del siglo XXI, como los correos electrónicos, es un intento por hacernos ver otra realidad: el tiempo es un cosmético, la raza humana cuenta con el privilegio de la reiteración y mucho de lo que vemos ahora, nombrado como espionaje cibernético o tecnológico, guerras de credos o trampas de la prevalencia, no es algo exclusivo de nuestra mal llamada evolución. Es algo que nos ha acompañado a lo largo de los tiempos, para no dejarnos solos nunca.

Al final se logra lo que casi se espera. Galileo fue, en realidad, el inventor en los inicios de los 1600’s de algo que revolucionaría la percepción del mundo…Horror…y favorecería la investigación astronómica, pero no la teología, en tiempos en que sólo por sospechas, se podía pasar de ser corpóreo a combustible para las llamas de la Inquisición. Ese es, por demás, el otro patrimonio de la novela: revelar cuánto cuenta enfrentarse al poder imperante y tratar de explicar algunos de sus misterios.

Otro tanto a favor logra López Nieves en el diseño de los personajes. Se pudiera pensar que es un calco de El corazón de Voltaire, pero la realidad es que encuentra un equilibrio y una relación de continuidad que no rompe una en detrimento de la otra. Para que la doctora De Vassy trabaje en archivos de Holanda, Italia y Alemania, un enjambre de correlativos la complementa, tanto en el plano creativo, como en el espiritual. Actúan así el doctor De Luziers, la Condesa de Avignon, la enigmática Livia Galilei, duquesa de Livorno, la descendiente custodio del patrimonio familiar que por momentos logra una interacción tan eficaz con el personaje principal que se roba todo el protagonismo. Eso sin mencionar las pinceladas humorísticas aportadas por el italiano Luigi Nolfo y el alemán Uwe Sösemann.

Todo y cada uno de estos aspectos se unen en El silencio de Galileo como una inmensa galaxia en la que el destino del ser humano vuelve a capitalizar el interés general y la importancia de su percepción gana cintillos de primera plana.

Este no debe ser un libro perfecto, confieso que ahora no podría encontrarle resquicios, porque no los busqué. Es un libro tan absorbente y sospechosamente bien escrito, que hasta al más entrenado de los lectores le haría olvidar esa maldición del enjuiciamiento y hacerlo volar. Sólo me atrevo a sugerirles que se adentren como yo en los extraños prismas del silencio.

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