Actualizado el 5 de marzo de 2018

La isla de los senderos que se bifurcan

Por: . 5|3|2018

“Sin dudas era mucho mejor que

estar buceando en la basura de su propio barrio”.

El castillo de papel, Davide Barilli

 

“Soy ya un hombre sin futuro y sin dientes”, nos espeta el narrador en la primera línea del cuento con el que Davide Barilli (Parma, Italia, 1959), escritor y periodista, nos insta a la aventura por los mejores y peores paisajes de un trozo de tierra anclado en El Caribe. Isola di Cuba. La mayor extensión de tierra en un archipiélago sometido a la furia de los elementos. Y a la crudeza de las ráfagas del Período Especial.

Un hombre sin dientes y sin futuro en una isla con más de un sendero que se bifurca. En el libro de cuentos El castillo de papel (Colección Sur, 2017), hombres más o menos desdentados, más o menos fláccidos, pero dispuestos a no “pasarse con fichas”, van por la vida creyendo que todavía se mantienen a flote. La dura lucha por la vida en un escenario adverso. Ni derrotados ni vencidos. Así se creen. Pero no advierten que el derrotero seguido es, en realidad, un sendero que se bifurca.

Hay en la prosa de Barilli la agilidad y agudeza del narrador y periodista dispuesto a descubrir el rostro oculto del país al que se arriba de visita. Bien mirado, tal desplazamiento es como un alunizaje. El forastero, sin lugar a dudas, “está en la luna”. Ido del mundo. La “gravedad” en El Caribe, o precisemos: en Cuba, es otra. Idioma, clima, el tempo y calidad de los servicios, el paisaje de la ciudad, sus gentes. Barilli intuye cuanto tiene delante y apuesta por no devenir “un yuma” más. Más sabe el diablo por periodista, o por escritor, que por diábolo.

Los cuentos de este breve cuaderno nos revelan a un narrador (ya sea en la piel de uno o varios cubanos satos, o en la del viajero sin abolengo pero nunca ingenuo), y a un escritor situado en el lado menos amable de la realidad cubana. Esa, sí, también es más extraña que la ficción. Traducirla es todo un reto. Porque lo usual son la profusión de viejos carros americanos, negras y negros en medio de un ritual de santería, la mulata dándolo todo en una cama con un vejete que mal habla el hezpañol.

El libro de Barilli, ciertamente, es un castillo. De papel. Habitaciones, sótano, jardines, pasillos, pasadizos, torres, un foso, el cadalso. Y gentes en su interior. Mujeres y hombres de mejores y peores ingresos habitando con sus penas y sus glorias, y como mejor pueden llevar la vida, en un país “de papel”. El papel y la palabra es cuanto tiene Davide para recopilar y la traducir una realidad.

Castillo y país, aquí, representan el mismo escenario azotado por una severa crisis que se antoja interminable. Los senderos recorridos por el narrador, o los narradores, como vectores cruzan el centro y las afueras de la ciudad. La Habana Vieja, Alamar, Santiago de Las Vegas, Cojímar. Se extienden incluso hacia lugares donde el turismo no es una realidad, sino una hipótesis: Batabanó.

Esos senderos, sinuosos tal cual sucede en el entorno de Lo Real, se bifurcarán. Una rama mantiene la ruta puertas afuera justo allí donde la vida es en rigor ardua, casi atroz. La otra conduce hacia los espacios más o menos privados en las cuales acontecen no pocas vidas: el interior de un palacete en ruinas donde un singular personaje custodia la antigua biblioteca de un marqués, el cuartucho sobre el dienteperro donde supuestamente vivía una muchacha, el desvencijado elevador en el que transcurren los días de un negro muy viejo con habilidad enorme para sobrevivir, el Malecón, una casa de empeño y el cuarto donde se almacena todo lo empeñado.

Oscuridad, luz, calor, olores, color. Incluso sabores. Davide Barilli hace la cata de un país ajeno, para ello además pone delante de sí tanto la literatura (libros y autores canonizados u olvidados) como la iconografía religiosa y política (el viejo Lázaro y el Che). El castillo de papel no parece ser el único “experimento” nacido de tal apuesta. Están las novelas Las velas de Baracoa (2009) y El nacimiento del Che (2014), lo cual significa, más que una certeza, la extensión de una pregunta: ¿Cómo ha podido ser? Quizá, en tanto aproximación, en tanto noción, o a manera de coordenada, una frase tomada del cuento El gallo en bicicleta: “Sin dudas era mucho mejor que estar buceando en la basura de su propio barrio”.

La lectura de El castillo de papel, y la de los otros libros, nos llevarán a la respuesta.

Categoría: Reseña de libros | Tags: | | | |

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