Actualizado el 3 de junio de 2012

Guerra de imaginarios: A vuelo de cóndor

Por: . 3|6|2012

Cuba: ¿revolución o reforma?Aunque habla de literatura, de cine o de movimientos culturales, el libro Cuba: ¿revolución o reforma? de Enrique Ubieta Gómez, no se trata de crítica artística, sino de una mirada sociocultural en un sentido amplio y un enfoque en torno a la guerra de imaginarios culturales. Tampoco está declarado como un libro de historia, aunque buena parte de las conexiones y análisis que establece partan de un conocimiento exhaustivo de condicionantes y contextos históricos, como los que dan pie a los conceptos de revolución o reforma, sacados de nuestras propias tradiciones históricas.

—¿Por qué escribir de estos temas?

—Porque me parece que es un tema que hay que atender con mucho cuidado en el momento en que estamos haciendo ciertas transformaciones económicas, que son imprescindibles pero que al mismo tiempo promueven cambios en la conciencia y el imaginario social. De hecho, yo creo que el socialismo sólo se puede construir con una buena economía, pero sólo triunfa como proyecto cultural. Es decir, el socialismo es un proyecto cultural alternativo al capitalismo, o no es nada.

El libro comienza precisamente abordando esas tradiciones y su influencia determinante en lo que aceptamos como Historia, en lo que sabemos nuestra historia. Formación de la nacionalidad, corrientes que llevaron al independentismo, el pensamiento martiano, la crítica y la creación, son temas abordados en el primer capítulo, con una “anormalidad” que se agradece, porque Enrique Ubieta logra textos de una profundidad meritoria, aún más meritoria por escapar a la estructura del “bloque” y del texto “ladrillo”, de altos quilates cognoscitivos pero de aburrida lectura. En Cuba…, la lectura es más sugerente que estática, y más ágil, provocadora, de lo que augurarían tales temas en cualquier otro caso. La prosa va desde una época a cien años más tarde, de un personaje a lo que de él otros dijeron, con una capacidad de síntesis y representación que exige, por lo menos, claridad en el “qué quiero decir” del autor, sin hablar de pericia en el manejo de la palabra escrita.

—Y sobre los conceptos de “revolución” y “reforma”….

—Yo le tengo miedo a los enjutos análisis sociológicos, análisis que se quedan en la información estadística, que no es lo que hacen ni deben hacer los buenos sociólogos, los sociólogos marxistas, y le tengo miedo a un análisis de la sociedad que no levante vuelo, que no tenga alas de cóndor.

“Cuando en la sociedad del siglo XIX, los positivistas decían que hay razas diferentes, razas superiores, Martí decía: no hay razas. Y no se estaba basando en ningún dato empírico, sino que estaba uniendo la experiencia, las vivencias, con una amplia cultura y una amplia sensibilidad, los conocimientos racionales con los vivenciales. Por ahí va la cosa en torno a los conceptos de ‘revolución’ y ‘reforma’ que aparecen en el libro, y que parten de nuestras propias tradiciones porque la reforma en Cuba viene del autonomismo y se imbrica también con el anexionismo. Hay de esos aspectos que siguen vigentes en el pensamiento contemporáneo cubano, no vamos a pensar que eso desapareció ni que ese discurso forma parte del siglo XIX”.

Los ejemplos y escenarios descritos en el libro evidencian la extensión del trabajo de campo que exigió el libro, que su autor nos cuenta conformado a través de textos escritos durante muchos años y publicados luego, entretejidos sin perder nunca la organicidad temática. Una organicidad que no se pierde ni siquiera cuando se traslada al Muro de Berlín, a Miami y la intelectualidad contrarrevolucionaria o a la Avenida de los Presidentes, en La Habana. Son espacios o contextos históricos que sirven al lector de ejemplos —motivadores— sobre la guerra de imaginarios y la alternativa cultural y económica que supone la sociedad socialista frente a la capitalista.

Del filme Los dioses rotos (Ernesto Daranas, 2008), por ejemplo, Ubieta extrae un análisis sobre los conceptos de modernidad que se aplican a la realidad cubana, en un intento de emparentar avances y retrocesos con un antes y después del triunfo de la Revolución Cubana, respectivamente. Pinceladas críticas sobre el filme van dirigiendo este análisis de forma que la película catapulte a un sentido más amplio, donde “los dioses” son pretexto o una imagen visual de lo que se escribe. El autor describe entonces cómo el imaginario cultural se utiliza para negar a un país —el nuestro— lo que en otros países se acepta o pasa inadvertido, y tal distinción no es otra cosa que el manejo, desde la cultura, de intereses económicos, políticos, o ambos. Otras catapultas para Ubieta, como Los dioses…, es Suite Habana (Fernando Pérez, 2003), o la novela Los pasos perdidos de Alejo Carpentier, donde de un personaje a raíces y épocas más remotas no significan necesariamente una pérdida de comodidades y progresos, sino el reconocimiento de que cada tiempo aporta sus propios valores.

—¿Guerra de imaginarios?

—Realmente el gran problema de este país hoy es —o uno de los grandes problemas— es que la mayoría debemos construir una sociedad alternativa a una sociedad que no conocimos y no vivimos. Es casi un disparate lógico, y un desafío, porque esa sociedad que no conocimos es la que existe en el mundo. Eso lleva la guerra del imaginario hacia la memoria histórica, hacia el lugar donde vuelven a reconstruirse, trabajosamente pero con mucha sutileza, el pasado del país. Por ejemplo, hay todo un movimiento de reivindicación de Batista. Parece absurdo pero no lo es tanto si nos damos cuenta de que, en estas campañas, la puerta no se abre nunca de un golpe, sino que lentamente aparecen escritos, comentarios, que inoculan esa percepción, esa nueva construcción sin que uno se de cuenta.

El libro constituye también una especie de mapa, cosa que no se había hecho antes, del pensamiento intelectual contrarrevolucionario. Y se hace no a través de terceras interpretaciones, sino de la exposición textual de ese pensamiento, que no por contrario deja de ser necesario, como la contradicción al desarrollo, porque a partir de ellos Ubieta analiza los códigos pulsados para construir una nostalgia de tiempos anteriores a la Revolución. Y esa nostalgia —fabricada expresamente para los que no la conocieron— es la que adorna de falsos destellos entrañables a la mafia en Cuba antes del 59, al juego ilícito y hasta a las más profundas desigualdades sociales. Con un análisis sociológico y cultural, Ubieta desnuda esas intenciones que subyacen en esa aparentemente inofensiva nostalgia.

—Otros temas abordados en Cuba: revolución o reforma

—En un segundo capítulo el libro se detiene en la guerra cultural, pero en el ámbito de las emociones, que es uno de los más difíciles. El socialismo, o es una alternativa al capitalismo, al consumismo, o es nada. Si algo trabaja el capitalismo es el sistema de imágenes, no trabaja con ideas. Por eso el capitalismo no necesita tener una sociedad altamente educada desde el punto de vista humanístico, necesita profesionales calificados pero en ramas técnicas. El capitalismo necesita una sociedad que ceda su pensamiento a los actores políticos, a los periodistas. Personas que se levanten por las mañanas y se enteren por el periódico de quiénes son los buenos y los malos de ese día, y que salgan entonces dispuestos a apoyar a unos y a estar en contra de los otros. El capitalismo necesita analfabetos virtuales, aunque sepan leer y escribir.

—¿Cómo maneja la relación economía y cultura en el libro?

Yo creo que, en última instancia, lo que decide una guerra es la cultura. Es imposible construir el socialismo desde la pobreza, tenemos que ser eficientes económicamente. Es difícil construir una sociedad alternativa si no tenemos una economía eficiente, pero también, sin una cultura socialista no existe sociedad socialista.

Opiniones de jóvenes cubanos, rockeros, frikis o trabajadores sociales, ilustran aleatoriamente varios de los ejemplos de esa guerra de imaginarios, cuya incidencia difumina los límites aparentes entre economía y cultura, y es a través de esas entrevistas que el autor articula sus análisis. Es de destacar entonces el énfasis que hace en la juventud y en la defensa de sus rebeldías naturales, como paso indispensable —aunque no privativo ni único— de su conversión en verdaderos revolucionarios.

—En el libro hace énfasis en los jóvenes y en el proceso cultural según el cual forman su personalidad y sus opiniones. ¿Por qué?

—¿Qué fuentes de información tienen las generaciones de hoy para conocer esa sociedad? El saber consagrado, es decir, los libros, etc., y lo que nos cuentan padres, abuelos… Es decir, todo aquello contra lo que se rebelan siempre los jóvenes. Y es justo y necesario que pase así, yo creo en la rebeldía de los jóvenes. No creo en un revolucionario que nunca haya sido rebelde. A veces tenemos la idea equivocada de que el mejor dirigente, el mejor cuadro que vamos a formar para el futuro es ese niño que siempre se portó bien, que siempre cumplió con todo, que jamás faltó a clases. Y no, ese será de un partido conservador. Claro, ser rebelde no es ser revolucionario, y no todos los rebeldes llegan a ser revolucionarios. El socialismo trata de que la inmensa mayoría de esos jóvenes lleguen a ser revolucionarios, mientras que el capitalismo trata de hacer sostenible esa rebeldía y enlazarla al mercado.

Enrique Ubieta Gómez prometió el último número de La Calle del Medio gratis a quien comprara su libro, Cuba: revolución o reforma, y hay que reconocer que quienes efectuaron finalmente la compra no lo hicieron seducidos por el añadido, la ñapa, o cualquier otra plusvalía. Motivados, eso sí, salieron los compradores de la presentación que hizo el autor del libro durante el evento Memoria Nuestra de las recién finalizadas Romerías de Mayo. Enrique Ubieta es ensayista, periodista e investigador, y presumiblemente esa conjugación le facilitó hacer, de la presentación de su libro, un acto interesante más allá de los necesarios protocolos.

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