Actualizado el 24 de enero de 2014

Los gritos susurrados de Sinecio Verdecia

Por: . 22|1|2014

Los bLa disyuntivareves, intensos, y a la vez serenos, poemas que como suspiro inmemorial, colectivo, de una comunidad (que no raza, para evitar falacias caducas) en resistencia y sobre todo resistente, Sinecio Verdecia casi ocultó en el marfil de las páginas de su ópera prima La Disyuntiva (Reina del Mar Editores, 2012), llegan a nuestras preceptivas desde una intimidad casi confesional, lúdica a veces, nostálgica por momentos. Reivindicativa también de pasajes oscuros u oscurecidos de la microhistoria nacional, mas nunca recriminatoria o rencorosa.

Nunca catalizador de odios raciales o de virulencias vengativas, el poeta rasga sus venas para interrogar su sangre milenaria. Cava en las raíces más profundas del árbol genealógico de todos los descendientes de esclavos africanos forzados a morder el polvo caribeño centurias atrás; y dialoga con la historia cubana sobre esos callejones olvidados, en los cuales se hacinan abakuas heroicos, veteranos frustrados de las guerras independentistas, patriotas asesinados… Todos de pieles oscurecidas bajo las lenguas de la punitiva espada flamígera, que no deja de bañarlos con su ardor, de bautizarlos con ácido por una culpa originaria que no fue de ellos.

Para los marginados

folclor significa resistencia.

(Poema “Al margen”, p. 15)

Sinecio, como suerte de griot misantrópico, devenido su único público, ante el cual exorcisa sus diablillos internos desde la palabra breve, reaviva finalmente otro fuego más ardoroso por lo calmo: el de la memoria. Urde así un dulce canto a los antepasados, a través de cuyas generaciones se reitera el sino trágico del héroe sacrificado a los pies de la bonanza inalcanzable.

Frustrado el ideal

subyace un grito

(“Partido”, p. 65)

Fiel al espíritu sintético y agudo del tanka y el haiku japoneses, capaces de reducir toda la belleza y la complejidad del universo a un microsegundo del existir, el autor de marras condensa sus ideas en imágenes perturbadoras como agujeros negros. De tan sencillas, tan habituales y tan prosaicas que hasta avergüenzan un poco al lector, por haberlas mirado muchas veces sin verlas nunca, sin descubrir en ellas poesía.

Ropas raídas de negro

viste un veterano

Su historia,

una espoleta.

(“Relaciones=asociación”, p. 22)

Ciertos parques

perpetúan el verdor

de gestas libertarias.

De espaldas al mar,

sus figuras indican

el lugar de la lucha.

(“Esculturas”, p.36)

Subiendo la escalinata

de la catedral santiaguera

sobreviven escudillas sin fe.

(“Caritas”, p. 38)

La tela del siglo XIX

colgada del techo,

espíritu guerrero,

ondea si el recinto

es hurgado por la brisa.

Hermético es el salón de estandartes.

(“Salón de Banderas”, p. 46)

La forma casi cristalina de tan diáfana, la precisión casi quirúrgica en la construcción de imágenes, la sobriedad ascética en el empleo de las palabras y la delicada alegoría al dolor atávico que es el volumen todo, resultan algunas de las características y virtudes más evidentes de La disyuntiva, resquicio lírico por el cual Sinecio permite avisorar un complejo entramado de sufrimientos, dramas, odiseas y tragedias verdaderamente épicas, destiladas hasta obtener breves gotas de su esencia más pura. Tal es la tinta con que se escribió este cuaderno… Boyuri enu sodiake, reza el proverbio yoruba.

Categoría: Reseña de libros | Tags: | |

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