Actualizado el 7 de junio de 2011

¡Fuera de liga!

Por: | Fotos: . 2|5|2011

Por fin Rolando Berrío logra dar el concierto que tanto él como nosotros, sus admiradores, nos merecíamos desde hace ya unos cuantos años. Cierto que “Roly” (como todos le conocemos) ha ofrecido en no pocas ocasiones funciones que han dejado satisfechos a los asistentes, como sucediera en su primer A guitarra limpia, que llevase por nombre “De mirar”, o en aquella otra presentación celebrada en el Centro Hispanoamericano de Cultura, como parte del ciclo denominado Verdadero complot. Empero, quienes sabemos de todas sus reales posibilidades, éramos conscientes de que aún no habíamos asistido a una presentación que lograse armonizar esa ilimitada capacidad que posee este cantautor de ser uno y más a la vez, como sabiamente lo ha catalogado Alexis Castañeda Pérez de Alejo.

El hecho de que en cada una de sus actuaciones Roly siempre tiene como principal objetivo sentirse bien, con lo cual consigue inyectar al público su propio estado eufórico, en no pocas ocasiones lo ha llevado a pasarse algo más de lo conveniente en la teatralización de su discurso vital, cosa que por suerte nunca ha implicado una predisposición hacia la sucesión de poses prediseñadas. ¡Todo lo contrario! Lo que ocurre es que un concierto no es lo mismo que una descarga y hay reglas no escritas, pero bien definidas, que no se deben violar. Eso fue justo lo que el pasado sábado 23 hizo Berrío, es decir, tener sentido de la contención y haber trabajado muy duro en el montaje del repertorio con los músicos de respaldo.

Desde que se dejó escuchar el primer tema del concierto, justo la pieza que le daba nombre al espectáculo, es decir, “Solo salen”, con un arreglo en el que se mezclaban ecos de la sonoridad de nuestras formaciones charangueras, lo único que pasada por las influencias del lenguaje beat de la batería, me di cuenta de que ésta no sería una presentación más de las tantas a las que nos ha acostumbrado el querido Roly. Durante las casi dos horas que duró la función, en la que en ningún momento hubo espacio para el aburrimiento o para que dramatúrgicamente la misma se resintiese, los asistentes al patio de Muralla 63 volvimos a comprobarpor qué se le considera hoy a Berrío uno de los más importantes creadores de la Canción Cubana Contemporánea.

Con el apoyo de doce músicos que fueron intercambiando el formato de respaldo y entre los que desempeñó un rol fundamental el cuarteto del tresero Maykel Elizarde, el concierto tuvo una estructura que permite afirmar que fue algo así como tres funciones en una. Estaría la que se armó con un repertorio en el que la sonoridad de las charangas arropó esas composiciones de Rolando Berrío que se mueven por nuestros ritmos tradicionales, en especial la guaracha. Habría una segunda que permitió encontrarnos con el trovador que desgrana sus melodías solo acompañado por la guitarra y donde la herencia del filin señorea.

Por último, estarían las canciones de la vocación rocanrolera y en las que un trío de guitarra eléctrica, bajo y batería, complementaba con la polenta necesaria que llevan los temas del género. Si bien semejante estructura resultó muy gratificante como espectáculo, imagino el dolor de cabeza que tendrá Roly en el momento en que le toque escoger qué piezas incluir o no en el disco que se editará como colofón de la presentación. Incluso, me atrevo a decir que si las posibilidades económicas lo permitiesen (cosa bien difícil por demás), lo ideal sería publicar un volumen doble, para de ese modo recoger en uno de los CDs las composiciones más de carácter reflexivo y en el otro, las de aire lúdrico.

No podría concluir este comentario sin afirmar que el reciente concierto de Roly me ratificó en la idea de que él es —después de Pedro Luis Ferrer— el hacedor de guarachas de mayor valía que ha surgido entre nosotros, en la línea de un Ñico Saquito. Sí debo acotar que Berrío no se queda sólo en ese repertorio en el que el choteo, la burla, el absurdo son armas que maneja con total destreza; también nos ofrece una cancionística en la que sentimos vivificantes influencias que van desde el filin, hasta el rock y el blues, en una ejemplar muestra de los procesos de hibridación que hoy vive la música facturada por nuestros compatriotas.

No sé qué hará Rolando Berrío de ahora en adelante. Probablemente lo mismo que ha venido haciendo hasta hoy, es decir, convertir cada una de sus presentaciones en una suerte de reclamo aglutinador que, como ha expresado mi amigo Andrés Mir, “convierte la idea de un creador en idea y acto de muchos, movidos por la gracia del cantar”. Lo cierto es que por lo mucho y bueno que llevó a cabo en su concierto “Solo salen”, el mismo deviene compromiso, no ya tanto con el público que le quiere y admira, sino sobre todo con su propia andadura como creador de talla extra, apto para asumir metas que hasta la actualidad Roly no se ha planteado.

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