Actualizado el 16 de mayo de 2012

Desentrañando los secretos de la caja

Por: . 16|5|2012

Esto funciona como una caja cerradaEsto funciona como una caja cerrada funciona como una caja cerrada. A pesar de ello, Alberto Guerra Naranjo, Raúl Flores Iriarte y Daniel Díaz Mantilla se las agenciaron para pulsar los resortes ocultos y, en misión de jurado, conceder a Yonnier Torres Rodríguez el Premio Calendario de Narrativa 2011, repito, por su cuaderno de cuentos Esto funciona como una caja cerrada.

Abrir la caja, desentrañar los secretos, atisbar en su interior y paladear el sabor inconfundible a buena literatura que dimana de cada uno de los siete relatos que contiene, es tarea del lector y nunca de los miembros de un jurado o de un periodista deseoso de compartir su gratificante experiencia de lectura.

Yonnier Torres Rodríguez ha conseguido armar un libro temático (si este fuera un término permisible en literatura), en el que las tramas —sin excepción— se mueven en el entorno de la creación literaria y los distintos niveles de relación que se establecen entre el escritor y su obra (sin soslayar siquiera el acto mismo de la concepción, con toda su carga de intimidad y misterio). Para llegar a un resultado así, Yonnier no escatima en imaginación y recursos.

Se trata, efectivamente, de un libro ingenioso (en primer lugar), desbordante de originalidad y por momentos permeado de un humor magnífico, coqueteando con el absurdo y con la imaginería propia de los mundos editorial e intelectual. Pero no lo hace desde la ingenuidad, no. Yonnier despliega toda su “maldad”, aprendida en los talleres o aprehendida mediante el contacto, a todas luces sistemático, con una parte (al menos una parte) de la avanzada literaria de estos tiempos.

Técnicas narrativas, estrategias de creación, anécdotas impersonales que bien pudiera haber escuchado de boca de cualquier escritor e, incluso, inventarlas por sí mismo (de sobra se ha descrito la delgada línea que separa los territorios lindantes de la realidad y la ficción); con tales herramientas asume Yonnier el abordaje de un tema en modo alguno original, aunque tratado con originalidad incontestable (al respecto resulta forzoso admitir que la originalidad no suele residir en ningún tema específico sino en la manera de apropiarlo).

Un aspirante a escritor se convierte en empleado de una corporación medio surrealista, suerte de transnacional de la literatura, dentro de cuya estructura comienza a escalar hasta convertirse en auténtica estrella, para luego declinar con rapidez idéntica. Otro aspirante a escritor (¿o el mismo?) acude a una cita en la que sus colegas beben y comparten posibles historias, una de las cuales atraerá la atención de “nuestro personaje”, empeñado en la elaboración de un relato. El mismo aspirante a escritor (¿u otro distinto?) abandona su empleo de repartidor de correos (al individuo le encanta correr, saltar, montar en bicicleta) y comienza a escribir obituarios en un periódico local… El funcionario de una Casa de Cultura (cierto de tipo de espécimen que alguna vez hemos conocido y a quien acompaña un aura de escritor frustrado de la que no puede librarse) acaba siendo “tocado” por el genio de los grandes patriarcas de la escritura. El diario de un escritor difunto deviene obsesión de un joven que intenta obtenerlo a cualquier precio, en tanto ambas historias (la del muerto y la del chico y sus compañeros de ocasión) se enlazan admirablemente como un fino tejido del que resulta difícil extraer una hebra. No puedo (no debo) seguir contando…

Si en lugar de una reseña para publicar en prensa plana, se tratara de uno de esos comentarios televisivos, este sería el momento de recomendarles con fruición la lectura de Esto funciona como una caja cerrada (Casa Editora Abril, 2012). No utilizaré esa fórmula disfuncional (que probablemente ni siquiera resulta atractiva para los televidentes). Voy a recurrir a una alternativa mucho menos efectista: la del simple recordatorio.

Yonnier Torres Rodríguez (Placetas, 1981) resultó ganador en 2011 del Premio Calendario de Narrativa (que cada año convoca la Asociación Hermanos Saíz para jóvenes menores de 35 años). Se trata de un cuaderno de cuentos de 67 páginas, con edición de Lourdes Escalona, sugerente diseño de cubierta a cargo de Eloy Barrios e impresión financiada por el Fondo de Desarrollo de la Educación y la Cultura. ¿Les parece información superflua? Quizás no lo sea. Acaso les resulte provechosa si alguna vez revisan con ademán distraído el anaquel de una librería y posan, sin querer, la vista en un librito que asegura funcionar como una caja cerrada. Si ese es el caso, cómprenlo (no ha de costar más de cinco o seis pesos). Es casi seguro que les funcione.

Suele darse por sentado que cuando un narrador poco conocido (generalmente joven) publica un libro (casi siempre su primero o segundo), precisa de modo urgente que los críticos —si hay críticos— se ocupen de él. Pero no lo hacen. A los críticos —los hay por ahí, ¿quién se atreve a negarlo?— no les alcanza el tiempo tal vez para leer a esos “narradores poco conocidos”. Prefieren repasar a los “clásicos”. Lo terrible no es que se perjudique al joven escritor, sino a sus futuros lectores. Se premia un buen libro, se edita, se diseña, se publica. Nadie se entera.

Esto funciona como una caja cerrada puede que tenga muy escasa repercusión en los medios literarios de la Isla (total, uno de tantos Calendario). Por el contrario, puede que por una vez ocurra el milagro y se convierta en suceso cultural o en auténtico fenómeno de ventas (perdónese mi escepticismo). Me reconforta —no el haberlo leído; no el haberlo disfrutado— sino el haber dicho y escrito (a tiempo y sonriente): Esto funciona como una caja cerrada funciona en verdad como una caja cerrada. Qué grato placer abrirla.

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