Actualizado el 6 de mayo de 2011

¿Más allá del efímero deleite?

Por: . 6|4|2010

Quienes hayan asistido a las Romerías de Mayo, conjunto de eventos que desde 1994 se celebra en la ciudad de Holguín durante la primera semana de dicho mes y organizado por la Asociación Hermanos Saíz, concordarán conmigo en que la primera ganancia de este encuentro entre jóvenes artistas de todo el país y de otras partes del mundo radica justo en ser un espacio real de confrontación múltiple. Por esos días se reconoce una generación de personas que conforma un modo nuevo de entender la cultura o que está gestando una nueva cultura cubana. Claro que las Romerías, como su nombre lo indica, constituyen una fiesta popular de celebración, y sucede que en tal ambiente festivo se pretenden legitimar conceptos novedosos, los cuales en muchos casos son problemáticos o problematizadores.

En lo anterior se produce cierta incoherencia pues el carácter de gran festín hace que se priorice lo espectacular y se dé paso —incluso por encima de la voluntad de los organizadores— al concepto de la cultura como entretenimiento y sólo algo utilitario, y no permite activar en la mayoría del público participante en la fiesta modos más diversos y profundos de la cultura. He ahí, en mi opinión, la base de los problemas organizativos que suelen acontecer en la jornada, es decir, la contradicción entre el objetivo de querer promover una cultura que se está legitimando, y el hecho de tener que enfatizar en el espectáculo por su punto de partida como fiesta popular tradicional.

Por eso, pese a los notables esfuerzos de la AHS holguinera, y a que en lo teórico así están concebidas, aún falta un largo camino para que las Romerías se proyecten en la práctica con una mirada verdaderamente ecuménica de la cultura y que incluya a los estudiantes universitarios y a otros sectores intelectuales de la provincia, por ahora poco o nada presentes en los eventos teóricos. Y es que no se pueden seguir trasladando los foros habaneros de discusión a Holguín durante una semana y que los creadores de la localidad no sean entes actuantes en los debates, porque las Romerías, entre otras cosas, han de servir para activar la cotidianidad de la cultura en su ciudad. El prestigio y la capacidad que se ha ganado la AHS en Holguín tienen que ser aprovechados para refractarlos por igual a todas las zonas de la cultura. La plurivisión por la que abogo demanda de los factores involucrados en la realización del encuentro un mayor nivel de comprensión de los procesos culturales.

Dentro de los eventos de las Romerías, el dedicado a las artes plásticas, Babel, ha devenido modelo paradigmático para los restantes al ser el que mejor está definido y se integra muy bien a su contexto a partir de que los jóvenes de todo el país y la provincia sede se encuentran en la ciudad de los parques para dialogar y reconocerse. Por su parte, el Premio Memoria, llamado a convertirse en la columna vertebral del certamen, para lograr el propósito de que le dio vida debe tener una definición conceptual más orgánica para que la novel generación de investigadores de la cultura vea esta ocasión como el espacio idóneo para valorar y validar su trabajo. En tal sentido, el jurado y los conferencistas tienen que resultar los de mayor calidad posible y que sean modelos dignos de imitar por su nivel científico, de especialización o de aporte realizado a las ciencias sociales, lo cual haría tremendamente atractiva las sesiones del Premio para especialistas y público en general, que así tendrían un particular estímulo en participar. Incluso, acorde con sus fines, me atrevo a sugerir que Memoria se estructure en tres zonas temáticas: una teórica o culturológica, una artística y literaria, y una de investigaciones históricas y socioculturales, con lo que el encuentro adquiriría dimensiones insospechadas.

Aunque de lo que expuesto se desprende la necesidad de un replanteo de los principios organizativos de las Romerías de Mayo para traducirlos en la praxis cultural de esos días, cualquier acercamiento al asunto ha de partir de reconocer que en el país no hay otro evento como éste y por lo necesario que resulta para el proceso de maduración del futuro rostro intelectual de la patria, todos estamos llamados a preservarlo y a impedir con un accionar mancomunado que la desidia, el desinterés y la ineptitud malogren una hermosa y loable iniciativa.

El Caimán Barbudo, Edición 287, 1998 p.31

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