Actualizado el 4 de julio de 2010

Si quieres alegrar tu corazón

Por: | Fotos: . 8|6|2010

Portada del disco Noventa años del Septeto Habanero, bajo el sello de Producciones ColibríMe inclino a pensar que la germinación del son cubano se produce en los años finales del siglo XIX, aunque empieza a proyectarse públicamente desde los albores de la pasada centuria. En un principio fue el hombre solo, cantando en compañía del tres, y luego, de manera espontánea, comenzaron a juntarse más músicos, trayendo como resultado los formatos de dúo, trío y cuarteto, lo que guardaba relación con la manera de asociarse que ya tenían los trovadores. Así sucedió todavía en las primeras dos décadas del XX, cuando nadie sospechaba que este género musical se iba a convertir en expresión rotunda de la identidad cultural de la Isla.

Justo en 1920, el guitarrista y voz segunda Guillermo Castillo funda el Sexteto Habanero. Los demás integrantes son Gerardo Martínez, voz prima; Ricardo Martínez, tres; Joaquín Velazco, bongó; Felipe Neri, maracas y coro; y Antonio Bacallao, botija. Se trata de la primera agrupación de este tipo, y curiosamente, tuvo su origen en un llamado Cuarteto Oriental. El Habanero crea el formato que marcaría la pauta para la aparición posterior de otros muchos intérpretes del son, entre los que se cuentan El Boloña, El Occidente y El Nacional.

Desde su primera actuación en público, atravesando situaciones mejores o peores, esta agrupación se ha mantenido fiel al son, ganándose el respeto del resto de los músicos de su especie; y también de formaciones que cobraron auge en el contexto musical cubano con posterioridad a la fundación del Sexteto Habanero, como los llamados “conjuntos” y las jazz band.

A lo largo de casi toda su órbita, El Habanero ha variado muy poco su alineación de instrumentos. Así, no tardó en sustituirse la botija por el contrabajo; y en 1927 se introduce la trompeta, que inicialmente tocó Enrique Hernández, y con lo cual logra su condición de Septeto. Arriba escribí “a lo largo de casi toda su órbita”, porque ante la arrolladora presencia de los conjuntos en los salones capitalinos y de otras ciudades del país, en 1951 (según afirma Radamés Giro, o todavía en la década del 40, según escribe Jaime Gracián), Gerardo Martínez, uno de los fundadores del Habanero, decidió acogerse al formato en boga, cambiando el nombre por Conjunto Típico Habanero. De tal suerte, además de Martínez como director y voz tercera, aparecen Maule Furé, voz prima; Enrique Hernández, guitarra y voz segunda; José Interián y José Díaz, trompetas; Mario Carballo, bongó; Alberto Zayas, tumbadora; Francisco Lincheta, tres; y Pedro Clemente, contrabajo.

Pedro Ibáñez, cantante y guitarrista del Habanero desde 1964 hasta su muerteVarios años mantuvo El Habanero esa condición de conjunto, incluso después de la muerte de Gerardo Martínez, a partir de la cual toma las riendas Manuel Furé. Por suerte, volvieron a su rotunda forma de septeto; y en ello mucho tuvo que ver la entrada a la agrupación, en 1964, del compositor, cantante, arreglista y guitarrista Pedro Ibáñez. En realidad, esta vuelta al esquema instrumental ortodoxo se consolidó en 1984, cuando ya Ibáñez se ocupaba de la dirección de la agrupación.

Por el Septeto Habanero han pasado valiosos cultores del son y el bolero cubanos, a quienes tanto tenemos que agradecer los amantes de nuestra música. Entre ellos: Abelardo Barroso, Panchito Riset, Cheo Marquetti, Laíto Sureda, Pío Leyva, Félix Chapottín y Chocolate Armenteros. Mención aparte merece Pedrito Ibáñez. Él tenía ya un camino recorrido antes de entrar al pionero de los septetos cubanos. En Sagua la Grande, donde nació en 1928, se inició en la música tocando claves y maracas con los conjuntos Polar y Los Comandos del 43. En 1948 viene para La Habana y aprende los primeros rudimentos de guitarra con Enrique Hernández, miembro del Habanero, por cierto. Ya en la capital, forma parte del Conjunto Ases del 48 y el Cuarteto Boudet. Desde muy joven se inclinó a la composición. De ello son muestras la canción “Ruego al corazón” y el bolero “Mi inspiradora”, pero sin dudas su pieza más conocida por mucho tiempo fue la canción La trova, de 1964, el mismo año de su entrada formal al Habanero, en donde se convertiría poco a poco en objeto de consagración, hasta su muerte ocurrida en 2007.

Son muchos los aportes de Pedrito al Habanero. Pudieran bastar su canto y su guitarra, pero hay mucho más. Hay que mencionar su manera severa y justa de dirigir. También, a lo largo de más de cuatro décadas compuso muchos sones y boleros, que no traicionaron el concepto sonoro de la agrupación sino que revitalizaban el repertorio del septeto. Y por último, al mismo tiempo que componía e instaba a los demás a componer, tuvo especial preocupación en mantener en sus actuaciones las piezas aportadas desde los años 20 por Guillermo Castillo, Gerardo Martínez y Felipe Neri Cabrera. Así como incorporó obras de autores de la mayor importancia, como el mismísimo Ernesto Lecuona, del cual el Habanero interpreta el bolero “Se fue”. Ahora mismo, la impronta de Pedro Ibáñez es el infalible talismán que mantiene intacta la buena salud de la agrupación.

Actualmente los músicos del Habanero son: Felipe Ferrer, tres y directos; Juan A. Jústiz, voz y güiro; José Antonio Pérez, voz; Emilio Moret, voz y maracas; Ernesto Laza, bongó y campana; Ibrahim Aties, baby bajo; Digno Marcelino Pérez, voz y claves; Gilberto Azcuy, trompeta; Jaime Gracián, manager.

El Sexteto Habanero en 1926Con la dirección artística de Adolfo Costales y Rafael Guedes, bajo el rubro de Producciones Colibrí, entre febrero y marzo de 2009, ellos grabaron en los históricos Estudios Areito de la calle San Miguel, un álbum doble para celebrar el 90 cumpleaños del grupo. Para esa oportunidad convocaron como invitados al guitarrista Erden Hernández, al trompetista Frank Padrón y al veterano cantante Gregorio E. Laza. Y en la constante preocupación por entusiasmar y comprometer a los relevos de mañana, llamaron también a la jovencita Yulaysi Ferrer para que fuera voz solista en el bolero “Odio, hastío y rencor”, y al niño Dayron Rodríguez para ocuparse del bongó en el son “Alerta a los bailadores”.

El álbum suena tan sabroso como las presentaciones en vivo del Habanero. Son veintiséis temas, en los cuales se destacan las firmas de los fundadores Guillermo Castillo y Gerardo Martínez. Recoge una parte significativa de la obra de Pedrito Ibáñez, y también piezas de Emilio Moret, Gilberto Azcuy y Jaime Gracián. Además de sus otros compromisos de trabajo, desde mayo de 2009 el Septeto Habanero mantiene la peña El Son Entero, en el patio bar de los estudios Areito de la EGREM, como parte del “Jelengue”, que bajo la dirección artística del prestigioso productor Jorge Rodríguez, pone a disposición del público ofrecimientos de muy importantes géneros de la música cubana, durante casi todos los días de la semana.

A la peña, que se celebra todos los martes entre cinco de la tarde y siete de la noche, acude un público nutrido por gente de casi todas las edades. Hay ya verdaderos parroquianos, porque el son del Habanero crea adicción; y hay quienes llegan por primera vez, motivados por la recomendación de alguien, la propaganda por los medios electrónicos o el poder informativo del boca a boca. Allí los asistentes pueden beber sus copitas a precio discreto y conseguir el ya mencionado álbum del Septeto Habanero, titulado Noventa cumpleaños. En este espacio, además hacen sus numeritos los colegas de otras agrupaciones, como los santiagueros de Ecos del Tivolí, y casi siempre se puede disfrutar hasta la emoción con la actuación del niño bongosero Dayron Rodríguez. En fin, participar en la peña El Son Entero alimenta el cuerpo y el espíritu.

El Septeto Habanero de hoy, junto con el niño bongosero Dayron RodríguezHace unos treinta años, cayó en mis manos una gruesa placa de setenta y ocho revoluciones por minuto con grabaciones del Habanero. En una de sus caras aparecía ese son emblemático que es “Cómo está Miguel”, aquel que dice: “Si quieres alegrar tu corazón,/ si quieres que la tristeza disminuya,/ escucha al Habanero que no hace bulla,/ y luego si quieres te tomas un ron.” Realmente me cautivó, lo escuchaba una y otra vez, queriendo guardarlo con gozo en mi memoria. Tenía miedo que aquella delicia se fuera a perder en la oscuridad del olvido. Y nada de eso ha sucedido y presumo que nunca sucederá. Lo advertí desde hace quince años, cuando Pedrito Ibáñez me hizo el inefable regalo de invitarme a un ensayo del Septeto. Tocaron ese son para mí y tuve una rara sensación: sonaba a música crujiente de los años 20, y a música nueva, que quiere llegar todo lo lejos que el cubano se proponga caminar.

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