Actualizado el 15 de septiembre de 2011

El homosexualismo masculino en la Nueva Trova

El (gayo) pecado original

Por: . 7|9|2011

“Cuidadito, Compay Gallo”, la célebre guaracha-son de Ñico Saquito, tal vez constituya el cantar que de cierta forma juega con el asunto homoerótico, que por más tiempo nos ha hecho sonreír a los cubanos. Luego el propio autor concibió en la misma cuerda “La venganza del Perico”, desde similares posiciones heteronormativas, pero siempre con una gracia y nobleza que distancian, en lo posible, a estas creaciones de lo condenatorio u ofensivo. El registro humorístico y el son serán retomados por cultores de la Nueva Trova para encarar el homosexualismo. Pero eso lo comentaré más adelante. Vayamos por partes.

En el transcurso de las décadas del 60 y 70 “la homosexualidad se insertó en el debate nacional como un elemento recurrente y contrastante con el ‘hombre nuevo’, concepto esbozado por Ernesto Guevara en 1965”.1 (Precisamente el año en que Pablo Milanés compone “Mis 22 años”, considerada la primera canción de la Nueva Trova. Es decir, que el “hombre nuevo” guevariano y la Nueva Trova nacen juntos). Como apunta el historiador Abel Sierra Madero: “El “hombre nuevo” pasa a ser el referente cultural autóctono y el ideal imaginario de la masculinidad nacional en esta etapa de efervescencia y necesidades históricas aplazadas durante mucho tiempo”.2

Se sabe que uno de los rasgos tipificadores de la poética del Movimiento de la Nueva Trova (y de los autores coloquialistas de la primera generación de El Caimán Barbudo) lo constituye justamente ese canto al hombre y la mujer nuevos, junto al tributo a los héroes y los obreros y campesinos felices con la Revolución. Muestras de canciones de este tipo sobran, como por ejemplo, de Silvio Rodríguez: “Canción de la nueva escuela” (1970) y “Pequeña serenata diurna” (1974):

(…) y soy feliz porque soy gigante.
Amo a una mujer clara
que amo y me ama (…)
Soy feliz,
soy un hombre feliz,
y quiero que me perdonen,
por este día,
los muertos de mi felicidad.

Y si ese “gigante” que ama correspondidamente a una “mujer clara” se siente precisado a pedir perdón a los muertos, a los mártires o al pasado: ¿qué quedará para quienes sienten “otra manera de ser feliz”, gay o lesbiana? Como norma, el silencio sobre ellos en el mejor de los casos, o el camuflaje de vivencias homoeróticas durante los 70 y casi todos los 80, tal y como ocurre de modo general con el resto de las expresiones artísticas en el país.

En 1972 se funda el MNT (Movimiento de la Nueva Trova), el cual institucionaliza a la generación trovadoresca ya reconocible, controversial e irrebatible desde un lustro antes. Sus miembros, por razones harto complejas y contradictorias, firman un documento fundacional en el cual ratifican los acuerdos del I Congreso Nacional de Educación y Cultura, efectuado en 1971, militantemente homofóbico (el Congreso, porque en el documento del MNT no existe ninguna alusión al homosexualismo). Se lee en el “manifiesto”: “Si tratáramos de resumir nuestros planteamientos, diríamos que nuestro principal objetivo es cumplir los acuerdos del I Congreso Nacional de Educación y Cultura”.3 Pero las claves de la más genuina sensibilidad de estos trovadores hay que recogerlas en su obra. En 1969, mientras atravesaba una crisis existencial y con las instituciones político-culturales, Silvio Rodríguez compone una canción esencial al analizar el tema que abordo. Un texto audaz y anticipado: “Acerca de los padres”.4

“Acerca de los padres” versa sobre cómo ellos (los padres biológicos y en una lectura más abierta los de la Nación) encarnan y actualizan ideales heteronormativos y machistas, provocando la angustia, la enajenación y la “amargura” de quienes disienten de dichos cánones: Si se ponía a dibujar,/ sus casas y soles le hacía trizas:/ los machos juegan a las bolas y a pelear:/ búscate un papalote y deja de soñar.

En esta cultura homofóbica, prejuiciosa y sexista se reduce al ser humano a su “filiación sexual” y se obvian valores que él pueda atesorar, como saber ser amigo o hermano:

Y la erosión le trajo un sexo
y una presencia ante la vida
sellados por un fuerte cordón umbilical,
pues por su filiación sexual le juzgarán.
Hoy los archivos se desbordan
de sicopatías y prejuicios,
de mutiladas fantasías del horror,
de remendados en la frente y el amor.
De nada le sirve ser amigo,
de nada le sirve ser hermano:
el sexo es el juez universal del ser humano.

En el campo de la Nueva Trova pueden enumerarse varias creaciones que, aunque no se basan en un referente gay, estos se han identificado con ellas; por ejemplo: “Amor difícil”, de Amaury Pérez; y “El sol no da de beber”, de Silvio Rodríguez. En algunos casos los autores, conscientes de dichas lecturas, las potencian, produciéndose una re-creación de la obra; al respecto confiesa Silvio: “También compuse ‘El sol no da de beber’, que aunque no tuvo precisamente esa motivación ha sido interpretada por ahí. Sabiendo eso, en ocasiones la he presentado con cierta ambigüedad. Creo que no la traiciono porque la provocó un amor que, como el drama de algunos homosexuales, tenía que esconderse para sentirse realizado”.5

Con relación a “Amor difícil” (1987), aunque Amaury ha aclarado que comenzó siendo una canción para su hijo Alan y las dificultades que tenían para verse, lo cierto es que a finales de los 80 se convirtió prácticamente en un himno gay, con su famosa estrofa: Yo tengo un amor difícil contigo,/ aunque me pese lo contendré para siempre,/ porque más vale la oscuridad para un cariño/ que no tolera la gente, diferente.

Un caso inquietante por su polisemia y su imaginario me parece la pieza “Yo tengo un amigo”, compuesta en 1976 por Amaury Pérez y grabada en 1979 en uno de sus mejores discos: Aguas. Lo llamativo no es solo la viable adjudicación homoerótica del texto, sino, sobre todo, el tono íntimo y la tropología afiliada a la delicadeza con que el hablante lírico —encarnado en la voz de Amaury— canta a su amigo, transgrediendo recios patrones masculinizantes.6 Obsérvese:

Yo tengo un amigo que peca de duende,
que me llega y luego se desaparece,
que una vez parece en la bondad herido
y otras una flor que acariciara un niño.
Yo tengo un amigo sin edad ni nombre,
que tiene un camino como cualquier hombre;
si acaso a lo lejos la nostalgia quema,
un viento indiscreto mi canción le lleva.

Retomando el eje del humorismo, en 1980 Alejandro García (Virulo) graba Génesis según Virulo. Una de las pistas del LD se titula “Sodoma y Gomorra”. El primer hecho significativo es que Virulo haya incluido tal pasaje bíblico en su sátira al “folio inmemorial”, con lo cual pone sobre el tapete el tema de los homosexuales y cuestiona las condenas a ellos por jueces divinos o fiscales humanos. Según Virulo, Dios convoca a un “Consejo de Guerra” para enjuiciar a estos pecadores. Él funge de Juez, a su derecha el Ministerio Fiscal y a su izquierda el abogado defensor.

La mordaz ironía viruliana arremete contra los censores de los homosexuales de tiempos antiguos o recientes, mostrando a un acusador frustrado y envidioso. Dice el divino fiscal con afeminada entonación, en uno de los momentos más hilarantes de la pieza: Ustedes son culpables/ de alta traición al Cielo/ y amores castigables;/ y con ese adulterio/ me dieron muchos celos,/ bandidos inmorales./ Por eso: fuego, fuego;/ que los echen,/ que los sequen en la hoguera,/ que el amor es cosa seria:/ quiero fuego, fuego, fuego sin miseria.

El autor reserva la mejor defensa que puede ofrecer para los propios acusados, quienes se declaran enfermos: Este es un problema psicológico,/ también con un toque patológico;/ y en este momento es sintomático/ de cómo anda el mundo actual.

Hacer pasar a los homosexuales por enfermos ha sido un mecanismo histórico de las instituciones de poder heteronormativo para intentar “salvarlos” de estigmas peores como el vicio y la depravación. Justamente en 1972 —año de fundación del MNT— el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) publica al menos dos textos en los que se señala el homoerotismo como patología. Ello merece el comentario de Abel Sierra Madero: “(…) podría hablarse incluso de un continuum histórico discursivo que inscribe la homosexualidad en el terreno de lo patológico con graves ‘repercusiones sociales”.7

Atendiendo a una lectura recta, literal de la última estrofa citada de la pieza, puede afirmarse que la obra se adscribe al continuum homofóbico referido por Sierra Madero. Sin embargo, si se tiene en cuenta la clave de ironía y humor con que se dice todo: ¿no estará burlándose el compositor de esa línea de pensamiento descrita por el historiador?

Así llegamos a los 90… El ensayista y narrador Alberto Abreu Arcia apunta al caracterizar esta etapa: “El lado demoníaco, blando, soez de lo cubano, en estos tiempos de crisis económica, comienza a operar por los intersticios, las grietas producidas por el derrumbe del campo socialista, proponiendo otros modelos conductuales y de sentidos para el teatro de lo social”.8 Y en otro momento del ensayo, al evaluar el panorama cultural (por cierto, que en este agudo y enjundioso acápite el autor, sin embargo, nada menciona del mundo de la canción), Abreu Arcia señala: “En las producciones del arte y la literatura, la identidad homosexual del sujeto y la memoria cultural de la nación son rescatadas, releídas desde estos mismos predios; enunciadas desde estas subjetividades, antes proscriptas, estigmatizadas por la hegemonía masculina, que privilegió como arquetipo de revolucionario a un sujeto heroico, épico y de conducta hetero”.9

Obviamente, de este contexto no escapa la Nueva Trova, la cual había dejado de existir como institución en 1985 y que mostraba un diapasón cada vez más abierto de tendencias poético-musicales. En el primer lustro de los 90 se graban al menos tres canciones medulares para el asunto que abordo: “Él tiene delirio de amar varones”, de Pedro Luis Ferrer; “El pecado original”, de Pablo Milanés y “Hombre de silicona”, de Carlos Varela. (Recuérdese, además, que en 1991, Silvio graba con Diákara “Acerca de los padres”).

Esta “trinidad” cobra una trascendencia capital, que va desde lo artístico hacia lo socio-cultural-político. Se legitima explícitamente el homoerotismo y se expone el conflicto transexual (que en lo que a estigmas sociales se refiere “no es lo mismo pero es igual”). Y ello se lleva a cabo desde las diversas “posiciones” de los compositores por entonces: el prestigioso cantor “oficial” (Pablo), el popular guarachero “prohibido” (Pedro Luis) y el inquietante novísimo “rockero” (Varela). Triple ofensiva contra la homofobia por la Nueva Trova.

Aunque la defensa de la legitimidad de la orientación gay en la obra de Pedro Luis Ferrer (que circuló de manera subterránea) resulta seria y frontal, el autor apela al estilo soneado con visos de humor criollo (salpicado por los clichés: “que lo castiguen de día y noche”), lo cual torna su mensaje humanista más efectivo y orgánico: Él tiene delirio de amar varones,/ le gustan hombres, fuertes y sanos;/ que lo castiguen de día y noche:/ él es un tipo de ser humano.

En su afán de vindicar al muchacho homosexual ya exonerado de toda culpa, el compositor resalta al extremo sus cualidades como ciudadano y trabajador: Lo discriminan por ser así,/ y no se fijan en lo demás,/ cuando lo llaman para el fusil,/ trabajo extra y hora puntual. La “moraleja” de la obra se condensa en la última estrofa: Lo discriminan por ser así;/ mejor que piensen en los derechos./ Cada cual haga con su vivir/ lo que no atente contra el obrero.

Resulta sintomático que se esgrima un precepto esencial de la filosofía y la ética socialistas como lo es esa “intocabilidad” y ponderación proletaria (tan cantada por la Nueva Trova), para demostrar que el homoerotismo per se no afecta dicha ideología. El autor ubica a su homosexual del lado de los humildes, en contraposición a los que detentan el poder: machistas, esclavistas, poderosos, reyes y burgueses. Ingeniosa estrategia discursiva que le permite a Pedro Luis Ferrer fustigar la homofobia en el socialismo desde sus propios códigos éticos y filosóficos.

Estrechamente vinculado al concepto de “hombre nuevo” aparece en el discurso de Ernesto Guevara el motivo del “pecado original”. En su criterio, expresado en el canónico ensayo epistolar de 1965, El socialismo y el hombre en Cuba; por una parte, la culpabilidad de muchos intelectuales y artistas contemporáneos suyos reside en su pecado original, que es no ser auténticamente revolucionarios, estar demasiado lastrados por el mundo burgués; y por la otra, las nuevas generaciones vendrían libres del pecado original, sin ninguna de las taras capitalistas anteriores. (Aunque el Ché no habla de eso, es obvio que el homosexualismo fue considerado tradicionalmente como un rezago capitalista). Justamente un joven de esos tiempos, Pablo Milanés (en 1965 cumplió sus simbólicos 22 años), graba tres décadas después, en 1994, el disco Orígenes, en el cual dedica un tema a los homosexuales titulado precisamente “El pecado original”. Aquí se vuelve para el abordaje del asunto gay al referente bíblico (Génesis), pero esta vez en tono grave. El par genésico Adán y Eva es sustituido por dos varones, cuya transgresión es amarse y por eso son desterrados al mundo del anatema social.

Al igual que en el caso de Pedro Luis Ferrer, y, tal vez con motivaciones parecidas, Pablo Milanés sitúa a los homosexuales protagonistas de su canción del lado de los humildes. Señala que existen diferencias en la magnitud de la censura social, según si se trata o no de “gayos” ricos, épicos o poderosos políticamente:

Ninguno de los dos es un guerrero
que premió sus victorias con mancebos.
Ninguno de los dos tiene riquezas
para calmar la ira de sus jueces.
Ninguno de los dos es presidente.
Ninguno de los dos es un ministro (…)

Concluye el trovador reconociendo, desde una perspectiva humanista, el error homofóbico de un “nosotros” heterosexista que incluye a su generación, la Revolución, la tradición judeocristiana… Convoca al receptor a no actualizar y perpetuar la injusticia: No somos Dios./ No nos equivoquemos otra vez.

En 1995, Carlos Varela da a conocer su disco Como los peces, donde inserta el tema “Hombre de silicona”, en el cual encara la tragedia de un sujeto transexual. Aunque “estos individuos no son homosexuales (y) su inserción en esos círculos podemos entenderla como estrategias y mecanismos para socializar con sus similares, y poder compensar un tanto los estigmas y la censura sociales”,10 quedan encerrados dentro de la misma clasificación popular: maricones. Dice Varela en la canción analizada: Sus amantes le decían: la mujer araña,/ pero en la calle le gritaban: maricón.

Aunque nada se dice en el texto explícitamente sobre el rechazo del personaje a sus genitales, el conflicto transexual se trasluce a través de sucesivas antítesis y paradojas: Él era hombre, era hombre,/ pero tenía un corazón de mujer/ Estaba preso dentro de su mismo cuerpo/ sin poder escapar del dolor;/ su sexo qué importaba si era falso o cierto/ si ya vivía con la ilusión./ Él era libre, era libre/ pero soñaba con dejar la prisión.

Varela reconoce solidariamente, en antitético y desgarrador juego de palabras, lo inhumano de la situación de su personaje, y, por extensión, de todos los seres que, por una u otra razón, no logran (o no los dejan) revertir ese status:

Es duro vivir así, es duro vivir muriendo;
es duro seguir viviendo, es duro vivir.
Es duro morir así, es duro morir viviendo;
es duro seguir muriendo, es duro morir.

La figura del travesti reaparece en la pieza titulada, precisamente, “Travestis”, insertada en el disco Mi Mapa (2005), del trovador Frank Delgado. Acá el referente parece acercarse más a la categoría de transgénero, o sea, el travesti de tiempo completo que ha optado por vivir con la estética del género opuesto sin rechazar completamente su sexo. Este es un ser hipertextual e intrigante, y por ello aterrador para muchos.

Aquí no se siente el peso trágico manifiesto en el tema de Varela antes visto, aunque se hace alusión a los “tormentos” que históricamente han padecido estos seres humanos. Pero el tono de la canción no es compasivo o lastimero, sino retador, con ciertos guiños de simpática ironía, característica del estilo del cantautor, que lo enlaza con Ñico Saquito, Virulo y Pedro Luis Ferrer. Véase parte del texto:

Corazones travestidos
dentro de pequeños pechos
finamente rasurados (…)
En su alma atormentada
llevando la bayamesa
11
tanto tiempo silenciada (…)
Te quiero,
te quieren adentro
de los planos de La Habana.

En estos últimos versos citados puede observarse la voluntad manifiesta del trovador de que los travestis también tengan su espacio justo dentro de la cartografía y el alma de La Habana y, por ende, de la Nación.

Aunque resulta ingenuo plantear que todos los neotrovadores de manera monolítica piensan y poetizan igual sobre estos temas de sexualidad, género y sociedad, es indiscutible que Frank Delgado con esta canción expande aún más el alcance inclusivo, subvertidor y humanista de la Nueva Trova como espíritu ético y estético, trascendencia a la que he tratado de acercarme en este texto.12

NOTAS

1. Sierra Madero, Abel: Del otro lado del espejo: la sexualidad en la construcción de la nación cubana. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2006, p. 200.

2. Ibídem.

3. Acuerdos del I Encuentro Nacional de Jóvenes Trovadores, celebrado en Manzanillo, en 1972. En: Díaz Pérez, Clara: Sobre la guitarra, la voz .Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1994, p. 271.

4.La canción, acertadamente incluida por Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras en Silvio: que levante la mano la guitarra, antología de 1984, vino a ser grabada por su autor en 1991 con Diákara; por esta misma época sirvió de tema a una serie radial titulada Adrián, sobre un adolescente homosexual.

5. Bimbi, Bruno: Silvio Rodríguez: “Siempre he visto a Fidel como la figura histórica que es”. En: Cubadebate, http://www.cubadebate.cu. 14/8/09.

6. Amaury es un juglar al que le gusta burlar, a veces, estos esquematismos de género. Se ha señalado la perspectiva femenina de algunos de sus textos narrativos. Tampoco tiene reparos en darle su voz al sujeto lírico egotivo femenino de “La mujer de humo”, poema de Dulce María Loynaz que él musicalizara.

7. Sierra Madero, Abel: Op.cit, p. 199.

8. Abreu Arcia, Alberto: Los juegos de la escritura o la (re) escritura de la Historia. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2007, p. 362.

9. Ibídem.

10. Sierra Madero, Abel: Op. cit, p. 172.

11. Frecuentemente se oye decir jocosamente sobre el homosexual dentro del armario: Lleva en su alma la bayamesa…, el primer verso de una de las canciones trovadorescas y patrióticas más relevantes de todos los tiempos: “Mujer bayamesa”, de Sindo Garay. Esta es una peculiar intersección en el terreno del “choteo” cubano entre trova, homosexualidad y patria. Esa otra “bayamesa” históricamente ha integrado también la sangre de Cuba, ocúltese o no.

12. No quiero dejar de mencionar a Gerardo Alfonso, trovador que se ha acercado en más de una ocasión al tópico del homosexualismo con canciones como “Puestos inversos” y “Dos mil años”. Por su parte otro cantautor, Amaury Gutiérrez, graba en 2003 un hermoso tema dedicado a los gays: “Miedo a sentir” (incluido en el disco Alma nueva).

Categoría: Música | Tags: | | | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados