Actualizado el 1 de marzo de 2017

Antropología Recreativa o tratado poético sobre el hombre

Por: . 27|2|2017

Antropologia Recreativa es un edificio terrenal, muy pegado a la tierra y a la humanidad. La azotea de este edificio es amplia. Da para observar el mundo y releer el cosmos que traemos grabado en cada átomo de la sangre. Puertas adentro, se puede experimentar la descomposición del Homo sapiens.“La vida le pide a mi cuerpo algo que no sabe hacer. Con un poco de paciencia, luego de pensarlo varias veces en un aturdido laberinto de probabilidades, la cabeza encuentra una fisura por donde colarse, y se sabe que por donde pasa la cabeza, pasa el cuerpo.”

Éste es el primer poema del libro, la llamada proposición, o invocación de una obra poética. A mí, este poema introductorio de Antropología Recreativa, del cubano Amilkar Feria Flores, me sugiere el nacimiento del hombre, surgimiento, preludio, la primera sensación (im)pura de la relación sexual. Es de allí que surge el hombre, el sujeto y el objeto del que trata este libro.

En “Palabra de Hombre”, primer cuaderno del libro, leemos:

“Lo reconozco: soy tan humano como el perro que me guarda lealtad bruta, como el agua que me sube a la cabeza (en lugar de humo) mientras la luna tira de mis ideas, como la mirada sostenida que me devuelve la mujer de cada mañana, como la tierra que cede levemente a mi pisada, como la tripa inteligente que no me reconoce más humano que al aire que respiro.”

Aquí aparecemos confrontados en la autoconciencia del autor (que es igual a decir, de nosotros mismos), o el autoconocimiento imprescindible para que actuemos en este mundo. Vemos al hombre apercibido de su ontología globalizante, el hombre total en su relación con el universo: perro, agua, luz, mirada, tierra, tripa inteligente “que no me reconoce más humano que al aire que respiro”.

En el segundo poema leemos: “estoy experimentando la evolución en carne propia”; el poeta nos dice que “mis mejores ideas están acantonadas en las piernas”. Este verso juega complementariamente con los estudios arqueológicos y antropológicos más recientes, que prueban que la evolución no partió apenas de la mano fabricante de objetos, y sí de la modificación de los pies, o de las piernas, que le permitieron al hombre circular con independencia de las extremidades superiores, aumentando así su capacidad cerebral.

Estamos en presencia de un libro que bromea con las Antropologías. Embarquemos en el siguiente poema:

“IV

(Mareaje / a punto del naufragio)

Un argonauta, eso es lo que soy, perdido en el desvarío que tu vida lacia me propuso. Tú eres la sirena que entonó la marcha de las putas, empujando al vacío a los marineros incautos. —So imbécil (me digo), no se te ocurra pedirle otro número, que más muerto no puedes estar.”

Dejémonos arrastrar por este argonauta en el cosmos de la palabra. Nos vienen a la mente reminiscencias de las Iluminaciones, y hasta de Una estación en el infierno, de Rimbaud; sentimos el aroma de El estado de los campos, de Nuno Júdice; y la locura inmanente a nuestra época, que nos suena como el Aullido de Allen Ginsberg.

Si yo fuese un sujeto versado en estudios literarios, tendría un excesivo equipaje verbal para disecar este cadáver que respira, esta Antropología Recreativa, de Amilkar Feria. Y lo haría, por supuesto, con las propias citaciones de los grandes maestros de esa disciplina. Soy un simple poeta. Soy, esencialmente, un inveterado caníbal del poema, además de periodista. Lo que les ofrezco es mi ultrasensibilidad poética y mi argucia fenoménica de periodista, comprometido con la deconstrucción  de este edificio verbal.

Antropologia Recreativa es un edificio terrenal, muy pegado a la tierra y a la humanidad. La azotea de este edificio es amplia. Da para observar el mundo y releer el cosmos que traemos grabado en cada átomo de la sangre. Puertas adentro, se puede experimentar la descomposición del Homo sapiens.

“VIII

1)

Pienso que hay algo en juego, además de las papas. La fila no debe romperse bajo ningún concepto. Hay modalidades disciplinarias que deben respetarse hasta las últimas consecuencias: Cualquiera podría usurpar mi posición (No. 10).

Una cola no solo sirve para espantarse las moscas, sino, categóricamente, para conservar el equilibrio.”

¿Qué posición es ésa? ¿Aquélla qué nos cabe en el interminable hecho económico de la lucha de clases?

“XVIII

Reposando a los pies del Poeta, mi sueño se reparó de la muerte. El desgaste se desvanece entre el cielo y el cielo. A un tiempo, vuelvo a ser todos los hombres humanamente posibles. Sesenta minutos caminando al Este de la profecía, sin siquiera dar un paso. Crucial, dejó atrás el umbral de la palabra. / Pico Turquino, 20/3/08”

Después del poema iniciático, y del que trata sobre el hallazgo de sí mismo, Amilkar reposa a los pies del poeta; él y el otro que lo escribe. Y vuelve a ser, como ya vimos anteriormente, “todos los hombres humanamente posibles”. Pero, atónito, descubre que no dio siquiera un paso. Es entonces que, “crucial”, Amilkar deja atrás “el umbral de la palabra”, y pasamos entonces al segundo cuaderno: “El Arte breve de la historia”

“I

¿Cómo que la guerra terminó, cuando es el hombre mismo la esencia de la guerra? ¡Vuelve a tu casa, pedazo de idiota, hasta que te vuelvan a enrolar! Aprovecha el tiempo, haz hijos, siembra la tierra, fúmate un cigarro si quieres; pero no vuelvas a confundir un malentendido fronterizo con la discrepancia del hombre consigo mismo; porque esta historia, hermano mío, solo termina cuando no haya quien la cuente.

III

Estamos en el borde mismo del plato. La sopa fluye al vacío en un salto sin precedentes de viandas y fideos. Alucinante burbujeo de una vieja memoria cocinada al fragor de un ocioso aquelarre.

Se aplana. Si no lo piensas con fuerza, el mundo se aplana como un mapa sobre el que se desliza el dedo soez del estratega. Muy lejos del teatro de operaciones, nadie sabe que el desfiladero debe ser salvado con un salto al vacío.”

He aquí el verdadero tenor del arte contemporáneo. Al margen del plato, es al margen del desfiladero, en lenguaje corriente sería al margen del abismo. Y el artista se supera a sí mismo con “un salto al vacío”.

En “Besos Rotos”, del último cuaderno, leemos:

“Si la seducción proviene de un árbol, acéptala sin ambages.

Si es humana, piénsalo dos veces. Es más práctico pecar originalmente.”

Dijimos que Amilkar construye un edificio terrenal. Y cuando, desde la azotea, avista un árbol, el pecado de comerle una manzana no le inquieta en lo absoluto. Solo cuando el hombre bajó del árbol y pobló la tierra, fue que se asemejó a Dios: conocedor del bien y del mal, así como de la desnudez, descubriendo sus encantos. El árbol es el símbolo de la seducción femenina. Debemos aceptarla sin sombra de duda, porque ¿no es ella una cosa natural? ¿No fue Dios quien creó al árbol y lo colocó en medio del paraíso?

“V

Ella no existe. Yo la incineré anoche en litúrgico arrebato. El cenicero no alcanzaba para una cremación decorosa, porque al cuerpo se le salían las piernas fuera del borde. Entonces la descuarticé en pedazos irreconocibles. Ella era hermosa como una fruta que tensa su piel bajo el empuje de sus hormonas. Ella era todavía verde, redonda, sublime. Después el cuerpo cupo perfectamente en el cenicero, mientras el fantasma humeante del papel fotográfico se empeñaba en evocar sus curvas.”

Esta poesía continúa cegándonos con su juego de imágenes materiales y texturas reflexivas, abstractas, que canalizan al lector hacia un estado mental situado a cielo abierto, en plena llanura del alma, donde solo hay repercusiones multicolores de nuestra propia existencia, de nuestro cotidiano, reproducidos magistralmente por la mirada quimérica del poeta, o del artista plástico de la palabra.

“XII

Una mujer avienta sus orgasmos en la quieta madrugada del vecindario (casi llora, o ríe). Me asomo a la ventana, como quien se asoma cuando llueve, pero solo está la luna.”

Último verso. Sin comentarios… Los verdaderos poetas son grandes filósofos. Amilkar Feria Flores nos escribió un tratado sobre la ciencia del hombre. Es una antropología poética que no se resta mérito científico. ¿No fue Herberto Helder quien llamó a una de sus obras de poesía La última ciencia?

 

*José Luís Mendonça (Golungo Alto, Kwansa Norte, Angola, 1955). Licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Luanda. Se ha destacado en el periodismo, alcanzando el Premio “Noticias Generales de la Lusofonía”, en 2005. Su poesía es conocida en Brasil y Portugal, por medio de antologías poéticas de autores  angolanos. Su obra literaria es prolífica. Es miembro activo de la Unión de Escritores Angolanos. En Cuba es conocido por su cuaderno Africalema, presentado durante la Feria del Libro dedicada a esa nación africana. En 2015 resultó ganador del Premio Nacional de Cultura y Artes. Es director del Jornal Cultura, publicación especializada en temas socioculturales.

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