Actualizado el 6 de febrero de 2015

El nieto del General y las nuevas formas (teatrales, políticas, afectivas) en Grupo Empresarial Gaviota

Por: . 1|2|2015

“Viejos amigos, cómo lamento esta falta de todo que ofrecerles

mi ignorancia y un poco de impotencia

por las cosas que ocurren por ahí.”

Delfín Prats, Saldo

 

“El guardián ha demorado el grito.

En el aire está el pájaro cantando.

Aquí todo es cacería.”

Fabián Suárez Ávila, Relación de caza

 Grupo Empresarial Gaviota es la “maniobra teatral”, para utilizar las sabias definiciones de la familia Bolo, de Fabián Suárez Ávila, en la que se destaca una mirada paródica al referente chejoviano (La gaviota, 1896), a nuestra tradición escénica y al teatro contemporáneo. Ese ángulo deformado, esa realidad desenfocada que resulta de la mirada del autor, quien muestra una gracia indiscutible en el manejo de la palabra, coloca en un primer plano la decadencia de una élite (dramática y política). Situado en este terreno, el Constante Bolo de Fabián, como el Treplev chejoviano, tendrá que izar la bandera de “las nuevas formas” y lidiar con el fracaso (familiar, generacional, social y artístico) de su obra posdramática, ante el melodrama exitoso de TV Globo, con la transformación de su actriz fetiche Nina Hortera, su “gaviota bolchevique”, su Nina-Machine, en una “gaviota de Copacabana”:

“Nuevas formas: ¡Nuevas formas! Es lo que necesita el Teatro Nacional y teatrines colindantes. Si no más vale que lo aniquilen, que le prendan candela y hagan con él una caldosa de pueblo. […] ¡Nuevas formas! En la política, en la economía, en la salud, en los sindicatos, en el transporte, en los merenderos, en el barrio, en la Ciénaga, en los círculos infantiles, en los juegos de computadoras, en la radio, en los partidos de Industriales, en el Parlamento, en los hoteles, en las estaciones de policías, en los museos, en la seguridad del Estado, en los blogs, en los monumentos, en los desfiles, en el Patria o Muerte, […]― ¡Nuevas formas! ¡PARA ESTA PUESTA EN ESCENA!”

La puesta en escena de la familia Bolo en su finca de descanso en la Ciénaga de Zapata —el General retirado, con el pecho cubierto de medallas que construye una tribuna de “maderas preciosas” para los delirios teatrales de su nieto; la hija famosa, diva de la actuación teatral y de las emociones, que quiere convertir la finca en el Zapata Trade Center; su esposo extranjero con inmunidad diplomática y capital para inversiones, escritor exitoso de telenovelas; el nieto, joven de inquietudes artísticas, instructor de arte, esnobista y novísimo, y su actriz fetiche, una guajirita de la zona, con olor a cebollas, apasionada de las metáforas del folletín y formada en el método de “las lágrimas, las caritas y los mocos”— se cruza con la obra del nieto del General, su pieza ecologista y experimental La gaviota, “la traición a Chejov”, como el propio joven la declara, y con la puesta en escena de la mirada del autor, quien hace del uso del intertexto, la repetición, la lúdica de las notas al pie de página con la mezcla de realidad y ficción, el reciclaje de los códigos y los clichés del melodrama televisivo. Parte de los recursos expresivos de una escritura profundamente desacralizadora, desenfadada y provocativa en las maneras de combinar los procedimientos anteriores.

En la metáfora de un país como el lago/ la finca/ la ciénaga/ la charca de la familia Bolo  (“¡siempre presentes en todas las facetas del país!”) y su teatro, el autor se desplaza, desde el referente chejoviano —la hacienda, la atmósfera provinciana y mediocre que encierra la vida de sus personajes— hasta el melodrama agrario y la idealización de la vida rural presente en la telenovela latinoamericana, con sus perversas manipulaciones del imaginario popular y su complicidad con el poder político y el capital privado. Entre estos movimientos extremos, de la carga simbólica de la Gaviota del Teatro de Arte de Moscú al realismo de la Gaviota de Café con aroma de mujer, Fabián Suárez se introduce en una irónica reflexión en torno a nuestras historias dramáticas, políticas y afectivas, como si la historia de una familia (pensemos en la Bolo), que es la historia de un teatro (“Peor llamarse José Antonio Ramos”), que es la historia de un país (“¡Cómo me cuesta aceptar este destino de Nemesia-carbonera”), estuviera encasillada en una vieja estructura folletinesca, la cual es imposible romper. Así, entre la soga y el vodevil, como quien dijera Patria o Muerte o Drama o Muerte, al Kostia del Grupo Empresarial Gaviota (“Abuelo, ¿de qué me sirven tantas genialidades si el fracaso me ronda como una tiñosa?”), no le quedará otra opción que colgar en su blog “el palacio de azúcar”, el espectáculo de su propia muerte, a manera de testamento audiovisual, en el que da lectura a su último manifiesto (dramático y político), a su nota suicida:

“Nuestra caída ha sido tan rápida y nuestro fracaso político tan espantoso, que el pueblo cubano está a punto de perder, si no ha perdido ya, lo que fue su conquista más preciosa, lo único que alentaba su personalidad y le daba fuerzas y vida: la fe […] La tradición significa disciplina mental, la rutina es prueba de miseria psíquica y, sin embargo, somos neófitos, amamos lo nuevo, somos noveleros. […] Si el cubano se lanza tras lo nuevo, no es capaz de crearlo. Lo nuevo nos atrae. Pero no buscamos, no trabajamos la creación de lo nuevo. Imitamos. […] La verdad es que el cubano quiere a su familia con dañina hipertrofia del cariño.”  

Y justo en este momento, luego de ensayar las nuevas formas, también irónicas, de la muerte escénica y física del nieto del General, aparece Nicolau Bolo con una gran noticia: “Kostia… ¡La Gaceta de Cuba publicó tus poemas!” Pero a estas alturas ya la cámara se apagó y la última imagen de Grupo Empresarial Gaviota, el cadáver del joven suicida en el teatrico de maderas preciosas, quedará registrada en la mirada del abuelo.

Categoría: Reseña de libros | Tags: | | |

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