Actualizado el 24 de julio de 2011

Iván Latour

¡El cantor de las flores de mayo!

Por: . 27|12|2010

No recuerdo con exactitud el momento en que Iván Latour y yo nos conocimos. Hurgo en mi memoria y lo ubico en tantísimos conciertos o en descargas entre amigos, que vamos poniéndonos viejos pero aferrados, como cuando éramos unos adolescentes, al placer por la música. Quizás la historia parta de allá por 1978, cuando él y yo ingresamos al Preuniversitario Saúl Delgado, en la calle 25 entre C y D, en El Vedado habanero. En aquellos lejanos años, de seguro entre los mejores de nuestras vidas, no pocos estudiantes del Saúl nos reuníamos para hablar y discutir (a veces acaloradamente) acerca de las bandas de rock favoritas de cada uno de nosotros por dicha época.

Es probable que en alguna de esas muchísimas charlas, por las que en no pocas ocasiones nos quedábamos sin entrar a clases y desparramados alrededor de uno de los bancos del parque Mariana Grajales, al frente del Preuniversitario, Iván y yo nos hayamos conocido. Quizás, nuestros vínculos daten de aquel lejano día de 1984, instante en que por primera vez Latour se subió a un escenario y acompañado por Santiago Feliú y Gerardo Alfonso, ambos desde un mismo piano tocado a cuatro manos, interpretó una canción compuesta por él y que ahora, veintiséis años más tarde, no puedo precisar si fue “El mundo”, composición suya que por entonces solía cantar siempre con el Santi.

Tal vez todo sucediera un tiempo más tarde, cuando ya Iván era especialista en programación en el área de informática y yo periodista y ambos éramos asiduos a Radio Ciudad Habana, donde él laboraba gracias a una gestión de Frank Delgado, quien por la fecha hacía en la otrora muy popular emisora un espacio denominado El salón de los juglares.
¿O qué sé yo? A lo mejor la historia de nuestra amistad es mucho más reciente, y data de cuando Latour, ya convertido en cantautor, conformó un dúo con el amigo Amaury Orúe y se presentaban en la desaparecida Casa del Joven Creador, en la esquina de San Pedro y Sol en la Avenida del Puerto, una instalación cultural fecundada con las alegrías, las tristezas y los aplausos de nuestra generación, entre el audio siempre malo y los peores tragos que uno pudiera imaginar, pero que a nosotros nos sabían a gloria.

Lo cierto es que para esos días, como creador Iván daba testimonio en sus composiciones e interpretaciones de esa zona del quehacer sonoro contemporáneo cubano en la que las fronteras entre el rock y la trova se han roto. Con semejante proceso, él representa el ejemplo del músico en el que las divisiones genéricas y estilísticas se pierden. Esa estrecha relación en la que resulta imposible determinar si se está ante un trovador con influencias del rock o ante un rockero con elementos de trova se evidencia a la perfección en el quehacer de Latour, en el que si bien el corte reflexivo de las letras de sus temas lo emparentaba con lo que fue la Nueva Trova en tanto discurso textual, en lo musical uno encuentra elementos melódicos y armónicos provenientes del hard rock y en particular del grunge, evidenciados en el uso de una guitarra con cuerdas de acero y de inflexiones al cantar, como la característica forma de rajar la voz.

En medio de aquel contexto surgió el grupo Havana, banda encabezada por Iván Latour y que ha quedado como uno de los contados iconos del rock facturado en la isla durante la década de los 90. En el nivel ideotemático, esta agrupación, bajo el influjo del credo personal de Iván, reiteró los postulados de una crisis de los grandes proyectos universales y la fe en las potencialidades del individuo, temas abordados desde un tratamiento íntimo y existencial que en ocasiones contrapuntea con un optimismo mesiánico en una especie de plegaria postmoderna.

Buen ejemplo de lo anterior es el disco Puertas que se abrirán, ópera prima del grupo Havana, fonograma en el que varios de sus cortes (todos de la autoría o coautoría de Latour) apelan al uso de metáforas sacramentales que el oyente tiene que decodificar, como sucede en “Cristo, nueva fe”, pieza esta en la que los enunciados no son propiamente predicativos sino alegóricos. Así, las convenciones cristianas son adaptadas a la realidad cubana de su momento, para de ese modo dimensionarla:

Cristo, nueva fe
asoma en un marco,
sol siempre en la piel
mudo y sin descanso.
Cristo, nueva fe
óleo de mi canto
clavos en la piel;
ya no está sudando.

Cristo, siempre fe
que adora limpiarnos la sien
en pena la suerte
están arruinando la tierra esta vez
vuelve a ser
todo es al revés.
Danos de tu fe,
esa que yo cavo.
la corona aquí
siempre me está hincando.
Cristo ten piedad.
Millones de clavos
no van a entender.
Tú me alegras tanto.
Danos de tu fe…,
me angustia sentir
que la hiel
apura mi muerte;
se están repartiendo mi tiempo
y no sé lo que hacer.
…hazte aparecer.

Idéntico recurso es utilizado en otras piezas escritas por Iván Latour, como “El Mesías” y “Redención de fin de siglo”.

Igualmente, en la poética de este creador uno puede encontrar su personal percepción de los procesos sociales de los cuales la sociedad cubana ha sido protagonista en los años del llamado Período Especial. Por ello, de un modo u otro, él ha abordado en los textos de sus composiciones la crisis de determinados valores experimentada en Cuba durante la etapa comenzada a partir de 1990.

Así, Iván generó un discurso con letras de canciones pletóricas de imágenes duras y un análisis metafórico del contexto, que ofrece una visión intimista y a veces desgarradora en relación con temáticas de la realidad cubana contemporánea. Diríase, incluso, que en ocasiones, su pragmatismo raya en el dolor y de tal suerte, lo hermoso se torna corrosivo y viceversa.

A mi mente viene de inmediato una pieza suya como “Lágrima de sol”, en la que desde la propia metáfora que da título a la melodía, escrita con una poética en la que prevalece el gesto de dolor existencial, se aprecia una muy hermosa muestra de cómo la música sirve a los fines de mantener la sempiterna tradición crítica que ha caracterizado a la cultura cubana y que históricamente ha actuado como un factor dialógico, el cual ha propiciado —de una u otra manera— una suerte de autorreflexión, de mirarnos por dentro y de ir apuntando hacia los distintos aconteceres de la vida cotidiana en/de nuestra historia, tanto desde el punto de vista de los problemas sociales como de los íntimos:

Aún es una virgen. Ha tentado su dolor. Es tan inocente. La acompaña el sinsabor de ver su madre andar ahí dando vueltas a un sillón… Preciado ángel. Infeliz le va a explotar su corazón.
…Hoy va a salir a mal vivir. Revolcándose en todo lo que ve.
Puede alguna mano dispararle mucho amor, ella mientras tanto presta el tiempo; la vida no. Viaja entre Neones, se alimenta en Autostop. ¿Dónde está ese príncipe que mi madre nunca vio? …Es otra lágrima de sol…: Sangra una vez más. …Y no la quieres ver…

Cuando en un momento determinado, Iván Latour decidió reorientar los senderos de su creación musical y apartarse en buena medida de las pretensiones conceptuales que durante un buen trecho de su carrera le animaron, para entonces abordar en lo fundamental una poética en torno al amor, me resulta significativo que hasta hoy no le ha abandonado la capacidad de saber expresar ideas inteligentes, incluso en una propuesta de clara orientación hacia lo comercial y con la intención de insertarse en el mercado mexicano, en el que se desempeña desde hace doce años.

De tal suerte, en lo que catalogo como una segunda etapa en el conjunto de su obra, él le ha legado a la historia de la música cubana un tema tan trascendente como “Otro amanecer”, que transmite el sentir de muchos de los miembros de nuestra generación que han emigrado. En virtud de su armoniosa conjunción entre música y texto, esta creación —escrita por Iván Latour en colaboración con Osamu Menéndez, durante una estadía temporal de ambos en España— clasifica entre lo mejor de la historia del rock hecho por cubanos dentro y fuera de la isla:

Otro amanecer, lejos de saber,
Si en mi Habana llueve aún,
Ciudad de León, llega esta canción,
La nostalgia crece más;
Mis amigos hoy,
son los emigrantes de cualquier lugar,
Me pregunto aún si me quedarán,
cuerpos que abrazar allí,
Cada vez que pienso en alguien es,
Un hermano que se fue,
Cada vez que miro en mi interior,
Siento el ansia de volver
Desde afuera vi lo que ya perdí,
Lo que no tendré, ni más,
Mi ciudad natal, pudo ser la más,
Bella de las que ya vi,
Hablo de vivir, no de sucumbir,
Odio las políticas,
Y hablo en nombre de ellos que no están,
Los que no pudimos más,
Cada vez que pienso en alguien es,
Un hermano que se fue,
Cada vez que miro en mi interior,
Siento el ansia de volver.
…Otro amanecer, lejos de saber,
Si en mi Habana llueve aún.

Ahora, tras la disolución de Havana, Iván comienza una carrera en plan de solista, para lo cual retoma la poética en torno al amor que animase sus primeras composiciones, así como la sonoridad pop rock que encontramos en piezas de Havana como “Puestas de sol”, “Reencuentros” y “Como un rayo”. Una muestra del trabajo por el que en la actualidad Latour está apostando, se pudo escuchar el pasado viernes 19 de noviembre, cuando él fue protagonista de un concierto de reencuentro con el que sin discusión alguna es su público natural.

La función, llevada a cabo en la sala Covarrubias del Teatro Nacional, resultó el contexto ideal para la presentación en Cuba del nuevo disco de Iván, el álbum denominado Flores de mayo y que coprodujera en asociación con Amed Medina (recordar trabajos previos de este excelente guitarrista con figuras como Carlos Varela y Buena Fe), en el que uno de los temas que más capta mi atención es el titulado “La Habana”, cuya letra reproduzco a continuación para que se tenga idea de cuáles son algunas de las inquietudes que se plasman en el actual discurso ideoestético de Latour:

La Habana tiene intacto su reloj.
La Habana y yo temblando de emoción.
La Habana siembra un beso en mi canción
Por mi regreso.

Desnudo voy a salvo con mi voz.
Intento acariciar nuestro dolor
Me dio la Habana entera una ilusión
Para que vuelva…

Cerca del sol
Gotas de sal nos abrazan
Dueña de dios
Presa y verdugo en su casa.

La Habana en brazos del mar
Tan frágil de lastimar
Y yo queriendo llegar
Volverla a ver…

Sueño una nueva puerta
Lejos de una vida incierta.
Siento aflicción en lo más hondo de mí
(me apaga)…

Vengo con tantas heridas;
Siento que la furia alivia.
Tengo aflicción
En lo más hondo de mí
(me apaga)…

La Habana en brazos del mar
Tan frágil de lastimar
Y yo queriendo llegar
Volverla a ver…

Esta pieza, así como otras muchas de las incluidas en el fonograma Flores de mayo, dígase por ejemplo “Día de suerte”, “Adria”, “Solo así”, “Toda muda toda santa”… de inmediato permiten reconocer ese modo de decir composicional e interpretativo al que Iván Latour nos ha acostumbrado desde hace ya más de veinte años y que, unido a la forma en que siempre ha asumido la vida, me llevan a evocarlo como alguien ¡eternamente hippy!

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