Actualizado el 18 de enero de 2012

El humilde genio de Pachi Naranjo

Por: . 13|1|2012

Wilfredo "Pachi" NaranjoA finales de cada año siempre suceden acontecimientos de mucha importancia en el ámbito de la cultura. Con los últimos días de 2011 llegó la buena nueva del otorgamiento del Premio Nacional de Música a Wilfredo (Pachi) Naranjo. Quienes conocen el rico entramado de nuestra isla, saben que hay siempre varios candidatos a barajar; por lo cual, la decisión de que fuera esta vez el músico manzanillero, no lo niego, me llena de regocijo.

Sin dudas, la construcción del trabajo trascendente de este hombre de cultura tiene sus raíces visibles en los albores de la década del 60 del siglo pasado. En diciembre de 1963, en los inicios mismos de su juventud, funda, secundado por un puñado de amigos y compañeros, la Orquesta Original de Manzanillo. Una charanga de las llamadas “a la francesa”, con la introducción de algunos elementos nuevos, que no dañan en modo alguno la cubanía.

Eran años cuando los más jóvenes que se interesaban en el quehacer musical, le ponían asunto, la mayoría de las veces, a sonoridades venidas de otros puntos del planeta y no al acerbo tradicional de la música cubana. ¿Cómo pudo suceder entonces la aparición de esta orquesta en el oriente del país? Hay que remitirse a las características culturales de Manzanillo. Fue allí donde desde la segunda mitad del siglo XIX, se comenzó a aplatanar el órgano mecánico venido de Francia, hasta cobrar carácter de cubano. También la comunidad en la cual, a través de muchos años, se han celebrado fiestas de carnavales de probada singularidad, como es, por ejemplo, “la gozadera del sogón”. Pachi, desde muy niño, anduvo detrás del camión que paseaba el órgano por las calles y disfrutando a su modo del carnaval. Sin estar de espaldas al resto del mundo, estos referentes pesarían, sin dudas, en la formación musical del jovencito.

Desde el principio los mayores tuvieron mucha importancia en el desempeño de “la Original”, como solemos decirle en Oriente. En primer lugar, los padres de Pachi vigilaron como esmero el crecimiento de la agrupación. En tiempos en los cuales algunas orquestas bailables se daban el lujo de acudir a letras no pocas veces cercanas a la vulgaridad, los del Golfo del Guacanayabo nunca se dieron ese flaco lujo. El director de la joven formación era conciente de importantes ancestros, por eso acudió para pedir consejo a maestros de la talla de Enrique Jorrín y Félix Reina. Así, entre el entusiasmo y la disciplina, la Original se forjo su propio sello, con Pachi ejerciendo su liderazgo desde el piano, desarrollando un modo de tocarlo donde se hacen visibles los referentes fundamentales que tenían, metabolizados desde una óptica propia.

Al paso del tiempo, la Original, sin abandonar su cuartel general en Manzanillo, se convertiría en un concepto musical que ha llegado a hacer escuela. A lo largo de casi cincuenta años de ejercicio, salen y entran músicos pero la agrupación sigue, esencialmente, sonando igual, desde el concepto creado por Pachi. Y quienes han salido de ella a formar su propia banda, difícilmente se pueden desprender de la impronta de aquel sonido, junto al cual dieron sus primeros pasos importantes.

Wilfredo "Pachi" NaranjoEl repertorio de la orquesta en general ha sido tributado por compositores de su región, incluyendo a miembros de su alineación, al final perfilados por los arreglos de su director. De sus constantes apariciones ante las multitudes de bailadores, le surgieron a la Original varios de sus temas mas conocidos. Tomando de la gente numerosa que se viene a divertir, como síntesis de sus picaros comentarios, y también ofreciéndoles desde el escenario frases que retratan personas semejantes a muchos de ellos. Con lo cual se establece un dialogo enriquecedor entre orquesta y público. Nunca se puede disfrutar con más intensidad a la tropa de Pachi, que cuando suenan a cielo abierto ante miles de personas moviendo el esqueleto.

En los primeros años la Original era muy conocida solo en la zona oriental del país, donde le tienen verdadera devoción. Luego se hizo presente en los más diversos puntos de Cuba, lo cual se acrecentó con la grabación de discos y la presencia en la radio y la televisión. Cuando empezaron sus actuaciones en el extranjero, su eficacia ante los bailadores fue idéntica a la que exhiben en la Isla. Esto se probó en varios coliseos del resto de nuestra América y Europa.

Recuerdo la experiencia de la Original de Manzanillo en el II Encuentro entre el Son y el Flamenco, en varios pueblos de la provincia española de Sevilla. Acudieron allí varias agrupaciones cubanas, que se presentarían cada una con un cantaor o agrupación flamenca.

A nuestra orquesta con más de una decena de integrantes, le correspondió salir a escena con el cantaor José Mercé, acompañado a la guitarra por Moraíto de Jerez. Sinceramente tenía mis incertidumbres acerca del éxito de esta empresa. La primera noche fue en Lebrija. Eran infundadas mis dudas. Primero subieron los flamencos. Luego actuaron los cubanos. La prueba de fuego fue el fin de fiesta, en la cual estaban juntos cubanos y españoles. Fue una verdadera delicia escuchar la Original arrancándose con la “Damisela encantadora” de Ernesto Lecuona, que sonaba como una sinfónica. A los pocos minutos, José Mercé empezó a poner su cante y allí “bajó el duende”, como diría Federico García Lorca. Los asistentes llegaron verdaderamente al colmo de la emoción. Mucho tuvo que ver en ello el trabajo de la orquesta cubana.

Si he hecho este recuento, a mi modo muy personal, de la Original de Manzanillo, poco después de que se le entregara a Pachi el Premio Nacional de Música 2011, es porque en la aparición y mantenimiento de esta orquesta están sintetizados sus meritos relevantes. Los de este hombre, que recibe condecoraciones con sencillez a toda prueba, como un humilde defensor de lo mejor de la música cubana.

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