Actualizado el 20 de julio de 2016

¿Nombre muy lejano? Hombre para imaginar

Por: . 16|7|2016

Roberto Méndez ha concebido esta osada novela con supremacía de lo sincrónico narrativo y con poco diálogo. Apuesta por descripciones harto detalladas acerca de las vidas del indagador incansable Tristán de Jesús Medina y el ilustre músico Mozart..…no conocemos ni siquiera un sermón de Tristán de Jesús Medina, brillante  y sombrío como un faisán de Indias…

José Lezama Lima

 

Con idas y venidas de quien no le queda más remedio que viajar hacia la vida llevada y retornar a la que le queda, aunque por fortuna solo y libre y memoria mediante, presenta Roberto Méndez a Don Tristán de Jesús Medina, presbítero atrevido, espectador panorámico y conferenciante facundo; personaje histórico cubano del legendario siglo XIX, a quien para colmo de destrezas, Dios le otorgó la erudición y el talento para la escritura. Y por si no bastara, entró en la masonería y hasta fue acusado de violación. Jesús Medina amaba la música y las fabulaciones. Escribió para asombro de antaño y hogaño el relato Mozart ensayando su Réquiem, que figuras como Roberto Friol y Jorge Ferrer estudiaron.

Méndez no quiso «redactar una biografía novelada, y menos aún una novela histórica», “solo una novela”, a la que tituló Música nocturna para un hereje (Ediciones Unión, 2015). El nombre puede sugerir una hechura temática y narrativa general y consabida. Pero ello es aparente, como sutil es la posible mira de marketing que pudo haber tenido su autor a la hora de seleccionarlo. Ah, un jurado integrado por Zaida Capote, Miguel Mejides y Reynaldo González premió ese libro con el Ítalo Calvino en el año 2014.

Esta novela se da en sus alternancias de personajes y contextos desde un protagonista que rememora, sueña y recrea en los momentos de vigilia. Tristán repasa su existencia como quien nos presenta una película con predominio del montaje alternado. Aquí hay libertad espacio temporal y, por tanto, entrada y salida de sujetos históricos y ficcionales, los cuales son reinventados cual si fuera el propio Medina aprovechando sus lecturas continuas y, dentro de estas, aquello que se dice y como se escribe: “EN AQUEL TIEMPO, más que en ningún otro de su trajinada existencia, comenzaron a embriagarlo las palabras. Escritas o simplemente entregadas al aire. Palabras inquietas, envolventes, con una existencia que estaba más allá de cualquier vulgar realidad”.

Es muy significativo este capítulo por cuánto representa el lenguaje para el personaje, lenguaje que entraña esfuerzo doble de conocimiento recordado o de recuerdos pensados, a tal punto que rememorar y pensar confluyen tirantes pero difícilmente separables: “El organillo del ciego, puntual esta vez y empeñado en un tema de Norma, vino a sacarlo, a medias, de su letargo. Mejor estaba en Cuba. ¡Había que ver lo que la miseria le hacía escribir a alguien! ¿Cuba? ¿Qué era Cuba? Ahora le resultaba demasiado arduo recordarlo”.

Mozart revive constantemente en las reinvenciones del presbítero cubano, quien actúa como voyeur frente a las iniciaciones paralelas de aquel prodigio que estuvo en el punto de mira de diletantes aristócratas y a las expectativas de músicos entrenados; el púber que en un tiempo bien pudo despertar las apetencias de Sir William Beckford. En un constante y familiar entrecruzamiento entre Mozart y Tristán, Roberto Méndez arma este pastiche narrativo donde va variando con total intención una puesta en escena de una ópera plural, diversificada y posmoderna cual efectivo videoclip.

Si nos arrimáramos a las clasificaciones que Vicente Luis Mora repasa y profundiza en un texto en torno al  fragmentarismo y al fragmentalismo, Música nocturna para un hereje resulta novela salvada por el fragmento en su resistencia textual y de estructura: “(…) la escritura fragmentada nos señala el camino hacia algo que se ha roto y que aparece representado con sus grietas, mientras que la escritura fragmentaria nos indica que algo ha sido quebrado a conciencia, con la intención de mostrar que nunca fue realmente sólido”. Música nocturna… es fragmentaria, además, en cuanto recrea y se recrea, tanto en su composición como en las reinventadas figuras que por nombres y obras pudieron sobrevivir; eso sí, consintiendo ese silencio textual que acoge nuevas asociaciones en virtud de referentes reales y ficcionales que ameritan por lejanía y supervivencia la imaginación autoral.

Roberto Méndez ha concebido esta osada novela con supremacía de lo sincrónico narrativo y con poco diálogo. Apuesta por descripciones harto detalladas acerca de las vidas del indagador incansable Tristán de Jesús Medina y el ilustre músico Mozart, que aquí las interrelaciona desde un narrador omnisciente que nos convida a recorrer contextos variados y cruzados junto a un personaje principal: ¿héroe, antihéroe o pícaro en potencia?

A propósito de clasificaciones, ¿cabría preguntarse ante qué categoría de sujeto literario estamos? No hace falta, amén de cuanto le importa al autor de Música nocturna para un hereje es reconsiderar una figura histórica cuya existencia, se sabe, no fue de mero tránsito. Aunque lo consabido y lo desconocido pueden prestarse al mismo tiempo a la más ricas fabulaciones. Pero, eso depende del autor que sepa aprovechar su curiosidad y su imaginación creativas. Así, Roberto Méndez.

Categoría: Reseña de libros | Tags: | | |

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