Actualizado el 9 de junio de 2015

El regreso múltiple de una prosa apasionante

Por: . 31|5|2015

En cuanto a Una señal menuda sobre el pecho del astro, con edición de Luis Yuseff y el diseño de cubierta e interiores de Frank Alejandro, hay que reconocerlo, resulta una indiscutible obra de arte con muchos de los textos ensayísticos más geniales del intelectual cubano.

Más de un libro de Gastón Baquero(1) (1914-1997) se ha publicado en Cuba, a propósito de que conmemoramos en el año ya ido el nacimiento de esta figura intelectual de las letras hispanoamericanas. Todos han tenido acogida en la 24ta. Feria Internacional del Libro y la Literatura deLa Habanay en las sedes provinciales. No son libros de poemas, sino de crónicas, comentarios, artículos y ensayos. Habituados ya a relacionar el apellido Baquero con la poesía, por cuanto todavía ascienden los estudios sobre el bardo, resulta entonces una indiscutible sorpresa conocer otra faceta en la que este escritor encontró una manera racional y bella de expresarse, siempre apasionada.

Con frecuencia se dice (y es un hecho) que casi todos los poetas son excelentes ensayistas. Ahora, los grandes escritores de ensayos no siempre tienen que ser ni siquiera regulares poetas. ¿Qué decir de los periodistas culturales? Nunca han necesitado estar en los Campos Elíseos en compañía de la poesía y menos del ensayo. Aunque un periodismo con algunas dosis de lírica y más pretensión ensayística se agradecería una y otra vez. ¿Ejemplos de tal posibilidad? Tuvimos en Cuba el caso de Jorge Mañach y en España el de José Ortega y Gasset. Tenemos hoy el ejemplo de otros, aunque no tantos. Y para aterrizar de nuevo sobre suelo cubano, pensemos en Gastón Baquero, a quien se le dio con talento y maestría la lírica y la prosa de muy alto vuelo, como a todos los integrantes del Grupo Orígenes, del que Baquero formó parte alguna vez.

Aunque sus principales ensayos aparecieron en forma de libros —Escritores hispanoamericanos de hoy; Darío, Cernuda y otros temas poéticos; La fuente inagotable, por solo citar algunos de los más representativos—, Baquero publicó en varias revistas culturales de importancia y rotativos muy leídos como Información y El Mundo. Ahora, fue en el Diario de la Marina (1832-1960) —célebre no solo por su tendencia conservadora y reaccionaria, sino por las grandes plumas que acogió en sus páginas, tanto cubanas como extranjeras—, donde se entregaría al periodismo de forma concienzuda y cuantitativa, ya que publicó más de mil artículos.

A consecuencia de la criticada preferencia e ideología política del autodenominado “decano de la prensa cubana”, se ha tendido a desestimar sus grandes contenidos culturales, de los que Baquero fue un contribuidor indiscutible, amén de haber sido uno de sus encumbrados jefes de redacción. Cualquier tesoro, esté donde esté, merece buscarse y más. Pues no es el afán de búsqueda —la supuesta condición más primordial y vital si se quiere—, lo que procura que el tesoro importe. Este vale y valdrá, una vez que a su encuentro sentimos la necesidad de hacerlo nuestro aprovechándolo. Así, no incumbe tanto el lugar o el contexto, sino lo hallado: la persona en este caso y, sobre todo, su obra valedera. Así, Gastón Baquero en el Diario de la Marina.

Uno de los rasgos más interesantes de estos escritos que ahora se agrupan en los volúmenes Paginario disperso (Ediciones Unión, 2014) y Una señal menuda sobre el pecho del astro (Ediciones La Luz, 2014) es el atrevimiento y la limpieza de una prosa además, atractiva y profunda, sabiendo Baquero que escribía para los diarios, cuyos escritos tienen a durar lo que dura el momento de lectura. Menos mal que los archivos y las bibliotecas tienden a conservar los periódicos, “esos retazos de la historia”, como los llamó una vez Francisco de Miranda en una visita a Cuba.

Carlos Espinosa Domínguez, el autor de la introducción de Paginario disperso, tiene a bien señalar: “Al igual que existe buena y mala literatura, existe buen y mal periodismo. Y míresele por donde se le quiere mirar, el que Baquero es un estupendo ejemplo de esto último”.(2)

Tengo que reconocer que de estos trabajos periodísticos, sostenidos por el ensayo en forma y contenido, ese género mayor, yo solo conocía “Emily Dickinson o de las maravillas pequeñas”, un fabuloso texto que la revista Cauce puso a la consideración del lector ajeno a esa suerte de prosa casi olvidada del gran poeta cubano. El texto de marras asombra por abreviar una trayectoria existencial ilusoriamente fácil como la de aquella mujer sola y ermitaña, nacida en un rincón norteamericano de Massachusetts, quien se aferró a la poesía, cual sublime modo de expresión trascendental. ¿Fe de vida y/o crítica literaria lo que Baquero se impuso con un escrito así? Adviértase el in crescendo de fondo de este artículo, que es como decir también su curva de interés, para luego quedarnos seducidos por su cierre poético. Porque la biografía del poeta no es sino su propia obra: “nadie pensó en ella (Emily Dickinson), nadie se dirigió nunca a ella. Y fue generosa, paciente, fiel, hilando en lo callado y en lo recóndito su clarísimo mensaje para el mundo:

Esta es mi carta al mundo

—que nunca me escribió.

Las escuetas noticias

que la naturaleza,

majestuosamente tierna,

me dio.

En manos que no veo

su mensaje dejó.

Por amor de ella, dulces compatriotas,

juzgadme con amor”.

“Emily Dickinson o de las maravillas pequeñas” puede leerse en ambos libros que hoy comento porque figura sin discusión como artículo de homenaje, como paginario disperso, como ensayo.

Para caer en los de asuntos patrios, no deje de leerse en Paginario… “Martí y lo cubano”, escrito a los 38 años, y en Una señal menuda sobre el pecho del astro, releer todo el apartado “El misterio mayor”; por ejemplo, “En el umbral de la Edad de Oro” constituye un hermoso recorrido por la revista y por el estilo plural y generoso del Maestro para con los niños y el leedor de años, publicado en 1990. En los de Lydia Cabrera sorprende el breve aunque no seco texto a propósito de la muerte de la intelectual cubana, mientras que en “Conocimiento del monte cubano: La raíz y cumbre de la isla (al margen del libro El monte de Lydia Cabrera.)”, escrito para el Diario de la Marina en 1955, no nos cansamos, primero, de observar cómo un comentario de un libro puede convocar a tantos y tantos referentes culturales y luego llega uno hasta preguntarse qué clase de lectores leían el Diario... Mucha atención al respecto con el siguiente fragmento:

Nuestros artistas, nuestros hombres cultos, olvidan a veces que una cultura comienza siempre por no poseer puntos oscuros en derredor. Las inmediaciones tienen que ser conocidas a fondo, para lanzarse entonces hacia otras lejanías. Quien deje detrás zonas inexploradas, las tendrá siempre delante. A veces sabemos mucho de lo que se sabe en otros sitios, de los que otros saben, pero muy poco de lo está ocurriendo en el alma de las gentes, en las costumbres del pueblo, en la concepción que de la naturaleza tienen los nuestros más apegados a la tierra y al monte. Y este desconocimiento de lo inmediato ciega para el verdadero conocimiento de lo lejano. Porque en tanto no haya asimilado un hombre su contorno, su raíz, no está en condiciones de intentar la dificilísima comprensión de otras raíces y otros contornos.(3)

Retomando algunos de los contenidos de asuntos foráneos, en especial sobre los escritores del 98 y del 27, es preciso acercarse en Paginario… a  “Para una imagen de José Ortega y Gasset” y a “Eugenio d´Ors o la universalidad de la cultura”. En el primero de estos textos escribe Baquero: “Ortega pide cuentas en forma precisa, sin escapatoria ni rejuego. Los que no saben, y dicen que saben, intentan confundir más a los confundidos y enmarañan más los caminos de la verdad, tienen en Ortega un flagelo. No injuria, pero enseña”.(4) Y en este mismo texto su labor de decodificación (la de Baquero) ante el escribir de Ortega muestra no solo a un conocedor, sino también a un admirador crítico de la obra del genial intelectual español. No en balde lo cataloga:

 Apasionante y atractivo como un buen hechicero, escribe las cosas más profundas con aire y perfume de leyenda, de fábula. El prodigio de su instrumento literario fue afinándose con los tiempos, y a la hora en que se sentara a escribir páginas como las que forman el prólogo a Veinte años de caza mayor (1942) la lengua que estampa está hecha de diamante y de pura vida.(5)

 Sobre D´Ors asegura: “Tomar un hecho o una figura, descomponerla primero en sus alicuantas y alícuotas, para luego recomponer en suma el todo clarificado, definidor, es su procedimiento”.(6)                                                                                                                                                       Cuando suma y resta a propósito del 98 en el texto “Ciro Bayo, el puro americano español” (bella suma biográfica y de viaje de un español peregrino y escritor de regreso), recogido en Una señal menuda sobre el pecho del astro, vale mucho aproximarse a su balance crítico en torno a los intelectuales que forman directa e indirectamente la primera y segunda generación del fatídico año. Tomemos uno de esos retazos generales pero concentrados en el que define al grupo diverso.

Cuando sean hechos los balances de balances a esa tribu de contrapuestos, se verá que de lo mejor de los mejores de ellos fue rasgar la afectación, demoler los castillones de cartón-piedra, desinflar las estrofas. Descubrieron que España existía, por encima y por debajo de los territorios perdidos. Recorrieron los caminos de España, y del encuentro con la verdad nació un estilo verdadero. Se hizo menos literatura, pero como se vivió más, se escribió mejor. Un afán de sinceridad, un hambre de conocimiento —¡no nos engañen más, no nos sigan mintiendo!—, conquistó a las gentes nacidas, para la expresión mediante letras, en uno de esos “momentos históricos” que deben saber a purgante violento a los jóvenes obligados a vivirlos. (7)

Insisto más en la obra de los del 98 por la lamentable desatención hacia esos maestros de la lengua española y de las analogías más sorprendentes y menos imaginadas; eso sí, desde la necesaria colocación consciente del ser humano en su entorno inmediato y en las situaciones universales. En unas palabras sostenidas con Ambrosio Fornet, el aún vivaz intelectual me confesaba que mientras alguien leyera a los del 98 no todo estaba perdido.

Para caer en los de asuntos patrios, no deje de leerse en Paginario… “Martí y lo cubano”, escrito a los 38 años, y en Una señal menuda sobre el pecho del astro, releer todo el apartado “El misterio mayor”; por ejemplo, “En el umbral de la Edad de Oro” constituye un hermoso recorrido por la revista y por el estilo plural y generoso del Maestro para con los niños y el leedor de años, publicado en 1990. Hay muchos temas que pudieran recomendarse de ambos libros. Paginario disperso es toda una sorpresa como material escrito para llevar y conservar por su diseño de cubierta y por los textos aquí reunidos. En cuanto a Una señal menuda sobre el pecho del astro, con edición de Luis Yuseff y el diseño de cubierta e interiores de Frank Alejandro, hay que reconocerlo, resulta una indiscutible obra de arte con muchos de los textos ensayísticos más geniales del intelectual cubano. La selección y la cronología le pertenecen a Remigio Ricardo Pavón y también de su autoría es el admirable y aclaratorio prólogo (“Gastón Baquero, el ensayo como acto de comunicación estética”), prueba auténtica de que todavía hay ganas de prologar con arte y lucidez en Cuba.

A cien años de haber nacido uno de los grandes de las letras cubanas e hispanoamericanas, Una señal menuda sobre el pecho del astro y Paginario disperso, son y seguirán siendo dos platos suculentos y complementarios para el lector ansioso tanto del aprendizaje del idioma como de los temas más insospechados. Lo que viene a corroborar que Gastón Baquero es un genuino intelectual; un clásico, ni más ni menos.

 Notas:

 1.- Gastón Baquero: Paginario disperso. Ediciones UNIÓN, 2014. Una señal menuda sobre el pecho del astro. Ensayos de Gastón Baquero. Ediciones La Luz, selección, prólogo y cronología de Remigio Ricardo Pavón, Holguín, Cuba, 2014. Gastón Baquero: “Volver a la universidad. Ensayos literarios”, selección de Alfredo Zaldívar, Ediciones Matanzas, 2015.    

2.- Gastón Baquero: Paginario disperso. Ediciones UNIÓN, 2014, p. 10.

3.- Ibídem, pp. 79-80.

4.- Ibídem, p. 150.

5.- Ibídem, pp. 153-154.

6.- Ibídem, p. 139.     

7.- Una señal menuda sobre el pecho del astro. Ensayos de Gastón Baquero. EdicionesLa Luz, selección, prólogo y cronología de Remigio Ricardo Pavón, Holguín, Cuba, 2014, p. 348.

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