Actualizado el 7 de mayo de 2011

Una huella en el asfalto

Por: . 7|4|2010

Una canción aproxima. Lo digo, porque hace ya unos cuantos años escuché a Carlos Varela cantar La palanca, en el patio de la casa del Joven Creador, y fue suficiente para no perderle jamás el rastro. Para esperarle siempre un nuevo tema revelador de una pupila ética que trasciende modas y tendencias, como le cuadra a un autor creador nacido de la Revolución.

Un año atrás quizás me hubiera guardado, cauteloso, unos cuantos meses esta entrevista, inseguro de que a ustedes les interesara tanto como a mí tener a Carlos al alcance de una batería de preguntas capaz de obligarlo a reflexionar sobre su trabajo y las islas adyacentes. La popularidad alcanzada en los últimos meses me inclina incluso a interferir lo menos posible la comunicación entre ustedes y el autor de Jalisco Park.

—Empecé a cantar sin saber lo que era un trovador. Con el tiempo descubrí que tenía un público deseoso de escuchar mis cosas y cantarlas conmigo. Ellos me dieron esa responsabilidad, y no sólo en el escenario, sino también en la calle, en la vida.

— A esta altura creo que soy una especie de gnomo con espíritu de trovador. Siempre impaciente por decir algo y por salvar algún obstáculo. Sin olvidar que mi principal obligación es tener para cada oportunidad una canción nueva, y si es posible, mejor.

UNA CANCION QUE NOS COMPROMETA

— No tengo dudas: cualquier empresa que asuma nuevas ideas, proponga cambios de cualquier tipo, corre el riesgo de no ser aceptada. Yo estoy dispuesto a correr ese riesgo como trovador. Haidée Santamaría dijo: …no sólo una canción comprometida, sino también que nos comprometa.

—Nunca se está a salvo de que alguien malinterprete una canción. Desde los inicios de la Nueva Trova hay ejemplos de ciertas canciones malentendidas por algunos. Por suerte no son la mayoría. Ahora, te digo, si por una parte entiendo la naturaldesconfianza ante el artista joven, aquel que tendrá que probar su eficacia, por otra parte te aseguro: siempre que te acerques predispuesto a ese artista joven, vas a creer encontrar fantasmas donde no lo hay.

NO CREO QUE MIS LETRAS SEAN INMEDIATAS

—No, no me preocupa que mis canciones se pierdan poco después de desvanecida la circunstancia que enuncian. En primer lugar porque sólo una pequeña parte de mis canciones son algo inmediatas, o demasiado localistas, y no temo que mañana nadie las cante y sólo sirva de recuerdo. Uno va adquiriendo habilidad para convertir un hecho individual en una resonancia universal, pero de todas maneras me parecen válidos ciertos códigos del cubano, con los cuales nos entendemos nosotros, aunque para otro público requiera determinada explicación.

— Por ejemplo, cuando Silvio en una canción dice chapa HK, para nosotros esas dos letras encierran un significado especial —inmediato—. Nos trasmiten una serie de valores donde está implícito, un auto, otra nacionalidad, un modo de vida distinto, determinados privilegios, todo esto resumido en sólo dos letras. El cubano, en el plano del lenguaje popular, elabora una serie de códigos y me parece importante utilizarlos. En este sentido Juan Formell ha sido un cronista destacado en la cancionística cubana de los últimos 20 años.

BUSCANDO SIEMPRE EL EQUILIBRIO

— Creo que el texto juega un papel fundamental en mi canción y me atrevería a decir que en muchos casos la balanza se desplaza más hacia el texto aunque los concibo totalmente fusionados. Por lo general escribo el texto junto con la música, buscando siempre un equilibrio.

—¿Los temas fundamentales, me preguntas? La ciudad, el hombre, las aspiraciones y las frustraciones de mi generación. Esto narrado mediante personajes cotidianos, o de historietas que por lo general tienen un matiz urbano. Por lo demás estoy seguro de no ser una excepción.

— A veces escucho una canción de otro y me hubiera gustado haberla echo yo. Esto me sucede a menudo con Gerardo, Santiago, Donato, Frank, Roberto o Tosca, por solo citar algunos. En este sentido algunas de mis preocupaciones pueden ser coherentes con la de los otros; pero por su puesto, también hay diversidad de gustos y criterios en cuanto a propuestas estéticas, la concepción del espectáculo, el lenguaje, la posición musical, y por eso, aunque en esencia busquemos lo mismo, nos diferencia mucho la forma.

— ¿Sabes una cosa que años atrás ni me imaginaba? Me siento identificado con la obra de un grupo de numeroso de jóvenes creadores cubanos. Es curioso que actualmente comparta mi vida y mi trabajo con jóvenes pintores, teatristas, poetas, críticos y cineastas, más que con jóvenes trovadores. Durante considerable tiempo creo que todos sufrimos la desinformación recíproca e incluso valoraciones superficiales e inmaduras sobre la labor de los demás artistas jóvenes. Esto condujo a desagradables discusiones públicas entre trovadores y poetas. Al final, algunos descubrimos que la fusión nos permite elaborar proyectos mucho más importantes.

YO SOY EL PROTAGONICO

— No creas, no es un contrasentido me apego al estudio del teatro. Es un elemento presente en mí, dentro y fuera de la canción. Concibo muchas canciones como pequeñas obras de teatro, donde aparecen personajes con sus conflictos y hasta con su escenografía que pueden ser reales o no. Muchas veces soy el protagónico y La Habana es la escenografía. Tengo canciones donde está el vendedor de periódicos el barrendero, “El Plátano” —el fotógrafo de la Nueva Trova— con su cámara y bolso viejo, un espantapájaros, la mujer transeúnte, un funcionario, un turista, un perro, y hasta yo mismo disfrazado de gnomo.

—Me interesa mucho explotar los elementos teatrales en el concierto, la escenografía, las luces, la expresión corporal, porque ayudan a multiplicar los niveles de lectura de cada canción.

LA SEÑAL EN EL ASFALTO

— Hasta ahora nadie se ha interesado por proyectar mi trabajo. Me refiero a las empresas creadas para estos fines. La divulgación prácticamente me la hago yo mismo en el escenario. Lo poco que se pasa por radio se lo debo a unos cuantos jóvenes. Ellos han tenido la amabilidad de grabarme algunos temas y los repiten a cada rato, sobre todo por Radio Ciudad de la Habana y, últimamente, en La Voz del Níquel, en Moa. También hay muchachos que graban los conciertos y luego se los pasan de mano en mano.

— Aún no he grabado un disco. Estuve en los estudios de la EGREM formando parte de los 23 trovadores que cantamos Soñar una misma verdad y luego, gracias a Amaury Pérez, que me llamó a utilizar parte de un turno suyo, grabamos de un tirón, y a dúo, En blanco y negro, el tema que dediqué a “El Plátano”, He cambiado cuatro veces la idea de mi primer LD. A medida que pasa el tiempo van envejeciendo las canciones aunque mantengan la preferencia del público. Cuando la divulgación no marcha pareja a tus creaciones dejan de funcionar muchas cosas.

—Ya lo he dicho varias veces, pero si tú me lo permites, lo repito. Fui a México por gentileza de Amaury. Fueron dos meses de intenso trabajo en los cuales pude comprobar su sentido de la responsabilidad ante el trabajo en escena, en el que hasta el más mínimo detalle está calculado. Tuve la oportunidad de enfrentarme a grandes salas con un público que lo iba a ver a él, sin conocer nada de mi quehacer, y sin embargo, desde el primer concierto sentí una acogida sorprendente.

— ¡Ah, lo del grupo! El proyecto surge por la necesidad de ampliar el formato de algunas canciones, y como trabajo, fundamentalmente, la temática urbana, decidimos llamarle Señal en el asfalto. Los demás integrantes son del ISA, y por eso ensayamos un tiempo allí con instrumentos deteriorados, pianos faltos de teclas, baterías incompletas, amplificadores viejísimos que hacen tremendo ruido…

—Luego la gente del grupo Síntesis nos prestaron sus instrumentos por varios días, y nos invitaron a su peña del cine 23 y 12. La respuesta del público fue muy buena y eso nos dio fuerzas. Pero en realidad seguimos ensayando con instrumentos de trapo. Hasta este momento nadie nos ha dado nada. Espero que aparezca una institución a la cual presentarle el proyecto y decida si es válido o no. Tenemos mucho entusiasmo, pero no nos podemos pasar la vida pidiendo instrumentos prestados o ensayando con equipos de “mentiritas”.

COMO CUALQUIER JOVEN

—Sí, creo que dentro de la Nueva Trova hay varias generaciones. Y no sólo por un asunto cronológico; pero al fin y al cabo, sirviéndome de la cronología, la mía vendría a ser la generación del 80. Esencialmente me siento contento de ella. Está conformada por creadores que razonan, critican, no son conformistas, exigen desde posiciones constructivas… a partir de valores aprendidos de mucha gente que hizo y hace esta Revolución.

—Por eso nos duele cuando alguien nos subestima o no provoca el diálogo, cuando alguien actúa como si prefiriera que fuéramos unos tontos pasivos. Lo cierto es que, gracias a la Revolución esta generación ha estudiado lo suficiente como para razonar, llegar a conclusiones y hacer propuestas atendibles. Actuamos como lo haría cualquier joven auténtico formado por la Revolución.

—Ya me extrañaba que me dejaras ir sin lanzarme esa pregunta. Chico, para mi la Nueva Trova fue como un arbolito sembrado entre piedras por un grupo de locos, regado por otros, cuidados por muchos más durante quince años, cuando creció, lo dejamos solo. Algunos pasamos ahora y lo miramos con nostalgia. Hay quienes todavía lo usan como slogan y se cobijan bajo su sombra. En realidad ya no es un movimiento como organización, sino un fenómeno estético que nos agrupa a unos cuantos y nos identifica.

(Tomado de El Caimán Barbudo 255)

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