Actualizado el 30 de marzo de 2016

Veinte maneras de estar con la muerte

Por: . 30|3|2016

Portada del libro Necrofilia

Soy solo alguien que escribe para no gritar

aunque de todas formas grite.

Marcial Gala

 

¿Vivir para morir contando? Eso es pura generalidad y una exageración autoral. Es cuanto pretende hacerle creer al lector la mayoría de los narradores. Ahora, considerar y escribir sobre la muerte cual si se viviera con el supuesto propósito de cercarla y pedirla, o de irrumpir y coquetear en sus posibles dominios, dejarse llevar, ¡qué más da!, solo puede ocurrírsele a un simpatizante de lo «inanimado» como Marcial Gala. Aunque en Necrofilia (Editorial Mecenas, 2015) esta condición es aparente, porque lo muerto es sustancia y continuidad vivificadoras, principio además, no se dude. Complemento todo de vida.

Referentes cristianos, experiencias misteriosas, aparecidos que vuelven sin avisar, otros que están y no los dejan ir. Pero hay más: una erección duradera del pene y dolorosa a fuerza de no negociar un pacto sexualmente demoníaco; las insistencias divinas a la María bíblica y ya ecuménica, la eterna esposa de José; las cavilaciones por cuenta de la responsabilidad de ser pitcher; las yuxtaposiciones narrativas en “El último tango de París” y en “La violencia de las horas”, aunque la oscilación y el engranaje de las dos tramas alternadas en “La violencia de las horas”, no solo reafirma la excelencia de la narración de Marcial Gala sino la arquitectura de una imagen poderosamente visual, cinematográfica. Y si de cine se trata y de asociación, por favor, no dejar de leerse el cuento que da nombre al libro, un espectáculo de trama y atmósfera a lo Tim Burton. Aunque Burton, sin excederme, está a unos cuantos años de la ocurrente dramaturgia del autor de Necrofilia.

Diálogos cortos y precisos, parlamentos repletos de ironías, exposiciones ingeniosas y satíricas en primera y tercera persona, que agilizan la narración pero colateralmente van enriqueciendo historias sorprendentes, donde la escritura no precisa ampararse en triunfos estilísticos (y Gala los ha ganado desde otros libros) aunque sí imaginativos. Quienes lean los veinte cuentos de Necrofilia tendrán que admitir que lo de su autor no es solo dominio del lenguaje y manejo soberano de los procedimientos de la narración, sino sobre todo, imaginación. Y para secundarla se pluraliza Marcial en tonos y temas. Y así es aparentemente comedido al introducirse en la dualidad personal, ese otro yo, ¿siempre oscuro?, que está en uno y que ¿queremos matarlo en realidad?

Por ahora, ya que tengo extraviado el carné de identidad, me quedo solo en casa. Si digo solo es porque estoy seguro de que el monstruo ha salido. Hace una mañana muy bella. Además, se ha llevado mi mejor pantalón y mi único par de zapatos que no están rotos. Seguro que me trae el pantalón sucio y que en alguna esquina de este mundo, durante alguna borrachera, pierde los zapatos, y entonces de qué valdrán sus disculpas, además nunca las da.

“El monstruo y yo” es de una candidez punzante, en una atmósfera no por familiar —y hasta habitual—, menos pasmosa.

“Voces”, “Hoy es viernes”, “Oklahoma City”, “El cuento mejor del mundo” son conmovedores y muy sorpresivos. “En el portal”, “Los cargados de rosas” y “Nicanor” son bellos, no encuentro otro calificativo. En cuanto a “Hojas de almendro” y “El hechizado”, sobre todo este último, no tienen parangón en cuanto a las ocurrencias que se cuentan y cómo las despliega su autor. No solo la historia del encantado, sino el argumento y el relato narrado conforman un espectáculo impreso para releer.

Si solo por curiosidad, el lector evadiera las raciones de cubaneos en algunas frases populares y alusiones explícitas y hasta sugeridas en determinados contextos, se estaría en presencia de un hispanoamericano que escribe desde cualquier parte del mundo o incluso de un autor traducido. Pero Marcial Gala, con su escritura, le asegura en primer lugar al lector que es un privilegio ser cubano. Luego, es cosmopolita en la selección de cuánto le place escribir: los temas son universales y él, como escritor, es libre de servirse. Por ellos tiene tal vez intimado el camino de la aptitud y antes el de la vocación. Mas ambas realidades, carentes de atrevimiento, no son sino frenos para los fundamentos de una historia exitosa. Sin embargo, en el caso de Marcial Gala, basta con que sea buena. El éxito posterior y por sí solo no prueba un valor de peso, tampoco la morbosidad de paso o retomada, y menos el aburrimiento a consecuencia de la lectura. Aunque garantizo que muy pocos se aburrirán con Necrofilia.

Hay repulsiones generalizadas que se vuelven seductoras hasta dejar de ser fobias. Lo sabe Marcial Gala cuando aspira a compartir su Necrofilia y ganar adeptos, aunque confesándose, ponga en boca de uno de sus personajes: “Quiero detenerme a descubrir si esto que he escrito hasta ahora ocurrió de verdad, o es una trampa que me he tendido a mí mismo. ¿Existía ayer este universo o apenas hoy por la mañana me lo he inventado de puro aburrimiento?”

Categoría: Reseña de libros | Tags: | | |

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