Actualizado el 1 de noviembre de 2012

Zoom in & zoom back…do

Por: . 30|10|2012

Un zoom a ZumbadoLa lógica indica que cuando en un libro coinciden dos escritores con nombres tan complicados como Héctor Zumbado Argueta y Antonio José Berazaín Iturralde, el presentador debe ser por lo menos Arnold Schwarzenegger.

Sin embargo, no hay nada más alejado del musculoso Terminator que quien les habla. Y a pesar de eso, creo válida la posibilidad de saldar unas cuantas deudas que tengo con ambos humoristas. Al Bera le debo innumerables consejos en varios proyectos televisivos, escénicos y/o literarios en que hemos coincidido; le debo también el prólogo de un libro en el que laboró de forma intensa y que me obsequió minutos antes de que el material entrara en el proceso de impresión. Es posible que también le deba unos cuantos pesos. Y aunque yo no lo recuerde bien, el Bera sí, porque según sus propias palabras: “La magua es la magua”.

En el caso de Zumbado le debo algo que ha sido vital para mí: la primera publicación de un texto, en 1987, en la sección “La Bobería” de la revista Bohemia. Aunque es evidente que mis deudas con él son anteriores: tuve que deleitarme con refrescantes limonadas, saborear muchas prosas en ajiaco y aprender a “riflexionar” con él, para luego escribir esa historia que publiqué.

Gracias al ingenio de H. Zumbado muchos de los que intentábamos hacer reír a los demás en los años 80, fuimos aprendiendo cómo ello podía lograrse. Nos percatamos de que era posible hacer el humor como mismo se hace el amor: conjugando lo culto con lo popular, e incluso mezclando lo oculto con lo popular…

Resulta curioso cómo jóvenes de latitudes tan distantes como Santiago de Chile, alejados por completo de nuestro contexto, y a inicios del nuevo siglo, después de haberles obsequiado uno de los títulos de Zumbado —en eso que eufemísticamente se llama intercambio artístico y literario, y que ha pasado al argot popular como jineteo cultural—, me hayan enviado un correo con una frase muy elogiosa: “¡Oye, mi socio, ese Zumbado es un…!”. Y a continuación, una palabrota.

Y es que estamos ante un creador que, sin proponérselo, logra rebasar situaciones e historias que pudieran parecer intrascendentes y coyunturales; un formidable humorista con sello, con un modo de hacer propio, desenfadado y, sobre todo, con un gran dominio del idioma, que ha conseguido enriquecer considerablemente la modalidad del español hablado en Cuba. Sus formidables contribuciones: términos, neologismos y frases, han logrado maravillas en este sentido. En uno de sus trabajos analiza la labor creativa de los jóvenes con respecto al lenguaje y señala: “Lo recrean, lo refrescan (….) y aportan vocablos que estremecen porque en su aparente sencillez dicen mucho, compendian, abarcan, reflejan un todo, una actitud, un concepto, una filosofía”. Y toda esa valoración, al propio escritor le viene como anillo al dedo.

Esto, sin lugar a dudas, es el resultado de mucho talento, de años de estudio, de observación del entorno social, de diálogos y ¿por qué no? de incontables con-bar-saciones. Gracias a esas cosas ha logrado, para disfrute de todos, lo que se ha denominado como estilo zumbadesco o zumbadiano.

El Bera, por su parte, ha realizado una labor impecable, e incluso implacable; un análisis minucioso y detallado de la obra de este autor, como solo lo puede hacer un investigador serio, hasta llegar a clasificaciones, buscar las causas, los porqués de cada historia escrita por Zumbado, al punto de que, cómo ocurre con todo buen crítico y estudioso, el creador no es capaz de reconocer en lo valorado a su propia obra.

Según destaca Bera en el prílogo de este libro, Zumbado tiene publicadas a lo largo de su vida, 1498 páginas. Si tenemos en cuenta esa amplia cantidad de trabajos escritos, podemos decir que Berazaín en esta ocasión tuvo la osadía de armar una suerte de Obras encogidas, como pudiera catalogarse a este Zoom a Zumbado. No contento con eso, como hombre de ciencias que es —y en un alarde de dominio de la teoría de los números—, decidió ubicar en el libro una cantidad de textos que respondiera a una cifra con determinada significación: 69. Tanto en lo culto como en lo popular, todos sabemos que ese número tiene su génesis en el latín vulgar, y responde a lo que científicamente conocemos como el ñaca-ñaca, el cuchi-cuchi, entre otras acepciones que no nos parece adecuado mencionar.

De todas formas, hay que agradecerles mucho a los dos creadores. Para nosotros será un verdadero disfrute releer estas propuestas (que la Editorial José Martí acaba de poner a nuestro alcance). Los más jóvenes van a descubrir que tenemos junto a nosotros a uno de los grandes del humor cubano y latinoamericano. Vamos a divertirnos y a reír, a reír con ganas, y a seguir leyendo… para al final, gracias al maestro, sacar todos nuestras propias Riflexiones.

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