Actualizado el 24 de julio de 2011

El placer entre los dedos

Por: . 7|5|2011

Resulta bien conocido que la Nueva Trova representó un giro marcado desde los puntos de vista musical, poético y cosmovisivo en el devenir de la cancionística cubana. A esa circunstancia no escapa el tratamiento textual del erotismo, de lo “carnal”, aunque al tema no se le ha brindado suficiente atención por parte de la crítica musical y literaria; es el caso del peculiar abordaje de la masturbación en la obra de los “nuevos trovadores” más relevantes.

Los compositores de la primera generación del movimiento fueron protagonistas de la revolución sexual de los años sesenta —época de sus primeras canciones importantes—, matizada en Cuba por el fragor de la flamante revolución político-social, que minó algunos viejos preceptos morales y religiosos inhibidores de la plena realización sexual de los hombres y, sobre todo, de las mujeres (eso sí, heterosexuales). A propósito el poeta y ensayista Víctor Fowler escribe:

“En el terreno de la representación erótico-sexual, el triunfo de la Revolución significa un vuelco; de hecho, la Revolución impone —con gran fuerza en este territorio— la delimitación entre un antes y un después.” 1

Por su parte, refiriéndose al enfoque de la temática del amor por los neotrovadores, apunta la musicóloga Clara Díaz:

“(…) se convierte en una denuncia a los “esquemas burgueses”, y es una proposición de nuevos valores éticos para la sociedad, lo cual pone al descubierto un nuevo enfoque acerca del tratamiento del tema amoroso dentro de la canción.” 2

Así, estos autores —y continuadores suyos de hornadas inmediatas— expresarán estéticamente la nueva ética sexual y les cantarán a prácticas carnales, hasta ese momento casi inéditas en nuestra cancionística erótica, como por ejemplo la masturbación, la cual resulta transfigurada de pecado en virtud. A mi juicio, atendiendo a una de sus posibles lecturas, en esa línea se inserta la canción “Elogio del pecado”, de Silvio Rodríguez.

Habría que tener en cuenta que la obra fue escrita por Silvio el 28 de octubre de 1969, en extensa travesía a bordo del ya célebre barco pesquero Playa Girón, acompañado de alrededor de cien hombres jóvenes que, seguramente, dejaron en tierra a sus deseadas novias, esposas… —hombres y solamente hombres sobre cubierta,/ hombres negros y rojos y azules,/ los hombres que pueblan el “Playa Girón” 3 (canción “Playa Girón”).

En “Elogio del pecado” el sujeto lírico se halla solo en la vivencia erótica anegada que describe. El ser ansiado, apetecido, es “pecaminosamente” recordado: como una espuma que el recuerdo hace hervir/ como una espuma escandalosa es recordar (…) Yo peco tanto cuando estoy pensando en ti. 4

La humedad —antiquísima metáfora del deseo sexual como palpable huella de este— resulta elevada aquí a planos hiperbólicos:

Como espuma de vino suben bajan
entran y salen pecados sin dejar rincón
seco donde sentarse (…)
Toda mi ropa está manchada por tu vino 5
y no vale que la mande a limpiar
pues la humedad regresa

Esa liquidez queda simbolizada a través del vino (y su espuma)6 que, amén de reforzar el sentido de embriaguez sensual, sobre todo sirve, por sus connotaciones religiosas, para legitimar y ennoblecer esta experiencia erótica inevitable, abrumadora, solitaria solo en cierto sentido y, definitivamente, satisfactoria; como quiera se llega al cielo y se ve la tierra (lo humano) en toda su amplitud y diversidad: (pecar es ser capaz) de ver la tierra sin usar una astronave.

En una estrofa se sintetiza el “elogio del pecado”, la renovada visión sexual de la Nueva Trova:

Pero no cambio lo mejor por un pecado
pecar es ser capaz de comprenderlo todo
de ver la tierra sin usar una astronave
pecar es ser capaz de dar un paso más

El propio título del tema de Pablo Milanés “Cuando lejos estás, inalcanzable”, establece el momento y el contexto en que se realiza el acto de autosatisfacción. En la obra, grabada a inicios de los noventa en el disco Canto de la abuela, el deseo de la persona amada pero distante espacialmente, desata las evocaciones y la masturbación.

Aquí esta, más que un consuelo sexual, deviene en práctica íntegra, plena, capaz de eliminar las distancias y fundir los cuerpos: palpo tu carne al tacto de la mía/ y me invade un placer inevitable.7

En esos mismos versos endecasílabos —eufónico metro de todo el texto— comienza la descripción de la experiencia masturbatoria, con léxico e imágenes nobles, ajenos a toda procacidad. Los movimientos manuales repetitivos adquieren cierta asociación con la ejecución musical8: Marco un ritmo de amor y en la nostalgia/ crece en mis manos toda la esperanza (…) Cada cadencia evoca una silueta.

La eyaculación autoprovocada con amor, si bien no fertiliza, se libra de pecado y se erige en fiesta, eternidad y pureza. La luz, habitualmente asociada con lo angélico y lo celestial, inunda la canción. La vivencia autoerótica refulge en la oscura noche:

tu bella desnudez, desde la nada,
va naciendo a la luz que me embelesa.
La violencia de un rayo me atraviesa,
clara, impoluta mi alma, surge pura;
fuegos artificiales te saludan,
derramándose en mí como una fiesta.

En esta estrofa existe otro aspecto interesante: la metáfora del violento rayo fulminante para referirse al orgasmo, lo cual podría vincularse con la relación Eros-Tanatos. Además, diferentes textos religiosos presentan al relámpago como arma divina contra pecadores; sin embargo, en la canción abordada, hace surgir el alma pura. (En realidad, la palabra alma sustituye simbólicamente —y no solo eufemísticamente— a la palabra semen)

El texto muestra la progresión del ciclo sexual con la intención de describir plenamente la satisfactoria masturbación. Véase:

Excitación (…) y me quemo por dentro
en mi agonía,
palpo tu carne al tacto de la mía
y me invade un placer inevitable.
Meseta Cada cadencia evoca una silueta,
tierna, dulce, febril, desesperada;
tu bella desnudez, desde la nada,
va naciendo a la luz que
me embelesa.
Orgasmo La violencia de un rayo me atraviesa,
clara, impoluta mi alma, surge pura;
fuegos artificiales te saludan,
derramándose en mí como una fiesta.
Resolución Calmo, sediento, lento, relajado,
Llega un sueño feliz que
me ennoblece (…) 9

Si la masturbación masculina ha sido estigmatizada durante siglos, qué decir de la femenina. Precisamente este es el tema de la canción “Danzón deseo”, de Amaury Pérez, escrita en 1985 y grabada en su disco De vuelta dos años más tarde.

El compositor sale airoso del doble reto que implica, por un lado, abordar una temática tan poco —quizás nunca antes— poetizada en la canción cubana y, por el otro, penetrar, casi como un voyeur, en el “continente oscuro” de una mujer en pleno acto de autosatisfacción, libre para disfrutar del sexo por sí misma hasta el paroxismo, ajena a la bíblica misión de procrear.

Amaury se ha referido a las circunstancias de la creación de la pieza y a la reacción que produjo su estreno:

“Es una vieja música escrita por mí en los setenta, inspirada en la personalidad y la pintura de una gran artista cubana y amiga entrañable, Zaida del Río. Diez años más tarde, recordando una anécdota sobre la autocomplacencia sexual femenina, nació el texto. Lo grabé y solo lo he cantado en público una vez, quedé muy perturbado por el ambiente que generó. El asunto era mucho menos particular de lo que imaginaba.10

La masturbación femenina es presentada en el texto como una experiencia completamente natural. Incluso, los diversos elementos naturales mencionados parecieran incentivar y legitimar como parte suya el deseo y el acto sexual de esta mujer que, audazmente, es capaz de bailar con maestría y gozo delirante un danzón consigo misma.

Así aparece la luz muy ligada a la humedad, los dos motivos vistos en las canciones de Pablo y Silvio.

El personaje se sintoniza con la atmósfera que la envuelve y, desnuda11 como una antigua hechicera, expone su cuerpo de hembra a la influencia de la luna, dominadora de las aguas, tanto de las mareas como corporales. La luna brilla por un calor que le llega desde lejos; esta mujer se sofoca con fantasías y emociones evocadas, convocadas, imponiendo su pecho, su natural deseo femenino “al milagro de la luz”.

Luz también son las estrellas. Entonces la dama se delineó en los senos las estrellas/ con un ansia quemante y vigorosa,12 convirtiéndose en antípoda de la señora de la “Canción de invierno”, de Silvio Rodríguez: hasta que un deseo se mete en tu lecho./ Mas ¡qué estás pensando!: te tapas el pecho.13 En el danzón, el deseo marca los senos como territorio del placer y no como símbolo mariano de la lactancia y la maternidad.

En la obra de Amaury, como en el tema de Pablo, la noche y la madrugada parecen presentarse como la hora ideal para la masturbación, porque implican intimidad, secreto, fertilidad para la imaginación erótica… El “cronos” queda definido desde el primer verso de “Danzón deseo”: Con el audaz lenguaje del insomne (…) y acentuado más adelante: La madrugada alimentó su febril goce/ con todo un vendaval de placer entre los dedos.

En cuanto al “topos” existen un adentro y un afuera, que el autor fundirá en el espacio del mundo interior y las sensaciones de la mujer que se masturba: todo es un mismo cosmos. De tal forma, hay tanta humedad y voluptuosidad en el interior como en el exterior:

Y sofocada en fantasías y reproches
calmó hasta el fin el huracán de sus deseos
mientras afuera arreciaba el aguacero
como un vigía voluptuoso de la noche.

El texto se regodea sin recatos, aunque con imágenes delicadas y audaces, en la descripción del cuerpo de la mujer desde la fase de excitación hasta la del orgasmo, nacido de las fantasías, los dedos y el roce:

Se delineó en los senos las estrellas
con un ansia quemante y vigorosa,
y reventó desde su piel la rosa
que el contacto y el roce redimieran,
desgarraron su carne las entregas
y bajaron por sus bordes los ardores.

Obsérvese en este musical último verso de la estrofa —y bajaron por sus bordes los ardores — la sutileza fonoestilística: sobre el fondo tímbrico bajo de las o resuenan las sibilantes y las vibrantes, haciéndose eco del deseo voraz y ardoroso, del autoerotismo eléctrico y sofocante.

Se llega así a un punto cimero en la renovadora visión de la mujer y su sexualidad que trae a la cancionística nacional la Nueva Trova, con obras como “Para una imaginaria María del Carmen”, de Noel Nicola; “Eva”, de Silvio Rodríguez; y “¿Qué dice usted?”, de Sara González, por solo mencionar algunas.14

Justamente son las mujeres las “víctimas” (esta es la palabra precisa, de acuerdo con la postura autoral en la pieza que enseguida mencionaré) de los exhibicionistas sexuales, llamados popularmente: “pajusos”, “masturbinos”, “tiradores”… Me refiero a “Letanía de los tiradores”, obra de Silvio Alejandro.

Un breve comentario sobre el título: El término “tiradores” implica agresión, viril disparo seminal a la inconsulta voluntad de la mujer. La palabra “letanía” pudiera comunicar la compulsividad asociada a esa práctica sexual. (Dicha compulsividad se torna evidente en algunos versos: Los tiradores tienen la sordidez mecanizada (…) Los tiradores se enamoran cinco veces al día15 y podría verse subrayada por la reiteración anafórica: los tiradores…)

El trovador recrimina explícitamente, no la autosatisfacción, sino la agresión ética que presupone esta variante de exhibicionismo sexual:

Los tiradores son una plaga (…)
Los tiradores la humillan, la mancillan, la derraman.
Los tiradores esquirlas en la carne ciudadana.

Desde tal punto de vista, este resulta un discurso coherente con la eticidad y la visión humanista de la sexualidad de la Nueva Trova y sus continuadores. 16

NOTAS

1. Fowler, Víctor: Rupturas y homenajes. Ediciones Unión, La Habana, 1998, p. 156.

2. Díaz Pérez, Clara: Sobre la guitarra, la voz .Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1994, p. 181

3. Rodríguez, Silvio: Canciones del mar. Ediciones Ojalá, La Habana, 1996, p. 47

4. Ibídem, p. 75. (Todas las citas de la canción son de esta página)

5. Este vino no debe ser mecánicamente identificado con la sangre de la pareja presente, pues, siendo coherentes con el texto, el hablante poemático describe una experiencia sexual solitaria.

6. La espuma como metáfora de la esperma es utilizada por Silvio en la canción Tu imagen: (y tú) eras espuma de soledad.

7. Milanés, Pablo: “Cuando lejos estás, inalcanzable”. http://www.trovadores.net. 10/12/2008. (Todas las citas de la canción son de esta página)

8. En el penúltimo verso el sujeto lírico canta: mientras canto y tu rostro reaparece.

9. Además del tema común y ciertas semejanzas en el imaginario, una estructuración más o menos similar presenta la canción “Dentro”, del cantautor español Luis Eduardo Aute, grabada en su disco Rito, de 1974. Independientemente de la originalidad de la obra de Pablo, es probable que haya recibido el influjo de la hermosa canción de Aute, quien cantó junto a Milanés a mediados de los ochenta “El tiempo, el implacable, el que pasó”, en el álbum Querido Pablo.

[1]0. Pérez Vidal, Amaury: Opiniones de Amaury Pérez Vidal. http://amauryperez.trovacub.com. 29/7/08.

1[1]. La desnudez, vista en la tradición bíblica de forma negativa, contrariamente a la grecolatina, ha sido símbolo de lujuria (nuditas criminalis).

[1]2. Pérez Vidal, Amaury: Amaury Pérez: las canciones. Ediciones Boloña, La Habana, 2003, p. 113. (Todas las citas de la canción son de esta página)

[1]3. Casaus, V y Nogueras, L.R: Silvio: que levante la mano la guitarra .Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984, p. 103.

[1]4. Por supuesto, en tal sentido no pueden obviarse las aportaciones de determinados autores y autoras anteriores, entre los que descuella la inclasificable Marta Valdés, con canciones como “En la imaginación” y “Por si vuelves”.

[1]5. Texto enviado en un correo electrónico por el autor.

[1]6. Existe un tema de Virulo, “Vamos a gozar”, donde, desde una perspectiva humorística, se menciona la autosatisfacción; dice así: antes que lleguen más turbaciones/ contigo, prieta, quiero tener vacaciones.

Categoría: Música | Tags: | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados