Actualizado el 12 de junio de 2014

tratado del no versus tratado del sí

Por: . 12|6|2014

Ernesto García Alfonso, en su poemario ganador del Pinos Nuevos 2013, define a manera de umbral: “poesía es lo inalcanzable”

Portada del poemario tratado del no, con ilustración  de Pedro de OraáLa realidad es un fenómeno inaplazable, inconmensurable. La poesía, sin embargo, se le desgaja en un sprint, uniendo abstracción y objetividad para llegar todavía quién sabe a dónde, a quién, a qué, por qué, o cuándo. Entonces, consecuencia de este binomio, realidad-poesía, el Ser pierde el equilibrio y se lanza al abismo de conquistar el silencio, su voz interior, el poema que habita en los meandros de sus insatisfacciones. Es una verdad arcana, el poeta es un ser anhelante a perpetuidad.

Pero no nos acostumbremos, no. No esperemos siempre una ficha letrada como alfa y omega para un poeta. Baste recordar que hubo un profesor de Matemáticas y Mecánica racional, quien para más señas fue de becario a Oxford, Inglaterra, en el año de 1949, para estudiar cosmología, alguien que un lustro más tarde estremeció la poesía latinoamericana toda y una zona nada desdeñable de la estadounidense, específicamente en los poetas que defendieron la estética Beat —no en balde Ferlinghetti y Ginsberg lo tradujeron y lo editaron para los lectores de Estados Unidos—, todo con un libro nombrado Poemas y antipoemas (1954). Fenómeno que entre los mortales sería conocido como la antipoesía y él, Nicanor Parra, el antipoeta.

A veces ser “Juan Nadie” —tal fue su pseudónimo— es el Km 0 de un poemario, de un poeta, de una poética.

Si bien al leerlos todavía los antipoemas de Parra reverberan en los ligamentos de la poesía actual, y sentimos así la mirada escrutadora que nos lanzan aquellos numerosos sujetos, delirantes poéticos; aquí, en tratado del no (Premio Pinos Nuevos de Poesía 2013) aparecen también múltiples inquilinos líricos, diversos cada vez, atajando nuestro estado de inconsciencia sobre otras experiencias contradictorias, esa materia prima con la que construye sus realidades el poeta.

Cada poema ha supuesto un cambio constante, accesos para el hallazgo y límites para abarcar lo efímero del suceso, ese átomo sin enlace que, desde la primera línea en verso, Ernesto García Alfonso (La Habana, 1974) define a manera de umbral: “poesía es lo inalcanzable”. ¿A qué más?

¿Qué podremos encontrar a partir de este friso en que nos (a)sume el poeta? Esta no es una poesía hecha de aburrimientos ni vacíos, sino de sensaciones instaladas tanto en el éxito como en el desencanto: “Podría darme cuenta de mis errores/ de la importancia de la relatividad/ solo entonces el cerebro hace sufrir/ por eso hay que mantener el riesgo/ en el imprevisto está la salvación”.

Junto estos reacomodos reflexivos en estas páginas porque leyendo el prólogo que Antonio Almenteros escribiera para tratado del no, fui prefigurando algunas ideas, notas y más.

Armenteros pautó algunas cotas que me gustaría alumbrar con otros candiles, a partir de los cuales interesarlos en la lectura de tratado del no. Pero a la inversa de cómo él ve el trance que implica la lectura de un poemario; esto es, no en el sentido de diseccionar “nuestros estados anímicos”, sino en el de atemperarlos, dejarnos impregnar de ese ángelus de claridad sempiterna que cohabita entre el poemario y el Hombre. Al final “el hombre parece venir de lo más oscuro/ de la salida de sí”: ha dicho Ernesto García hacia la página 28.

Por otro lado, me gustaría que el lector se dispusiera a “ver”, más que a “leer” esta poesía. No como dice Armenteros la de un “lobo estepario”, sino como la voz del poeta que sabe que “el hito se rompió en un momento determinado”, cuando lo circunstancial y la luz hicieron congruencia en la tradición lírica nacional. En mi modo de ver/leer la poesía de Ernesto García, sospecho que sus pálpitos van “en busca de lo negro de la sustancia misma”; o como prefería Césare Pavese: “Sabemos ahora en qué sentido nos toca trabajar. Las señales dispersas que en los años oscuros recogíamos de la voz de un amigo, de una lectura, de alguna alegría o de mucho dolor. Ahora componen un razonamiento claro y una cierta promesa. Y el razonamiento es éste: nosotros no iremos hacia el lector (el pueblo escribiría Pavese) Porque ya somos lector (pueblo, insistió Pavese) y todo el resto es inexistente. Iremos, cuando mucho, hacia el hombre. Porque el obstáculo, la corteza que hay que romper, es esta: la soledad del hombre, la nuestra y la de los otros”.

Sin embargo, esta misma idea nos la comparte Ernesto García en este fragmento, casi como una introspección, escuchémosle:

la literatura es perpendicular

una primera versión en cuarentena

en su proceso de pudrición

la segunda como lector       leída para lograr otro nivel

él decía comprender y eludía la sustitución

acaso no he intentado deshacerme del yo

pasar por otro

Otro nivel implica hacernos, lectores míos, ese manojo de preguntas que se suele hacer un poeta y que en esta poesía se explaya como complemento del tic, y del suceso donde acontece la revelación de esa cosa obvia que queda fuera del tiempo y de estas clasificaciones a veces pavorosas.

Es esta una poesía que toma distancia de la realidad, pero entre las alturas del ánimo literario y el ánimo estético. Pudiera parecerle demasiado conspicuo a algunos, pero lo cierto es que la poesía que he leído en este poemario le habla a un alguien que tal vez no hemos visualizado del todo porque, o bien está muy cerca nuestro, o bien está muy lejos de él.

Por otra página nos dice el poeta:

superior es el subconsciente       se aleja de sí mismo

de los ojos en función de la diversidad

se puede perdonar a quien ha olvidado

hasta su procedencia?

Instantes sacudidos por la mirada atenta, detenida en el espacio, espacio entendido también como esa dimensión interior del ser atravesando lo inconmensurable de la vivencia, de la maduración de su hecho estético como proceso inestable, de transmutación simbiótica con su entorno.

contigo no he terminado

vulgar persona

la idea era solo hacer una disección

encontrar la salida

pero si desde adentro se pudiera construir

si existiera

una presión adicional.

Es este el último poema de un índice de 58 textos cortos, intensos, acaso una clara advertencia que regresa sobre el impulso del sujeto lírico por alojarse en nosotros, “con una presión adicional”, y fecundar esa “vulgar persona” que somos. García Alfonso nos prepara para su próxima incisión, su próximo tajo, el inefable Ser del estar o más bien el tangible ser que está allí donde el hacedor construye su próximo índice.

Con tratado del no Ernesto García Alfonso ha llegado a las costas de la poesía con la gracia de un premio que, en su momento, fue considerado como esa “tabla de salvación editorial” —al decir del escritor Yoss— para los autores cubanos en pleno periodo especial. Hoy continúa siendo un certamen que reconoce el estadio de crecimiento de una franja significativa de la literatura producida en Cuba por autores jóvenes.

Por eso no me extrañó no identificar a Ernesto García Alfonso, por eso no sentí vergüenza al desconocer el poemario que le mereciera un premio como el Pinos Nuevos en su edición del 2013; y por eso es que hoy descubro con satisfacción que se trata de un poeta que ha preferido “estar oculto en lo sucesivo”.

Sobre aquella realidad de la que les comentábamos en las primeras líneas discurren los versos de Ernesto García Alfonso, un poeta que abre para nuestra tradición lírica un tratado del sí.

Categoría: Reseña de libros | Tags: | |

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