Actualizado el 22 de marzo de 2017

Buscando a Anna Veltfort es una búsqueda interna

Por: . 20|3|2017

Buscando a Anna Veltfort es un libro sumamente limpio. La fluidez y la estrategia circular dotan de sentido al cuaderno de cuentos de Carmen Cutié Torres, que se deshace fácilmente en una lectura completa.Buscando a Anna Veltfort es un libro sumamente limpio. La fluidez y la estrategia circular dotan de sentido al cuaderno de cuentos de Carmen Cutié Torres, que se deshace fácilmente en una lectura completa. La voz del narrador, casi siempre femenina, es una voz fuerte que está en constante intercambio, dudas, y se transforma encontrando, o no, las respuestas.

Se trata de un volumen donde hay violencia de todo tipo, en todas las formas, ya sea sexual, psicológica, masoquismos… Pero con la única intensión de desajustarla, de redescubrir una manera literaria y una posición para el ataque.

El uso de la tecnología como personaje (chats, celulares, sms, wifi, wordpress, Facebook, twitter, o un individuo que debe marcharse porque se le pasa la cola de Internet) es una ganancia innegable para acercar el libro a otro tipo de público que quizá, de no ser así, no se interesaría en él.

Se trata de un libro donde el peso fundamental está en cómo se desarrollan los hechos y no en los hechos en sí; esto presupone un trabajo más agotador si se pretende lograr lo que ha hecho la autora.

Carmen Cutié sabe introducir con sutileza referencias y hasta “guiños”, como ella misma ha dicho, a obras y autores como Nabokov, Carroll, Borges, Darío, Will Cuppy, Buñuel, Coppola o Joni Mitchell; o va y nos dice: “Según Bukowski la especie humana lo exagera todo: a sus héroes, a sus enemigos, su importancia”, imbricando elementos hipertextuales que, sin dudas, ayudan a catapultar los objetivos y las ganancias de sus cuentos.

A lo largo de todo el volumen, Carmen rompe con estructuras tradicionales y diseña oraciones como párrafos, para bien lograr una lectura entrecortada, rápida y a veces intermitente, que a la vez funciona como entorno, como escena.

Buscando a Anna Veltfort es un libro iniciático, una búsqueda interna hacia todos los procesos creativos que inquietan a Carmen y al público diverso con que es capaz de conectar. Es catártico, como ella también ha dicho, y sorprende la manera literal y las imágenes que recrea la autora para lograr este fin. Carmen toma como espacio a lugares conocidos, sobre todo de Cienfuegos (Café Ven, el bulevar, el corredor de Santa Isabel, la Sociedad Cultural, las estatuas vivientes), los utiliza y, tal vez sin proponérselo, le da un valor agregado al libro, lo convierte en referencia histórica de la época contemporánea donde ella despliega a los personajes para luego manejarlos a su antojo.

La escritura creativa es, para Carmen, un acto simbólico que quizá recuerde el compás, siempre constante, de un hombre sentado en un banco, en un piano, en un teatro, en una ciudad: dormida y apesadumbrada.

Buscando a Anna Veltfort ofrece un abanico temático que puede hacer pensar al lector que se trata de los mismos de siempre: familia, migración, raza, religión; pero el tratamiento, la forma empleada, la ingenuidad traducida como creación e ingenio, el desenlace imprevisto de algunas historias, o el innegable acervo de lecturas de Carmen, permiten catalogar a este volumen como valioso.

El primer cuento, “Que no se apaguen las candilejas”, emplea un narrador omnisciente, desde una tercera persona, y en presente; pero la inserción de los diálogos en la misma estructura del párrafo crea intimidad con el lector. Cuando uno lleva varias cuartillas de lectura, tras creer que se trata de un cuento realista, crudo y triste, de repente hay un salto del nivel de realidad convirtiendo al texto en una gran metáfora, en una hipérbole dotada de un sentido y arte conceptual. Este es el punto de giro:

“Al muchacho lo excita que la vagina se carcajee de esa forma. Tiene ganas de meter su miembro dentro y se desnuda de la cintura para abajo.

Sin saber que a la vagina de Cheng Yui le han crecido un par de colmillos.

Un par de colmillos anorgásmicos.

De repente.

El muchacho pone aquello dentro y zas…

Se quedó sin miembro por andar haciéndose el vivo.”

Hacia el final de la narración el personaje principal se llena el cabello de hojas secas y matojos, algo que Cheng Yui jamás se le hubiera ocurrido hacer: es la señal, el golpe que indica que ha terminado la construcción (y/o lectura) de un buen relato.

“Volksgeist” (El espíritu del pueblo) y “Figuraciones” son dos cuentos que resaltan la energía y el misticismo dentro del libro. Dos cuentos surrealistas en medio del mar para nada figurativo del resto de los relatos; dos cuentos donde una bien delineada corriente subterránea de sentido fluye y que un lector alerta sabrá descifrar sin complicaciones. “Figuraciones”, en particular, tiene maneja la fantasía con naturalidad, lo que hace verosímil el relato aún cuando sepamos que cosas como estas no suceden en la vida ordinaria:

“De noche salgo a la ciudad con mi saco al hombro. Vendo cacharros, serpientes, peces sin ojos, y a veces, cuando el mercado se abarrota de productos, bastones de mando. (…) Meto la mano en el saco y cojo, por pura suerte, un pescadito plateado. Comienzo a dar mordiscos a mi pescado sin ojos. Doy mordiscos con mis pestañas postizas endurecidas por el acrílico, ya que no tengo boca, ni dientes, ni muelas, ni nada de eso.”

De repente, Carmen también sorprende aquí con una cadencia rítmica, o musical, pudiera decirse. Cada cierto compás coloca determinadas palabras que recuerdan al coro pegajoso de una canción: Negro tú, Blanca yo, Negra tú, Blanca tú, marrón, Ekeniyó, Tanzé.

“Picadilly Circus” y “Ladies of ninguna parte”, estratégicamente ubicados al medio y final del libro, son piezas fundamentales (aunque hay pequeños eslabones de cadenas que se juntan en otros momentos del libro) que tiran sogas para atar la consistencia del cuaderno como unidad concreta. En ambos reaparece Cheng Yui, y este protagoniza, hacia el desenlace de cada historia, la peripecia que no desencadena un proceso lineal sino que hace revivir al argumento más allá del punto final.

“Expiación” y “Óleo de mamá mirando al mar” son dos narraciones en primera persona, en las que diferentes personajes femeninos son desnudados frente a una cruda realidad; pero el peso del argumento lo lleva el monólogo interno de ambas, la descripción psíquica y espiritual precisa, la manera de desenvolver la trama a través del pensamiento. En “Óleo de mamá mirando al mar” tenemos a una niña que dice:

“Está bien eso de que las niñas no deben buscar bronca como los mataperros, pero tampoco puede dejarse una colgar el cartelito de trajiná.

(…) Mamá me mira muy raro últimamente. Será porque la maestra me ha sorprendido jalándole los pelos a Susi (…). Y cuando he voceado a todo galillo: esto es pa’ que no vuelvas a llamar puta a mi madre, so descará, mientras la pecosa recoge del piso su diente de leche, la maestra me ha plantado tamaño cocotazo que me ha saltado las lágrimas, de la vergüenza, digo yo. Debe ser por eso que mamá está triste (…) y me preocupo. Ya van dos días que no me suena la cacharra (…) y no es que yo sea una aguanta golpes, ni nada que se le parezca, pero me preocupo.

Y está el cuento homónimo al cuaderno, a mi juicio, el más logrado. Otra vez una voz femenina que narra en un presente casi agónico, misterioso quizá; una voz que va dando saltos espaciales hacia otra historia paralela que termina conectándose con la central, ya sea por una locación, por una pregunta, por un mapa, por Lourdes Casal y lo enigmático que siempre resultará la ficción a través de personajes reales.

Carmen Cutié Torres ha demostrado con Buscando a Anna Veltfort, Premio Reina del Mar Editores en 2013, que es capaz de alimentarse de sus lecturas y de manejar las técnicas literarias con soltura. Luce capaz de inventarse maneras de decir en una era donde el desorden social y psicológico nos ganan; capaz de sentarse a escribir cuando ella misma sabe, como dijo Paul Auster, que “solo una persona que no ha tenido alternativa lo elegiría (…). Es algo demasiado arduo, demasiado mal pagado, demasiado lleno de decepciones para que, de otro modo, alguien acepte este destino”.

Categoría: Reseña de libros | Tags: | | | |

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