Actualizado el 4 de marzo de 2015

Será siempre Laidi

Por: . 4|3|2015

Es un libro breve y aparentemente sencillo, que sedimenta y pone de manifiesto la madurez creativa de su autora en unos géneros bastante exigentes: el cuento breve y el minicuento.La permanencia de los recuerdos, la melancolía, el ayer de la existencia en las personas que amamos y hoy no están; y con ellos “los dolores de ausencias que a nadie más contamos, y esos sueños recurrentes que no nos permiten  tolerar la mañana…” eso parece decirnos, o sutilmente sugerirnos en cada historia, Adelaida (Laidi) Fernández de Juan (La Habana, 1961) en su último libro de cuentos, recién salido de la imprenta de Ediciones Holguín: Será siempre, (Colección Ítaca, 2014).

Es un libro breve y aparentemente sencillo, que sedimenta y pone de manifiesto la madurez creativa de su autora en unos géneros bastante exigentes: el cuento breve y el minicuento. En las veinticinco narraciones que conforman Será siempre, hay un amplio mundo de intimidades, añoranzas y cierto aire a nostalgia volcado a letra de imprenta, a manera de desenvuelto leiv motiv narrativo/personal. Un mundo donde la familia, presente o ausente, los amigos, la propia isla con sus circunstancias, miedos y melancolías, sostienen esa forma de vivir que es ir perdiendo cosas —como escribiera en una de sus obras Abilio Estévez—, aunque uno se niegue a eso y se aferre al recuerdo a modo de vital supervivencia.

Escribe Eduardo Heras León en A propósito de Será siempre —prólogo, o más bien una especie de carta a Laidi con comentarios sobre el libro— que “este nuevo libro me ha deparado a la vez una sorpresa y profunda satisfacción. A través de toda tu obra, siempre te he considerado una notable cuentista de la cotidianidad: los conflictos de los personajes de tus cuentos se desarrollan casi siempre dentro de ese ámbito, narrados con una perspicacia crítica, desde el entorno social en el cual padecen, luchan, sufren, sencillamente viven”.

Laidi muestra en sus diferentes cuentos o narraciones breves, los dotes de escritora crítica con el contexto social que en diferentes momentos le ha tocado vivir, sutilezas e ironías literarias mediante. Como en El cómico, cuento dedicado a Osvaldo Doimeadiós, o Habanidad frente al mar; donde muestra sutiles partes del todo que la conforman, como en la fotografía de Rubén Curbelo Fernández que conforma la portada del libro: una muchacha que, sentada en el muro que antecede las rejas de una elegante cerca, y tapada en parte por una columna de la misma valla. No muestra el cuerpo entero, sino solo las piernas, parte de los muslos, el provocador tatuaje cerca del tobillo, los pies…

En Tus 52 años escribe, por ejemplo: “es el año setenta y nueve otra vez y no hay ni agua en la escuela, y a la maestra de segundo año la expulsaron por llevar una crucecita en el cuello y luego la vimos limpiando pisos ajenos y ella nos saludó a ti y a mí con la misma mano con que nos recibía cada mañana antes de que pasáramos de grado…

En Aunque tú: “…diciéndole adiós al calor de esta ciudad porque te sacaban de quicio (una sacudida) la falta de jabón, las colas del pan (otra sacudida), las guaguas que no pasan (nueva sacudida), los apagones y la preguntadera de quién eres (sacudida), adónde vas (más sacudidas), porqué y hasta cuándo (fin de las sacudidas).”

Dice Heras León en las palabras introductorias: “…tengo la sensación de que transitas por la cuerda floja, que te asechan los peligros de la denuncia social explícita, pero sales ilesa por la estrategia narrativa que empleas, los recursos técnicos (más el humor y otros demonios), y sobre todo, por una sensibilidad artística a toda prueba, que traslada al sustrato de la historia, cualquier matiz didáctica, que se transforma por estas vías en un verdadero producto artístico.”

Este es un libro de líricas evocaciones a la memoria, esencias también de toda historia bien contada. Laidi homenajea a sus padres (Adelaida de Juan y Roberto Fernández Retamar), tanto en la virtud de la actual vejez como en la remembranza de otros tiempos, en Tú en la sombra y Platero y tú, respectivamente. Y son varios los nombres que, para el lector aguzado, van tornándose cuerpos y memoria en estos cuentos breves, nombres muchas veces imprescindibles en nuestra cultura, pero cercanos al ámbito familiar/personal de Laidi, como Eliseo Diego o Cintio Vitier…  

Los cuentos donde lo infantil —ya sea mirado desde la perspectiva del niño o desde el adulto— se torna eje central de la narrativa, bien valen “por un tratado de psicología infantil”, advierte Heras León; como el propio Tus 52 años, Más sabe el diablo, Tao tao bla bla bla 

El amor/desamor y los textos de viaje —Anchorena 388, Visto el Monte y Santiago del 2011—, también conforman sus narraciones, con un alto grado de lirismo.

Este es un libro que no pretende contar grandes historias, sino ser reflejo de la grandeza diaria, a veces imperceptible, de las pequeñas cosas; de los hechos en ocasiones cotidianos y sencillos, que conforman la vida, y más cuando se ha vivido intensamente, o se intenta vivir así. De la remembranza constante, mirada desde el presente, con los pies en el presente y sabiendo que escribir  es un acto de fe y supervivencia, de lucha constante contra las voces que vienen de todas partes, y asechan o consuelan; pero con una tierna mirada al pasado, que Laidi también acompaña de humor. Porque sabe que los textos escritos de esa manera sobrevivirán, y a la vez un libro así, sencillo y profundo, será siempre bien recibido por los lectores.

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