Actualizado el 22 de febrero de 2012

Eternos trovadores de la herejía

Por: . 21|2|2012

Gerardo Alfonso y Carlos Varela: Trovadores de la herejíaEl 18 de febrero de 1968 la sala Che Guevara de Casa de las Américas acogió el nacimiento de la Nueva Trova, cuando cantaron allí sus primeras canciones Silvio Rodríguez, Pablo Milanés Noel Nicola y otros amigos invitados: Vicente Feliú, Martín Rojas y Eduardo Ramos.

El 17 de febrero de 2012, cuarenta y cuatro años después, otro acontecimiento en el mismo lugar dio fe de la eternidad de la trova, cuando Gerardo Alfonso y Carlos Varela ofrecieron un concierto memorable. Se presentaba el libro Trovadores de le herejía de los autores Bladimir Zamora y Fidel Díaz, que recoge buena parte de la obra de cuatro de los más importantes creadores de la generación de los 80: Santiago Feliú, Frank Delgado, Carlos Varela y Gerardo Alfonso.

Desde las 6 de la tarde jóvenes con guitarras aparecieron por los alrededores de Casa de las Américas y ocuparon el césped de la calle G; en una pantalla gigante las tandas de video fueron aglutinando a un público que llegó a rebasar las cuatrocientas personas; desde entonces comenzó la venta del libro lo cual evitó tumultos.

A las 8 de la noche María Elena Vinueza, vicepresidenta de Casa de las Américas, dio la bienvenida al gran suceso. Fernando Rojas, Viceministro de Cultura (y que fuera presidente de la Asociación Hermanos Saíz) habló como el viejo amigo que compartió sueños y guitarrazos con esos cuatros trovadores que empiezan a convertirse en leyenda.

Gerardo AlfonsoArrancó Gerardo Alfonso a piano interpretando “Amiga mía”, estrenando también canciones, y llevando al público al delirio con “Quisiera”; luego entró su banda y el voltaje en la sala siguió creciendo hasta el delirio con clásicos como “Sábanas blancas” y “Son los sueños todavía”, la cual dedicó a ese gran amigo, de sueños, de ética, de pensamiento y acción que le acompaña en su canto: el Che Guevara.

Salió de escena y llegó Carlos Varela, y nuevas ovaciones sacudieron la sala y la calle, donde cientos de jóvenes seguían por la pantalla el acontecimiento. Dedicó canciones a Haydée Santamaría, recordó que siendo muy joven vio en la pared de aquella sala una frase de ella: “La nueva canción no solo debe ser comprometida sino que también comprometa”. También recordó Varela a dos de esos ángeles de la trova que ya no están: Noel Nicola y Sara González, así como a El Plátano, fotógrafo al que le parecía ver en los nuevos que allí estaban tirados por el piso buscando el mejor ángulo. Varela pidió luces y el público iluminó las vidas. Momento muy especial cuando dijo Varela que quería hacer un homenaje a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, no solo a los grandes trovadores que son sino también a los amigos tan entrañables que fueron, y a ellos dedicó “Foto de familia”.

Las ovaciones llegaron al delirio cuando Carlos Varela comenzó a rememorar aquellos tiempos en que junto a Frank y Santiaguito comenzaron aquella travesía envuelta en la magia de las canciones, y fue entonces que recordó que hace dieciocho años hicieron el último concierto junto él, con Gerardo, en el parque de H y 21 del Vedado. Llamó a Gerardo Alfonso que, sonriente, dijo “pensaban que no, y sí”, aludiendo a que los dos cantarían juntos. La magia entonces creció hasta el estremecimiento colectivo, muchos confesaron después haber llorado varias veces.

Carlos VarelaGerardo recordó cuando Carlos hizo “India” y la cantaron a dúo, poniendo una vez más de pie al público. Varela dibujó a Santiaguito con una anécdota muy simpática, que muestra su sentido del humor y ese ego infantil que lo caracteriza:

Estaban en los camerinos de un teatro, con el gran músico brasilero Lenine y Santiago le dice a Carlos, ven para presentártelo. Se saludan y Santiago le dice al músico de Brasil: “Mira, este amigo es muy importante, Carlos Varela es el tercero en el país, el tercero entre todos los trovadores y yo soy el uno”. Lenine, entonces, se ríe y le pregunta a Santiaguito “Bueno ¿y el dos quién es?”, y la respuesta de Santiago, como quien dice lo obvio: “¡Silvio, compadre, Silvio!”.

Cantaron juntos, ellos y el público “Giovanna” de Gerardo y “Memorias” de Carlos, canciones que nunca habían hecho a dúo en público. En medio de esa magia Varela pidió a uno de los autores del libro, Fidelito, que subiera a leer el correo que les había enviado desde España Santiago Feliú:

“…los años 80 junto a Frank, Gerardo y Carlitos fueron de una riqueza humana y creativa intensas, prácticamente vivíamos juntos porque nos la pasábamos callejeando, guitarreando y de peña en peña; ejercicio trovadoresco habitual en los años luminosos de la Nueva Trova. Era como una escuela donde aprendíamos de nosotros mismos, luego de lo aprendido de los trovadores nacidos en la década de los 40, aquellos lúcidos y renovadores trovadores que vivieron en carne propia el nacimiento de la Nueva Cuba… pues nosotros traíamos lo nuestro y hasta hoy lo seguimos defendiendo, demostramos ser la continuidad de la canción inteligente, cada uno con su “que decir”, con sus formas musicales y poéticas tan distintas que fuimos perfeccionando… el caso es que me parece hermoso que hoy se reconozcan nuestros aportes a la canción… gracias por el libro y la verdad es que me hubiera encantado estar con ustedes, pero cumplo compromisos que ya tenía…. cariñotes… Santiago Feliú”.

Tras los aplausos Fidelito dijo: —Una acotación; a los ocho o diez minutos de recibir ese correo, llegó otro: “…suerte con la presentación y el concierto… estaré al tanto internetíscamente……. después de cariñotes, pon Santi… más cálido…….. Abrazón”.

Y si esto fuera poco Gerardo Alfonso y Carlos Varela cantaron “Para Bárbara” con un coro de público que se sabía viviendo uno de esos momentos trascendentales en nuestra cultura.

PALABRAS DE FERNANDO ROJAS, VICEMINISTRO DE CULTURA, EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO TROVADORES DE LA HEREJÍA

“Nadie ha sabido ni sabe cantarle al Amor y a la Patria como los trovadores”.

Fernando Rojas, Viceministro de CulturaBuenas noches.

Parafraseando la canción puede decirse que Carlos y Gerardo están con sus bandas, Santiago está en España y Frank está en El Sauce. En cualquier caso, el libro que se presenta es de todos ellos, de los cuatro, que no deben confundirse con los otros Cuatro, y resulta un extraordinario regalo para todos los melómanos y trovadictos de Cuba, Latinoamérica, España y tierras y mares adyacentes. O sea, para casi toda aquella parte del mundo conocido que disfruta —y lo subrayo: DISFRUTA— con la canción inteligente y el sabor inconfundible de la cubanía. Por demás, estos cuatro han incursionado mucho más allá de los ritmos propios y las múltiples fusiones que de ellos se han desprendido. Cultivan, entre los cuatro, toda la diversidad musical del planeta. Quizá por ello, y por lo singulares que hemos sido y seguimos siendo, cuando Santiago llamó “Planeta Cuba” a una de sus más recientes creaciones sintetizaba una ética, un compromiso y una perspectiva estética abarcadora y definitoria. La obra de Santiago, Frank, Gerardo y Carlos ya nos marcó para toda la vida.

Y lo digo, porque este es también un homenaje a mi generación, a los contemporáneos de estas canciones que las estamos compartiendo hace más de veinticinco años y con toda seguridad lo seguiremos haciendo.

El libro que armaron Bladimir Zamora y Fidel Díaz Castro es un suceso de la trova cubana. Publicado por la Editora Abril, su plato fuerte son ciento sesenta y ocho canciones de Varela, Santiago, Frank y Gerardo, además de excelentes entrevistas a cada uno de ellos. Tiene un título afortunado y fue prologado con todo derecho y justicia por Vicente Feliú. La edición es cuidada y hermosa y abunda en fotos espectaculares.

La lectura de estos versos y su sonido inconfundible y peculiar evoca recuerdos y motiva iniciaciones. La mayor parte de nuestras vidas adultas está en estas canciones. Desfilan ante nosotros la beca, las movilizaciones, el Mariel, las noches de la bohemia habanera de los 80, los primeros performances en las calles del Vedado, la caída del muro, Berlín, el Papa, Gorbachov y Alá…. Le hemos cantado al último amor y al Che Guevara con estos amigos y con ellos mismos escudriñamos las angustias de la crisis y devolvemos los golpes que la desigualdad y la apatía propinan a nuestros sueños. La visión del Jalisco Park que se nos perdía apenas anunciaba otros desencuentros y desafíos de una magnitud abrumadora.

¿Qué nos pasó, Fernan?, me ha preguntado Gerardo, serio y reflexivo. Y nunca logro responderle del todo, ni responderme a mí mismo. Nos pasaron muchas cosas, buenas y malas. Aquel mundo de las primeras canciones, tan imperfecto y tan querido, ya no está más. No se olvida, ni se entrega. Probablemente, éramos felices y no lo sabíamos.

La trova sigue. No se muere. No la hemos dejado morir. Ahora es más vasta y más diversa, pero tan beligerante e indagadora como siempre. Nadie ha sabido ni sabe cantarle al amor y a la Patria como los trovadores. Y en la trova está lo mejor de nosotros, que seguimos con ella, aquí y allá. En estas canciones anidan nuestras esperanzas. Con ellas crece nuestra terca voluntad de salvación.

Dice Frank que el alma se pierde en la carretera, con Santiago, con Gerardo y con Carlitos Varela. En ese verso, perder no quiere decir desaparecer, sino más bien, entregarse.

Vamos a pasarla bien. Gracias.

Fernando Rojas, Casa de las Américas, 17 de febrero de 2012.

AYER Y HOY EN BLANCO Y NEGRO

Noel Nicola, Silvio Rodríguez y Pablo MilanésUn día como hoy, 18 de febrero, en 1968, la sala Che Guevara de Casa de las Américas fue escenario del primer concierto de la Nueva Trova Cubana. Tres muchachos, flacuchos, con guitarras, Silvio Rodríguez y Noel Nicola, con 21 años y Pablo Milanés con 24, subían a escena a lanzar al viento sus primeras creaciones, pocas por entonces; tan pocas que no les alcanzaron ante un público ávido que pedía otra y otra. Ante la insistencia uno de ellos confesó algo así como “no tenemos más, se nos agotó el repertorio, si quieren las cantamos de nuevo o invitamos a trovadores amigos que están en el público. Subieron entonces Vicente Feliú, Eduardo Ramos y Martin Rojas y redondearon aquel nacimiento. No solo nació esta rama de la trova eterna que viene desde mediados del siglo XIX forjando el espíritu de la nación, también ese 18 de febrero de 1968 surgió una figura hermanada al trovador, la del fotógrafo trovadicto, cuando El Plátano apretó el obturador de su cámara dejando eterna constancia de aquel momento.

En la noche de ayer realizamos el Concierto Presentación del libro Trovadores de la herejía, un homenaje que con el sello de la Casa Editora Abril, Bladimir Zamora y Fidel Díaz hacen a cuatro grandes trovadores de la generación siguiente a aquella: Gerardo Alfonso, Frank Delgado, Carlos Varela y Santiago Feliú. Quiso el azar que fuese en la víspera de aquel concierto germinal encabezado por Silvio, Pablo y Noel, y que Varela y Gerardo le pusieran el alma a una sala repleta delirante; también en la calle siguiendo el concierto desde una gran pantalla otros muchos jóvenes cantaron sus versos comprometidos. Este 17 de febrero de 2012, cuarenta y cuatro años después, en la misma sala de Casa de las Américas, otros nuevos “Plátanos” apresaron con sus lentes a los espíritus soñadores de hoy, conjurando amores al embrujo de sus guitarras. Uno de esos fotógrafos que, a pesar de su juventud, ya ha hecho historia con su visión de nuestros cantores —Iván Soca— me acaba de pasar un texto, sus fotos y la que El Plátano dejó como testimonio de aquel primer día.

Fidel Díaz, El Caimán Barbudo, 18 de febrero de 2012.

EN BLANCO Y NEGRO

 A la memoria de Luis Hernández, “El Plátano”

Gerardo Alfonso y Carlos VarelaEsta de hoy fue una noche necesaria, para nada “común”, llena de magia, ángeles y luces, como bien vaticinó Carlitos Varela junto a Gerardo Alfonso, mientras regalaban uno de los más memorables conciertos de estos últimos años en la Sala Guevara de Casa de las Américas. Esta de hoy fue una noche necesaria —lo digo otra vez—, porque en presentación del libro Trovadores de la herejía, de Fidel Díaz y Bladimir Zamora, se rememoró aquel concierto de febrero 18 de 1968, donde Silvio, Pablo y Noel marcaron el inicio de lo que sería la Nueva Trova Cubana. Hay una fotografía de esa noche que tomara un hermano al que quiero regalar todas mis instantáneas de hoy porque, de alguna manera, en una canción, en un espíritu, tal vez en el viento, estaba El Plátano.

En algún instante concentrado apareció a mis espaldas, como si le esperara, como lo hacía El Plátano, mi hermano Kaloian, y me hizo un gesto que me recordó a aquel que “en su bolso viejo se llevaba la historia de cada función…”

A la memoria de Luis Hernández, estas instantáneas de hoy “en blanco y negro”…

Iván Soca, 17 de febrero de 2012.

EN BLANCO Y NEGRO

Autor: Carlos Varela

A Luis “El Plátano”

En un bolso viejo
se lleva la historia de cada función.
No fue lo que quiso, echado en el piso
se le puede ver, sus zapatos rotos,
tirándonos fotos que nunca se ven.

Fue de los primeros
que usó el pelo largo sin saber por qué,
y, aunque vaya sucio, no tienen derecho
de mirarlo lejos de sus sentimientos,
la gente se burla de su corazón.

Somos en blanco y negro para él,
así nos va atrapando en su papel
y aunque todos se olviden de su sed,
él, sin embargo, nos va colgando en su pared.

Piensan que está loco
porque siempre lleva la ropa de ayer,
se lo gasta todo, con su catalejo,
navegando calles, caminando espejos,
buscando la suerte de algún trovador.
La suerte que él no tuvo
la guardó… en su bolso viejo.

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