Actualizado el 7 de agosto de 2017

Otros modos de mirar

Por: . 4|8|2017

Hay que decirlo. No es un libro alegre, a pesar de sus destellos de humor. Es un libro doloroso, una reflexión pausada del encierro y las posibles salidas para liberarse de él. Sexo, violencia, marginalidad y muerte. Sospecha, miedo, paranoia y traición.Este libro inquietante y desolador, Premio Félix Pita Rodríguez 2016, publicado por Ediciones Montecallado, seduce desde la cubierta: una foto de Nonardo Perea que lo sugiere prácticamente todo: angustia, temor, incertidumbre, paranoia y el  pasaporte de que en cualquier momento los personajes quedaran afásicos por alguna razón que desconocemos. Es decir, la teoría del complot y sus posibles consecuencias están al descubierto antes de abrir la primera página.

Ya desde el título del volumen asoma la primera sospecha (o certeza, si se quiere). Decir Alguien te mira (pienso en lo que sugieren los personajes, pero no lo dicen) es decir también todos somos espiados, constantemente asediados por miradas decididas a comprometer nuestra vida, a sumergirla en la aventura de un crimen, sea justificado o no, según se mire.

Aquí pudiera inferirse una de las claves para orientar las tantas lecturas que pudiera resistir el volumen, lecturas diversas como los modos de cometer un asesinato. Lecturas posibles. Es cuestión de ángulos. De que el lector renuncie a la comodidad y arriesgue modos de mirar. Por ahí van también las historias de este libro: por la pluralidad del riesgo y la amenaza de sentirse vivos, más allá de la desesperanza y el artificio de soñar (y creérselo en serio) de que un paraíso en la tierra es posible.

Cuando Luis Vaillant publicó en el 2006 por Ediciones Unión su primer libro de cuentos, Náufragos, Premio David 2005, ya estaba ofreciendo los posibles derroteros por donde iba a encauzarse su literatura, su modo de entreverla, y las coordenadas para insertarse en el mapa literario de la Isla. Ya desde el título mismo anunciaba la condición permanente de sus personajes, seres abocados a la deriva, presionados por condiciones límites que los obligaban a naufragar en el sinsentido de una sociedad a la que pertenecían y por lo tanto no podían renunciar ella, cuando más esquivarla o al menos intentarlo.

Ahora con Alguien te mira Luis Alfredo Vaillant Rebollar (La Habana, 1968) regresa una década después y explora tres de sus grandes obsesiones, que al mismo tiempo se convierten en tres grandes personajes del libro: la muerte, la ciudad y la marginalidad. Obsesiones que se condensan en un cuento como “Graffitis en la ciudad” donde el comienzo no puede ser más revelador: “Esta ciudad puede estar llena de asesinos. Cualquiera puede ser la víctima esperando en un rincón oscuro”. Una ciudad que “se muere y se mueve como todas y es al mismo tiempo un laberinto”, una ciudad donde la vida de los personajes está siendo analizada como si fuéramos un conejillo de Indias”.

Y aquí podría entreverse otra de las grandes obsesiones de Vaillant Rebollar, la paranoia, el desgaste de una huida imposible, la latente amenaza del encierro y la ansiedad de sentirnos acorralados. Resumiendo: el secreto complot urdido alrededor nuestro por fuerzas oscuras, no así invisibles, para silenciarnos y destruirnos.

He anunciado la palabra muerte, asesino, victimario, pero Alguien te mira no es un libro policiaco. Vaillant, lector fiel de Leonardo Padura, Paul Auster y Rubem Fonseca, por citar algunos, hereda los móviles, las razones, el por qué se comete el crimen,  pero no convoca el detective. No hay nada que investigar, no hay enigma, cuando más un complot de la sociedad que niega alternativas de elección y no queda otro remedio que elegir entre ser el asesino o el victimario. Esa exploración social que contrabandea entre la ilegalidad y la marginalidad, que desplaza al detective y al enigma, sería otro de sus derroteros narrativos.

Dije que no hay nada que investigar ni enigma, no así intriga, tensión, intensidad. Los diez cuentos que recorren el volumen apuestan por una escritura ajedrecística. No en el sentido del agotamiento mental, sino en la elección y precisión de los detalles como estrategia narrativa. Los pequeños detalles son armas de fuego que en algún momento van a detonar. Es cuestión de que el lector no se desespere y no lo hará.

Aunque el lector va a enfrentarse a cuentos que exploran las mismas obsesiones del autor, no está de más advertirle que cada relato se disputa su manera personal de narrar la historia. Con esto quiero decir que, aunque el lector asistirá a la muerte, a la ciudad, a la marginalidad y la ilegalidad, a la paranoia y al complot, en cada cuento hay una voluntad de no repetir el esquema anterior, aventuran nuevas exploraciones estilística que no dudan, si es necesario, de valerse de falsas entrevistas y la reflexión ensayística.

La soledad y deseo de un mira hueco, el desenlace de dos amigos que prosperan con un negocio de ancas de ranas, el joven que desea morir, que lo maten para no mirarle más la cara a la desdicha, el viejo que lo controla todo y una manisera que trabaja para él decide que ese viejo sucio, solo y triste debe morir,  son algunos personajes de Alguien te mira, personajes acorralados, víctimas del desconcierto y sorpresas que no siempre aguardan la noche para revelarse.

Con un lenguaje claro y una adjetivación personal que incluye lo visual, lo fisiológico y lo anímico, Vaillant en esta segunda entrega vuelve a trazar un mapa desconcertante donde el deseo y la ambición por materializarlo, la asfixia social y personal y la manera de liberarse de ella, abren puertas supuestamente clausuradas. Pero aquí el autor no hace concesiones. Son puertas ilusorias, ensambladas por la vigilia o la infundada esperanza, puertas irreales producto más del deseo de verlas y atravesarlas que de la realidad circundante. Parece un libro para corroborar la famosa frase Sartre: el infierno son los otros. Y lo logra.

Hay que decirlo. No es un libro alegre, a pesar de sus destellos de humor. Es un libro doloroso, una reflexión pausada del encierro y las posibles salidas para liberarse de él. Sexo, violencia, marginalidad y muerte. Sospecha, miedo, paranoia y traición. Alguien siempre está ahí para contemplarnos mientras somos un blanco a derribar. Alguien nos ve sucumbir en un laberinto donde hay más de una salida pero no acertamos a encontrar ninguna. Alguien nos mira y no hay modo alguno de evitarlo. Y de eso se encarga Luis Alfredo Vaillant Rebollar. De recordárnoslo.

Categoría: Reseña de libros | Tags: | | | | |

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