Actualizado el 24 de julio de 2018

La fruta maldita de un rey sin corona

Por: . 20|7|2018

Guatemala, en el presente, existe a ratos. La verdad, tiene que ocurrir alguna catástrofe para que los lentes enfoquen la tierra de los hombres-raíces. Hombres-raíces de la postmodernidad: interconectados más por redes sociales que por relación harmónica con la naturaleza.

Cuando nos enfrentamos a los libros de Miguel Ángel Asturias, en especial El Papa Verde (1954), pareciera que viajáramos a la Atlantis legendaria en pleno proceso de sumersión. Un lugar donde el episodio de la conquista se repite tantas veces sea necesario, venga de la mano de quien venga, hasta que muere la vida, y con ella la posibilidad de cualquier desarrollo económico futuro. Entonces, los magnates bananeros, venidos de otro mundo, quieren comprar los terrenos de los nacionales y no entienden la negativa de quienes jamás podrán desprenderse del suelo que los vio nacer. “No eran humanos. Eran raíces, raíces. Y no quedaba sino arrancarlas, exterminarlas, como parte de los bosques que ya se descuajaban en los terrenos baldíos para empezar las plantaciones”.

El viaje —y el libro— comienzan sobre la cubierta de una embarcación capitaneada por Geo Maker Thompson, gringo que hizo fortuna por aquellos lares. Los pasajeros no entienden por qué el norteamericano mantuvo en secreto los desperfectos del navío, ni por qué continúa el trayecto a pesar de la tormenta.

“¡Gringo más desalmado! (…) ¡Ambicioso: exponernos por unos cuántos pesos!”, se escucha en el grupo de los que desembarcan la caracterización perfecta del Papa Verde. A partir de ese día, Maker Thompson se dedicará a capitanear otra embarcación (las plantaciones de banano), que avanzará sobre el sudor de los trabajadores guatemaltecos.

El Papa Verde (1952) pertenece a la llamada Trilogía de las Repúblicas Bananeras, donde además se incluyen Viento Fuerte (1950) y Los ojos de los enterrados (1960).

Como asegura Eduardo Galeano, “Miguel Ángel Asturias narró el proceso de la conquista y el despojo en Centroamérica. El Papa Verde era Minor Keith, rey sin corona de la región entera, padre de la United Fruit, devorador de países”.

En Las venas abiertas de América Latina, Galeano recuerda las palabras de Jonh Dos Pasos cuando en El Paralelo 42 explica que: “En Europa y Estados Unidos la gente había comenzado a comer plátanos, así que tumbaron la selva a través de América Central para sembrar plátanos y construir ferrocarriles para transportar los plátanos, y cada año más vapores de la Great White Fleet iban hacia el norte repletos de plátanos, y esa es la historia del imperio norteamericano en el Caribe y del canal de Panamá y del futuro canal de Nicaragua y los marines y los acorazados y las bayonetas”.

Catalogado dentro del “realismo mágico”, aunque tal vez más inclinado al indigenismo, Asturias encuentra poesía en las leyendas, en la cultura maya, en cada palmo del paisaje descrito a través de las páginas de esta obra con sabor a ira silenciada, a rencor que se ahoga en un mar de desapariciones, asesinatos, estafas.

El texto alterna la denuncia directa, a través del diálogo entre los diferentes personajes arquetípicos del continente, con las palabras del narrador, que se vale de un lenguaje tan hermoso como cerrado, no por esa tendencia voyerista que se afana en el intimismo, solo de utilidad para los amigos personales del autor, sino por los códigos de un pueblo que intenta reivindicar su derecho a evadir el discurso hegemónico, a no ceder ante el país del masca-masca.

Por este motivo, en ocasiones el lector pudiera encontrarse con párrafos casi imposibles. Solo bastaría, en dicho caso, comportarse como uno de los personajes del libro: Ray Salcedo, arqueólogo supuestamente enviado por una institución científica para estudiar los bajorrelieves de Quiriguá, quien miraba los signos de la piedra en espera de que estos le hablasen, de tan indescifrables.

Asturias se propone explicar, literatura mediante, el origen de la pobreza de América Latina, en un período cercano al despunte de los Teóricos de la dependencia: Raúl Prebisch , Adré Gunder Frank, Celso Furtado, entre otros investigadores, que incluían en sus postulados —además de las categorías centro-periferia para entender el desigual desarrollo de las naciones—, el origen de la miseria de los pueblos colonizados en la riqueza de sus suelos, como le sucede, en el caso particular de la novela, a Guatemala con el guineo y la sobreexplotación de los terrenos por agentes externos.

Dos mentalidades se enfrentan en el nuevo período colonialista: la pragmática de quienes adoran el dinero más que cualquier cosa: los norteamericanos y la espiritual de quienes se nutren de la naturaleza cual raíces: los guatemaltecos. Mayarí, amor de juventud de Geo Maker Thompson, la relación entre ambos en sentido general, bien lo simboliza: “Tener necesidad del progreso y abominar de él porque nos lo traen ustedes que no son nadie, es nuestro triste destino; y por eso me subleva que te quieras casar conmigo; que yo vaya a partir el pan de mi mesa con un hombre que se lo quiera quitar a los míos”.

Y esta será una de las tantas ocasiones donde se tocará el tema del progreso, ya sea a través del doble discurso gringo, ya sea por boca de militares sedicioncitas e ignorantes que fueron engañados, como si de ello no dependiera el porvenir de los suyos: “El progreso exige que desalojen las tierras para que estos señores las hagan producir al máximo; y saliendito o dejandito el pellejo (…) Se les domina (a los hombres) para hacerlos progresar, como a los niños que se les castiga para su bien, para su progreso”, como expresa “el comandante” en diálogo con Mr. Thompson.

Miguel Ángel Asturias. Imagen tomada de www.biografiasyvidas.com

Miguel Ángel Asturias. Imagen tomada de www.biografiasyvidas.com

Miguel Ángel Asturias perteneció a aquella generación prodigiosa de los 60´s. En tiempos de posmodernidad, post-boom, crisis de paradigmas, la Editorial Arte y Literatura permite el acercamiento del público cubano a la sapiencia de hombres que abarcaron de extremo a extremo la realidad de América Latina, mientras se debatían entre el bolígrafo y la carabina parafraseando a Fuquet y Gómez en el prólogo de McCondo, y no entre la difícil decisión de escribir en la computadora de mesa o en la Laptop. Tal vez la última casta de hombres que sufrió el nacer en un pueblo arrancado de raíz.

Categoría: Reseña de libros | Tags: | | |

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