Actualizado el 4 de enero de 2011

Tras las huellas de Chan Chan

Por: . 10|12|2010

En el otoño de 1993 vi y escuché por vez primera el cuarteto de Compay Segundo. Fue en las márgenes de las piscina del Hotel Kohly, donde ellos, en la húmeda noche habanera, sin microfonía alguna echaban al aire composiciones mayoritariamente compuestas por Francisco Repilado. Imagino que en esa oportunidad puede disfrutar el son “Chan Chan” por primera vez, que no tenía ninguna popularidad masiva porque ninguna obra de este músico se trasmitía por los medios y muchos consideraban al autor de “Macusa” como ya fallecido.

Aunque en 1994 se utilizó “Chan Chan” en una serie del espacio televisivo Aventuras, esta composición de Compay comenzó su indetenible marcha hacia la gloria es escenarios internacionales. El botón de arranque fue precisamente en los pueblos sevillanos durante el Primer Encuentro entre el Son y el Flamenco. Después de aquello mucha agua ha pasado por debajo de los puentes, como para que se hayan tejido numerosas historias sobre este son. Se aventuran diversas fechas sobre el momento de su creación y también sobre la primera y posteriores grabaciones en estudio de esta obra.

Lo cierto es que “Chan Chan”, aunque está sujeto a cánones estéticos de los sones concebidos desde los años 20, fue compuesto en 1984, según me afirmó el propio Compay.

A estas alturas hay confusión sobre la cronología de los más importantes registros fonográficos de “Chan Chan”. Sin embargo, según la documentación que existe en los archivos de los Estudios Areito de la EGREM, la primera grabación se realizó allí mismo en 1985, con la interpretación de la agrupación que en ese momento tenía un Compay Segundo desatendido por los medios y donde figuraba su hija Amparo. En 1986 Eliades Ochoa graba “Chan Chan” con el Cuarteto Patria en los Estudios Siboney de Santiago de Cuba.

En 1989 Pablo Milanés graba el segundo volumen de de su álbum Años. En él aparecen tres temas de Compay: “Huellas del pasado”, “Macusa” y “Chan Chan”. Este disco negro estuvo muy pronto a disposición de los interesados. Fue de tal suerte la primera vez que “Chan Chan” estuvo en las manos de su público natural, mientras las dos anteriores grabaciones dormían en los archivos con escasas esperazas de ver la luz.

En 1995 se produce la grabación de una antología integral de Compay Segundo en los Estudios Cine Arte de Madrid.

Allí aparece “Chan Chan” por primera vez en soporte de disco compacto. Este proyecto fue producido por el prestigioso músico español Santiago Auserón. Creo que fue él quien por primera vez tuvo especial cuidado en proteger y dar el merecido protagonismo a la poderosa voz segunda de Compay. Este álbum le dio la vuelta al mundo, movido por mecanismos empresariales de carácter transnacional.

Lo anterior prueba, que cuando se produce en 1986 la grabación en los históricos estudios de la calle San Miguel de Buena Vista Social Club, ya el emblemático son de Compay era conocido en muchos países del resto del mundo. Hay que reconocer, sin embargo, que su inclusión en este CD producido por Ray Cooder llevó a la más alta potencia la popularidad mundial de “Chan Chan”. Fue poco después que apareció el premio Grammy para el disco y también el documental de Win Wenders contando a su manera la historia de cómo un rico puñado de viejitos y olvidados músicos cubanos, habían sido puestos en circulación planetaria por un sello disquero británico.

En 1999 aparece el álbum Continental Drifter del norteamericano Charlie Mussel White, en el que aparece como invitado el entrañable Eliades Ochoa. En él aparece una muy singular versión de “Chan Chan” que ellos hacen a dúo, cantando en español y en ingles. Por estos días nuestro Francisco Repilado está cumpliendo ciento tres años de nacido y su Chan Chan, sin ser su obra más representativa, es la más popular y se la puede escuchar en cualquier rincón del planeta a partir su aparición en numerosos CDs. Y aquí mismo en Cuba desde los últimos años 90 y hasta hoy, se ha convertido en cita obligada para las miméticas agrupaciones “soperas”, a la misma altura de “Mamá, son de la loma” de Miguel Matamoros, o “La negra Tomasa” de Rodríguez Fife. Sin embargo no es improbable encontrarse con una nueva versión auténtica y creativa, como la que acabo de escuchar al Septeto Guamá, unos muy buenos músicos que viven al pie del Pico Turquino.

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