Actualizado el 27 de febrero de 2017

Laurel, orégano… y mucho más

Por: . 23|2|2017

Marié Rojas demuestra con ello ser digna representante en nuestra isla-de otros grandes del género, como Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Laura Esquivel, que con sus historias mantiene vivo el sortilegio que reside dentro de cada uno de nosotros. Para disfrute de lectores imaginativos o inquietos, tal vez de los que buscan una realidad más allá de lo circunscrito, se nos presenta el más reciente título de la prolífica Marié Rojas Tamayo. Laurel y Orégano, novela basada en un relato de la autora que ganara el XX Premio Ana María Matute, es entrega de la Casa Editora Abril en este 2017.

En un valle del llamado Nuevo Mundo, aislado entre montañas, donde el tiempo transcurre en un ritmo propio, distante de la civilización de afuera, una familia de mallorquines funda el pueblo de Aquimismo. En él confluyen los ingredientes que han ido conformando la nacionalidad latinoamericana…

Pasa un circo ambulante y escapan algunos de los monstruos que mantenían en cautiverio, suceden extraños fenómenos meteorológicos… Entre todos dan lugar a una estirpe donde las mujeres ostentan poderes acorde a los elementos —agua, metal, madera, fuego, tierra—, tienen facultades para sanar, volverse invisibles, viajar a otras realidades o manipular el tiempo: virtudes que son bienvenidas, así como las sucesivas reencarnaciones de personajes claves. Historias contadas por la mejor narradora: La Cuentacuentos, anfitriona predilecta de Dios, el Diablo y la Muerte, quienes se sientan juntos cada día a la sombra de los árboles de su patio, durante “la hora en que no muere nadie”, un espacio donde no hay censura.

En cada historia, la autora hace alarde de un exquisito lenguaje y dominio del género fantástico —y a la vez muy real— en el que se desenvuelven sus textos. Como excelente artesana, en cada narración va introduciendo nuevos personajes, tramas y discrepancias que, mientras avanza la novela, se van entretejiendo cual hiedra en la historia de Aquimismo, hasta florecer en un inesperado, sorprendente y magnífico final.

Como valor agregado, tiene la cualidad de que puede leerse cada capítulo de manera individual, pues los relatos —narrados por cualquiera de los cuatro contertulios— cierran como unidad individual. Ayuda el hecho de que no tengan un orden cronológico: es relatada a través de eventos, tal como acuden a la memoria de La Cuentacuentos. No obstante, la autora logra que mantengamos el hilo de la madeja para no perdernos en tal laberinto.

Es una novela dirigida hacia un público adulto, pero también al joven con cierto nivel de lectura, pues entre cuento y cuento se deja abierta una puerta por la que podemos disfrutar, y participar, de debates sobre la historia recién concluida. Temas que van desde el amor, la física cuántica, lo esotérico y lo extraordinario, hasta algo tan simple en apariencia como el hecho de nombrar los elementos de la creación.

Con Laurel y Orégano, Marié Rojas nos pasea por las tierras de Aquimismo, donde lo aparentemente irreal se funde con lo mágico para forjar la vida cotidiana de cada uno de sus habitantes. Demuestra con ello ser digna representante en nuestra isla-de otros grandes del género, como Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Laura Esquivel, que con sus historias mantiene vivo el sortilegio que reside dentro de cada uno de nosotros.

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