Actualizado el 5 de febrero de 2018

Las sendas ignoradas 1

Por: . 2|2|2018

Este volumen de poemas alberga una esencia —profusa en sus matices—reveladora de una fuerza contundente y un carácter de atrevido vuelo que no sólo impactó a la sociedad y al círculo literario del momento, sino que sirvió de umbral, de punto de partida para que años más tarde llegaran otras voces —tanto femeninas como masculinas— a engrosar el universo de la poesía carcelaria cubana. Expreso mi enorme agradecimiento a Evelia Zayas Chapman y Sonia Gómez Castañeda, sin la ayuda y profesionalidad de ambas no hubiera sido posible mi acercamiento a Poemas de la mujer del preso, de Emma Pérez Téllez.

I. Acceso a Emma Pérez Téllez

Si bien Carlos Montenegro ha recibido —digamos— cierto reconocimiento por su obra narrativa en la arena nacional (también escribió poesía, la cual llegó a publicarse en la revista Renacimiento, órgano del penal, en 1924), llama mi atención el hecho de que su esposa Emma, quien gozara de gran prestigio como poeta, periodista y educadora, no haya corrido con la misma suerte.

Es probable que haya influido en ello el hecho de que, en 1960 y en divergencia con el proceso revolucionario cubano, Pérez Téllez decidiera partir a México, estableciéndose luego en Florida, Estados unidos, donde finalmente murió a los 88 años. Condenada al silencio absoluto, la obra y figura de esta mujer ha permanecido —injustamente, demasiado tiempo— en el légamo del olvido, muy lejos del lugar que le corresponde ocupar en los ábsides de la memoria literaria de Cuba.

Nacida en Cartagena, Murcia, España, el 13 de enero de 19002 y contando solo con seis años, emigró a Cuba junto a sus padres, un militar español y una cubana. Inicialmente residió en la provincia de Villa Clara, donde se graduó de bachiller en mayo de 1924. Allí comienza su labor periodística y llegó a dirigir la revista Villa Clara. Publica su primer cuaderno de poemas en esta ciudad, titulado Versos (1923). Casi a finales de los años veinte se traslada a la capital, donde alcanza, en la Universidad de La Habana, el título de Doctora en Pedagogía, en diciembre de 1927. Dos años más tarde culminaría la carrera de Filosofía y Letras.

Establecida ya en la metrópoli habanera, Emma Pérez Téllez establece contacto con la hornada literaria del momento, liderada por el Grupo Minorista y la Revista de Avance, la cual llevaba una campaña por la liberación del escritor Carlos Montenegro, recluido en la prisión del Castillo del Príncipe por cometer asesinato. Aunque Avance encabezaba la empresa por la excarcelación de Montenegro, toda la comunidad literaria estaba sumamente conmovida por aquel autor que, desde la celda y bajo las orientaciones de José Zacarías Tallet (quien por entonces trabajaba como contador en las oficinas del recinto penitenciario), comienza a escribir y publicar poesías y narraciones cortas para la revista Social; alcanzando en 1928, por votación popular, el Primer Premio en un concurso convocado por la revista Carteles con el cuento “El renuevo”.

Miembro de aquel ámbito literario, Emma también se interesó en la suerte del ya para entonces, aunque novel, afamado escritor. Ambos inician una estrecha comunicación epistolar que más tarde se transformaría en relación amorosa. Se conocen a través de Zacarías Tallet y en el año 1929, Montenegro y Pérez Téllez contraen matrimonio en la fortaleza del Príncipe.3

El casamiento con un recluso —convicto por homicidio— suponía un acto de coraje y rebeldía para una mujer de la época; semejante relación y consorcio matrimonial iban en contra de todas las normas morales. Pero no fue sólo este suceso el que permitió vislumbrar la actitud y pensamiento vanguardista de Emma Pérez Téllez; mientras su esposo esperaba la libertad, la escritora y periodista fue concibiendo un poemario donde quedaban plasmadas todas las tribulaciones padecidas durante el encarcelamiento de su amado. En 1932, un año después que Carlos Montenegro saliera de la cárcel, vio la luz el cuaderno Poemas de la mujer del preso, bajo el sello de Carrasa y Cía.

II. Poemas de la mujer del preso: otra arista de la poesía carcelaria

Aunque en la literatura cubana ya había habido escritores que recurrieron a las letras para abordar o denunciar el sistema penitenciario (El Presidio político en Cuba (1871), de José Martí; A una golondrina (1871), de Juan Clemente Zenea; El Renuevo y otros cuentos (1929), de Carlos Montenegro, entre otros), Emma Pérez Téllez se destaca, a inicios de la primera mitad del siglo XX, por abordar, desde otros matices, la experiencia carcelaria con el libro Poemas de la mujer del preso.

Concebido no a partir de la perspectiva del reo, sino desde afuera y para él, desde el distanciamiento, en la constante añoranza del ser querido (lo cual resulta novedoso), este poemario —compuesto por textos que guardan en su conjunto unidad temática— ofrece una desgarradora secuencia de testimonios —mutando de lo amoroso a lo erótico, a la denuncia, de lo íntimo a lo corpóreo, de lo melancólico a la vivaz esperanza— que lo hacen auténtico en muchos sentidos.

El perfil escritural y estilístico de Emma Pérez Téllez mantuvo —en este cuaderno al menos— una evidente propensión a la corriente vanguardista. Coincidiendo con algunos artículos que lograron hallarse4 es posible encontrar, como importantes rasgos de vanguardia, poemas desprovistos de signos de puntuación (concediendo significados plurales, ambiguos, que ofrecen nuevas dimensiones a la lectura), la utilización de elementos visuales y algunas palabras en mayúsculas (asumiendo matices experimentales), el uso de guiones para introducir aclaraciones en el texto poético (como si la voz propia del poeta, o una voz otra interviniera, de improviso, en la dinámica del cuerpo rítmico y gráfico del poema), metáforas e imágenes frescas y diferentes para la época, la aproximación a otros medios artísticos y el propio tema carcelario como directriz.

Sin embargo, considerando el momento histórico y las reglas sociales entonces imperantes, conjeturamos que la escritura de un libro de tal índole es ya meritoria, sobre todo por su condición de mujer, la madurez personológica y emocional que proyectó —siendo muy joven todavía— al asumir los escenarios y desafíos de su casamiento y escritura.

Para Pérez Téllez la prisión no es un fenómeno metafórico (encadenamiento espiritual, moral o de ideas a pesar de un aparente albedrío), sino el espacio físico, tangible, donde se priva al hombre de su derecho más elemental: la libertad. La piedra, el foso, las rejas, los guardias, son elementos que construyen el ámbito reducido, la sensación de asfixia ante la inutilidad y digresión de un tiempo que parece transcurrir como en otra dimensión, el sometimiento, todo lo que separa al reo de la realidad más allá de las verjas.

La condición del preso —asumida y vivenciada desde el cuerpo/alma y con el cuerpo/alma, tanto por el que se encuentra tras las rejas, como por el que aguarda fuera de ellas— es en este libro causa de martirios corporales —entiéndase palpables— y emocionales. Siendo que el recluso no es la única víctima de su encarcelamiento (la madre, esposa e hijos también lo son, o pueden serlo), este cuaderno encierra un notable valor sentimental al ser forjado desde el dolor, la frustración y el constante flagelo de la espera de la mujer que evoca y desea a un hombre no puede poseer porque impávidos barrotes lo mantienen lejos, aislado de toda súplica y lamento exterior.

Este volumen de poemas alberga una esencia —profusa en sus matices—reveladora de una fuerza contundente y un carácter de atrevido vuelo que no sólo impactó a la sociedad y al círculo literario del momento, sino que sirvió de umbral, de punto de partida para que años más tarde llegaran otras voces —tanto femeninas como masculinas— a engrosar el universo de la poesía carcelaria cubana.

Tras Poemas de la mujer del preso aparecieron libros como Versos míos de la libreta tuya (1934), de Teté Casuso, dirigido a Pablo de la Torriente Brau mientras se encontraba en prisión; Presidio Modelo (1935) del propio Pablo; Las cartas y las horas (1977) y Mar entre rejas (1977), ambos de Juana Rosa Pita, escritos para el recluso Ángel Cuadra; Poemas en correspondencia (desde prisión) (1979), de Ángel Cuadra en respuesta a Juana Rosa Pita; y Donde estoy no hay luz y está enrejado (1981), de Jorge Valls.

Emma Pérez Téllez publicó, además del libro dedicado a su esposo, otros poemarios como Niña y el Viento de Mañana (1937), Niños de Dostoievsky (1938), Isla con sol, poesía en la escuela (1945), dirigidos al público infantil; y todos fueron muy bien acogidos por los críticos de entonces, recibiendo comentarios positivos de autores como Jorge Mañach, Emilio Ballagas, Félix Lizano y el propio Nicolás Guillén.5

Su trabajo como periodista quedó recogido en el diario Hoy, en la sección Mi Verdad y la Vuestra; también fue redactora de Tiempo en Cuba y en 1945 publicó Cuentos cubanos (antología). Dirigió la revista Gente de la Semana entre 1953 y 1954. Trabajó en Aurora, Gaceta del Caribe, Nosotros, Revista de la Educación, Bohemia, Social, Universidad de La Habana, entre otros. Su obra formó parte de importantes antologías como Los poetas villaclareños (1927) y La poesía cubana (1936) y (1937).6

Todas las líneas poéticas y periodísticas en las que se destacó esta autora, resultan hoy poco o nada conocidas para el público lector, incluso para el medio académico cubano; salvo su antología que ha sido algo comentada y su labor como maestra del Instituto de la Víbora, donde tuvo alumnos como Roberto Fernández Retamar, que han dejado testimonio de aquella faena.

Sirva, pues, este artículo —escrito cercanamente al 118 aniversario de su natalicio— a modo de homenaje y evocación de Emma Pérez Téllez, para que su impronta encuentre sitio en el imaginario de aquellos que, habiendo desatendido las rutas de sus signos, ahora descubran que algunas sendas pueden ser ignoradas, pero no olvidadas.

 

La Habana, diciembre de 2017

 

NOTAS

1. Fragmento del poema “primera carta” de Emma Pérez Téllez

2. En las diferentes publicaciones que se confrontaron para la realización de este artículo, hemos encontrado divergencias en cuanto a la fecha de nacimiento de Emma Pérez Téllez. Algunos críticos y periodistas señalan como año de su nacimiento 1900, otros el año 1901. Como fuente fidedigna hemos tomado el Diccionario Bio-bibliográfico de escritores españoles en Cuba. Siglo XX, de Jorge Domingo Cuadriello, publicado por la Editorial Letras Cubanas (2010), donde se ubica el nacimiento de Pérez Téllez en el día y año utilizados en esta propuesta.

3. Cfr. Introducción de Jorge Domingo Cuadriello a Hombres sin mujer (Editorial Letras Cubanas, 2013) de Carlos Montenegro, p. 19-20

4. Cfr. Al otro lado de la piedra: cárcel y escritura en Poemas de la mujer del preso de Emma Pérez, por Ana Casado Fernández: (http://www.habanaelegante.com/Spring_Summer_2013/Dossier_Poetas_CasadoFernandez.html).

La desaparición de Emma Pérez, Por Rafael Rojas: http://www.librosdelcrepusculo.net/2012/06/la-desaparicion-de-emma-perez.html

5. Cfr. Repertorio Americano, semanario de cultura hispánica, 8 de mayo de 1937, p. 280-287.

6. Cfr. Diccionario Bio-bibliográfico de escritores españoles en Cuba. Siglo XX, de Jorge Domingo Cuadriello, Editorial Letras Cubanas (2010)

Emma Pérez Téllez se destaca, a inicios de la primera mitad del siglo XX, por abordar, desde otros matices, la experiencia carcelaria con el libro Poemas de la mujer del preso.

 

Poemas de la mujer del preso, de Emma Pérez Téllez

 

un poema al adiós escapado

 

tu adiós

se fuga por entre las rejas

igual que un ave de su jaula

 

aquel guardia tiende su brazo azul

y se afana por apresarlo

 

la dulce paloma perseguida

—audacia de tu pañuelo blanco—

unta de tu presencia los caminos

que bajan —lentos— de la cárcel

 

cuando el último de ellos

—como un río—

me arroja en la cuidad ufana

me echo de menos a mí misma

 

entonces

comprendo que tu adiós se ha fugado

—esta vez de la cárcel de mis ojos—

por entre rejas de distancia

 

el viento pastoreando las nubes

silba tristezas en su flauta

 

y el mar ofende con su aliento cruel

el rostro suave de la tarde

 

poema del “público negado”

 

todavía no quiero comprender

 

mas la mañana ha madurado

y ha caído —de una rama de hielo—

entre mis manos defraudadas

 

escrutarán —buscándome— el camino

los ojos verdes de los álamos

 

el almanaque —cuatro de noviembre—

trae en sus brazos —como criaturas muertas—

las horas —tres— que nos negaron

 

todos los santos —el tuyo hoy—

son de piedra

como los muros de la prisión

 

no obstante

las corrientes de mi dulzura

—lentas—

fertilizan tu soledad

 

no hay piedra

que no atraviesen estas aguas

 

junto al block —inmóvil—

de los días

que tercamente nos separan

le doy —gozo de pájaros— al viento

el grito de mi esperanza intacta

 

PRESO

 

acabo de arrancarme tu adiós

y ya me es necesario recordarte

como a través de siglos

y de cielos

 

te hablo y ya no puedes precisar

las palabras ni el color que tengo

 

extenderás con emoción los brazos

y no podrás aprisionar mi carne

 

mirarás el espejo

donde se reflejó mi palidez

y verás sólo tu tristeza

 

buscarás en la pared mi sombra

y encontrarás encorvada la tuya

bajo la angustia de mi ausencia

 

todo lo que tuvo a tu lado

una vida por mi contacto

ha muerto

 

ni fugas exteriores ni interiores

te son posibles: el silencio

de tu larga prisión comienza ahora:

la nueva soledad de una hoz

que siega todos tus ensueños

 

estoy tan perdida para ti

como los claros días de hace diez años

en que gozabas del azul de afuera

 

pero aún bebo la pena de tu vida

en el vaso tibio de tu aliento

y tengo los dedos aferrados

al dolor que te destroza el cuello

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