Actualizado el 30 de octubre de 2016

Anima tu animalidad

Por: . 28|10|2016

Hacer el amor o simplemente acoplarse sin abandonar el onanismo, testificar por participación, cuando no por la mirada, tres modalidades mortuorias: el suicidio, el descuido letal de un torero y el martirio a fuerza de la reiteración del sexo insistente y voraz.

“El ojo de Bataille es un punto de vista, un punto de iluminación,

un agujero de entrada, un agujero de salida y un refugio.

Cinco cosas. Y sus protagonistas son psicologías

 en proceso de articulación dentro del deseo”.

Alberto Garrandés

Más que una etapa de crecimiento enmarcada entre dos edades, la adolescencia es la oportunidad de complementarse en el grupo no solo coetáneo y coterráneo sino afín por intereses y hasta discrepancias, para luego reconocerse en la individualidad. Luego, toda proyección o empeño adolescente se reafirma en el desplazamiento, ya sea imaginativo o físico. Ambicionando conocer, es que el púber asume el riesgo de la aventura; el viaje vivencial que muchos han emprendido pero él necesita experimentar en carne propia. No nos extrañemos entonces de que los autores gusten reconsiderar la vida desde protagonistas adolescentes.

Un chico que narra en primera persona, una muchacha llamada Simone y otra que es de una aparición fugaz pero intensa, de nombre Marcelle, son los personajes centrales de Historia del ojo (Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 2015). Acaso fuera mejor decir que ellos nacieron para consagrarse al imperio de los sentidos. Pero, ¿hasta dónde es erótica y cuándo comienza la indecencia en esta novela de Georges Bataille?

Más que obscenos, los personajes de este libro creen en la estetización psicosexual no solo de ellos sino de toda la humanidad. Aclaro, estetización progresiva, de aprendizaje y renovada, que únicamente en los predios de la literatura o del arte se justifican y aceptan.

Hacer el amor o simplemente acoplarse sin abandonar el onanismo, testificar por participación, cuando no por la mirada, tres modalidades mortuorias: el suicidio, el descuido letal de un torero y el martirio a fuerza de la reiteración del sexo insistente y voraz. ¿Preocuparía cuánto se va acumulando a plena conciencia de saberes buscados y añadidos? Sí y no, porque de cualquier forma ese es el tono, e incluso la atmósfera, que viste al relato anecdótico de Historia del ojo. Que no asombre entonces cuanto nos confiesa su protagonista en el capítulo octavo de esta novela:

“Pero ya desde esa época no tenía ninguna duda: no amaba lo que se llama ‘los placeres de la carne’ porque en general son siempre sosos; solo amaba aquello que se califica de ‘sucio’. No me satisfacía tampoco el libertinaje habitual, porque ensucia solo la lujuria y deja intacto, de una manera u otra, algo muy elevado y particularmente puro. El libertinaje que conozco mancha no mi cuerpo y mis pensamientos, sino todo cuanto es posible concebir, es decir, el gran universo estrellado que juega apenas el papel de decorado”.1

Configurada la persona con arreglo a reglamentos legales y tradiciones morales; sujeta — para bien y para mal— a instituciones e ídolos cuando no a un solo dios monotemático, rechaza esas emociones escuchadas que en el fondo anhela sentir. Por lo común, se lamenta luego, cuando es sorprendida en actos a contracorriente. Por desgracia, el mayor aliado de la convención y lo normal cuando la libertad cree avanzar, es el arrepentimiento, la recaída del sujeto inseguro, o peor: imprudente y acomplejado ante su humanidad.

Esta primera novela de Georges Bataille es muy atractiva por muchas razones. ¿La principal? El tema y sus protagonistas. Luego, es de resaltar  —para una mejor lectura en nuestro contexto— la cubanización2 del francés a partir de la traducción de Jesús David Curbelo. Sin embargo, muy lamentable el desacuerdo perceptible entre el título del libro, la posición sugerente de la chica hacia el centro y el resalte del nombre del autor de esta novela en la cubierta de Historia del ojo. En primer lugar, los ojitos en la palabra ojo es de un infantilismo burlesco y hasta tonto, que nada tiene que ver con la atmósfera de una trama desacralizadora pero al mismo tiempo atravesada por una psicología compleja. ¿Qué decir de la simbología de la novela? Y hacia abajo resulta inconcebible e imperdonable el descuido del diseñador y del editor, en cuanto a la s eliminada en el nombre del importante escritor francés. Aunque peores cosas suceden en la hechura de un libro; y estos detalles no demeritan la excelente historia narrada por Bataille y traducida por Curbelo.

¿Qué es, en definitiva, Historia del ojo? Un desafío de la psicosexualidad adolescente fuera de la convención pero, ¡ojo!: lo anárquico puede aburrir, cuando no preocupar, por pose y pérdida corporal reiteradas. Ante tal ofensiva de la libido, mayor intento artístico sin renunciar al recorrido entusiasta que supone siempre nuestra humanidad sexual, confesándose y de ningún modo reprimida.

NOTAS

1.Georges. Bataille: Historia del ojo. Traducción de Jesús David Curbelo. Ediciones Sed de belleza, Santa Clara, 2015, p. 41.

2. Manuel García Verdecia en su prólogo al libro La mirada en el otro (Ediciones Holguín, 2015) se opone con mucha razón a cubanizar cuando se traduce a autores «porque sus textos responden a ámbitos, modos, costumbres, en fin a contextos en el sentido carpenteriano, totalmente diferentes a los nuestros». Pero en Historia del ojo, Curbelo cubaniza solo determinados vocablos, lo cual no afecta la(s) atmósfera(s) de la obra de Georges Bataille.

 

Categoría: Reseña de libros | Tags: | | | |

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