Actualizado el 16 de mayo de 2012

Cuarenta años después

¿Moncada vs. Moncada?

Por: . 14|5|2012

Cuarenta años del Grupo MoncadaLo único que no pensó Jorge Gómez aquel 7 de octubre 1972, cuando el Grupo Moncada salió por primera vez a escena, era que cuarenta años después todo estaría como al comienzo.

Aquellos ocho jóvenes, que por entonces se reunieron en la Universidad de La Habana, soñaban con expresar en textos musicalizados los sentimientos de su generación, con la certeza de que la música era también un arma importante para las transformaciones, y debía ser igualmente revolucionada.

Mezclando instrumentos como la quena, el charango o el cuatro, que reproducían sonidos típicos de Perú, Chile, Venezuela…, pasando por los clásicos “tumbaos” del son cubano, con guitarra, flauta, contrabajo y bongó, y agregando poco a poco todo aquello que apuntara hacia la más atrevida experimentación sonora, el Grupo Moncada —“bautizado” así por Melba Hernández, heroína de la Revolución cubana—, comenzó a dar sus primeros pasos musicales.

Otro tanto sucedía con los textos. Propios unos, adquiridos otros, enrevesados o aparentemente muy simples; pero sugerentes y sugestivos todos. De modo que los derroteros del grupo coincidían con los fundamentos esenciales de lo que comenzaba a perfilarse como una sólida corriente cultural: el Movimiento de la Nueva Trova.

Primero caminaron, luego corrieron… El tiempo pasa rápido y con él se mueven los procesos. Moncada no fue excepción. Los primeros instrumentos, unos regalados, otros prestados, los menos comprados a bajos precios, cabían en el viejo jeep soviético del hermano mayor de Jorge, su director y fundador. El traslado en guagua a los conciertos, un pan con algo en la esquina, e incluso una cervecita de vez en vez, eran parte de la diversión, porque entonces no se trataba de otra cosa, y además había suficiente juventud, guaguas, bocaditos y hasta cerveza barata…

A golpe de tesón, entusiasmo, también de sabiduría, vinieron los primeros éxitos: “La canción del Moncada”, “El pasito de la bibijagua”, “Chamamé a Cuba”… Las muchachas y los muchachos comenzaron a tararearlos. Música en revolución, más para oír y meditar, aunque alguno que otro tirara su pasillo: un proceso nuevo en la isla del baile.

Cuarenta años del Grupo MoncadaEra la época cuando la radio y la televisión todavía dudaban en difundir (o no difundían en lo absoluto) la Nueva Trova, pero eso no era tan grave. Bastaba con reunirse en la Casa de la FEU, tocar en los festivales de aficionados, en los campamentos cañeros y las escuelas en el campo. Todo ello sin cobrar un centavo, porque el dinero entonces tampoco era un problema.

Comenzaron también las primeras giras internacionales: Perú (1974), RDA y Checoslovaquia (1976), Italia, RFA, Hungría y otra vez RDA y Checoslovaquia (1978), y Estados Unidos (1979), riesgos y amenazas de bombas incluidos. Porque Moncada fue el primer grupo cubano en girar por ciudades estadounidenses después del 59.

El paso de aficionados a profesionales tenía sobre todo que ver con la necesidad de más horas para dedicarlas a la música, y no estar todo el tiempo pidiendo permiso o quedando mal con los respectivos centros de trabajo.

Crecieron los cabellos y las buenas canciones, el “sonido Moncada” se hizo una realidad. Eran los años 80. Los conciertos en la escalinata de la Universidad de La Habana marcaron época. Miles de jóvenes y no tan jóvenes llenaban semanalmente aquella plaza privilegiada de la ciudad, donde cuerpos, gargantas y corazones se agitaban al unísono, y sin necesidad de un trago de ron. Resultaba que aquellos textos llenos de vericuetos poéticos y sin rima aparente, podían cantarse, y aquellas melodías, que ya para la época apuntaban también, entre otras direcciones, al pop y al rock, eran perfectamente “vacilables” y hasta bailables.

Una lección de respeto al talento del público, entonces y hoy, está en el modo en que Moncada entiende que el público entiende… que no hay que banalizar ni “bajar el nivel” para que la obra se haga canción de todos. Por aquellos años el grupo andaba ya por su octavo disco. “Fundar una esperanza” había sido el tema de un serial televisivo. La música de Edesio Alejandro era el soporte de un texto “muy difícil” de Bladimir Zamora. Pero allí estaban aquellos jóvenes en la escalinata y en otras muchas plazas del país vibrando mientras repetían en éxtasis: Estrellas viejas en barro/ que se divierten cantando/ cualquier historia donde aparece/ el rostro reventado de la leyenda/ No soy tan decente/ y en tanto me hacen sujeto al grillo de su conversación/ Navego lejos, inventando que me agarras/ y no me dejas salir de tu sonrisa”. Algo único estaba sucediendo, musicalmente, en la isla de la música.

Pasó más el tiempo… Se cortaron los cabellos. Los 90, la caída del campo socialista y la desaparición de la URSS trajeron una época de crisis y de bruscos cambios en Cuba. Pero Moncada no cambió de nombre, ni plegó banderas, ni acalló su voz. Como muchos en la Isla, pasó al período especial de la supervivencia… Jorge Gómez, combatiente nato de la resistencia cultural, debió rechazar una y otra vez jugosas propuestas de empresarios extranjeros y camaleones nacionales que aconsejaban “trabajar otra imagen del grupo”, “el nombre suena muy fuerte”, “hay canciones que mejor no tocar”…

En su lugar, Moncada fue más Moncada. Su música se volvió más potente, sus textos mejores y su éxito mayor en todos los sentidos. Y así siguieron impactando en otros muchos confines del mundo. Son los años de grandes triunfos en los festivales de San Remo en Italia (1989, 1990 y 1991), en el MIDEM en Francia (1995), en España, Brasil, Canadá, Guatemala…

Cuarenta años del Grupo MoncadaFue la época cuando las presentaciones culturales en el interior del país se hicieron difíciles, como consecuencia de la falta de combustible, transporte, electricidad para los conciertos y posibilidades de alojamiento en las provincias. Moncada no se rindió. En los más increíbles medios de transporte, en los más precarios alojamientos, en escenarios “inventados”, el grupo siguió llevando a todos lo que ya era un patrimonio vivo de su generación y de la nueva, que comenzaba a pensar con cabeza propia. Quedarían en la memoria del país entero algunas de las mejores giras nacionales y los grandes conciertos anuales en la Plaza Che Guevara de Santa Clara. Cuba resistió el derrumbe socialista, tal vez porque nunca dejó de cantar.

Proyectos capitalinos como el “Club de las Estrellas” (Hotel Copacabana, 1995), “Las Noches de Mi Conuco” junto al Malecón habanero (1996), y los sonadísimos “Conciertos con la muralla abierta” (Parque Morro-Cabaña, 2001), que volvían a reunir en una misma plaza a miles de personas de todas las edades, son algunos ejemplos del empuje del grupo en aquella época de duras dificultades.

Porque si algo no faltó nunca en esos años, fue la tenacidad, palabra insignia que marca la vida de Jorge Gómez… y la inteligencia suficiente para seguir adelante e impulsar con él a sus muchachos.

Renovar repertorios y tecnología acorde a los tiempos y a los públicos cambiantes; reponer músicos y hasta cantantes líderes cuando hizo falta; abrirse nuevos espacios en plazas nacionales y foráneas, se dice fácil, pero cada éxito del grupo fue y es fruto de mucho trabajo, esfuerzos, preocupaciones, y también sinsabores. Pero lo cierto es que Moncada sobrevivió al período especial siendo lo que siempre fue.

BAILA MI RUEDA

La presencia entre sus músicos fundadores de Juanito Gómez (El abuelo), inexorable defensor del Casino y su famosa “Rueda de bailadores”, aportó al Grupo Moncada, desde bien temprano en los 90, un camino adicional, todavía hoy no suficientemente conocido por todos. Eran tiempos de renovación y… ¿qué mejor oportunidad para una vez más abonar las raíces profundas de la música cubana, y homenajear a todos aquellos que inventaron los primeros pasos y las vueltas maravillosas del estilo de baile más popular en Cuba?

A lo largo de su historia, y como cubanos al fin, los “Moncada” habían incluido siempre en su repertorio ritmos de la música popular bailable de la isla, desde aquel memorable “Pasito de la bibijagua” de sus inicios, pasando por el “Sucu Sucu” del maestro Mongo Rives, hasta la olvidada “Macusa”, del también olvidado y más tarde gigante del Buena Vista Social Club, Francisco Repilado (Compay Segundo).

Sin dejar sus canciones más trovadorescas, sus textos y timbres más osados, Moncada proponía: baila mi rueda, y advertía poniendo su sello de siempre: cantándole a la vida vamos a bailar, sin tener que renunciar a pensar. Y la gente bailó con ellos.

Cuarenta años del Grupo MoncadaMI HISTORIA CRECERÁ

Hoy el Grupo Moncada sigue siendo parte importante del amplio y variado espectro musical cubano. Al igual que el resto de los músicos del patio, tiene por delante nuevos desafíos. ¿Cómo conjugar música genuina, principios y decencia, con los avatares y escollos del mercado nacional e internacional, y la justa aspiración de una vida modesta pero digna? Entrelazar su música de siempre con su nuevo repertorio, para seguir atrayendo a un público que hoy incluye a los nietos y nietas de aquellos que les vieron nacer en 1972, es la tarea de cada mañana, de cada semana, de cada mes.

Desde sus fieles fundadores (Jorge, Pedro y Himely), hasta los más nuevos y talentosos músicos, que no llegan a los treinta años, o los de la “generación intermedia” como Tony Luis, el cantante y Juan Carlos Rivero, el director musical, quienes todavía recuerdan los muñequitos rusos de su infancia, los integrantes del Grupo Moncada actual siguen empeñados en hacer crecer su historia.

Ausentes en la lista de privilegiados por los medios nacionales; muchas veces poco apoyados por las instituciones, obviados por determinados “empresarios” extranjeros, el grupo sigue batiéndose en el terreno donde siempre ha vencido: el de trabajar y superarse, y ser fieles a su nombre y a aquellos anhelos por los que nacieron hace 40 años. Moncada no va a ir nunca contra Moncada.

Sus conciertos bajo el título de “Moncada y el Casino de todos” repletan cada domingo los Jardines del 1830, para satisfacción de cubanos y extranjeros. Hoy el lugar llega a resultar demasiado pequeño en espacio y condiciones para un proyecto que ya ha probado con creces su éxito, con promoción cero y mínimo apoyo. Por el bien de todos, sus presentaciones allí no deben correr el mismo “peligro de extinción”, como pasó con La Cabaña, la Casa de la Amistad y otros exitosos escenarios, que sucumbieron a causa de decisiones tomadas sin grandes preocupaciones por quienes contratan y deciden la proyección musical en los espacios recreativos del país.

La presencia de Moncada los miércoles alternos en La Casa del Alba, un oasis cultural en la ciudad de La Habana, es otra alternativa actual, que les permite continuar demostrando aquello que los ha hecho grande entre los grandes, ante un público enamorado de su música, que sigue tarareando y soñando con sus canciones.

Linda resulta la reacción de los más jóvenes, a veces sorprendidos por un Moncada que no conocen, y que de pronto les resulta fascinante estética y musicalmente. Lo mismo sucede en las presentaciones del grupo en provincias y en otros importantes escenarios del país, donde ponen a cantar y a pensar (también a bailar) a los “pepillos” de tres generaciones. Los cerca de diez mil avileños, que por más de una hora aclamaron a Moncada en el escenario principal del recién finalizado Festival Piña Colada, son una muestra fehaciente de ello.

Cuarenta años del Grupo MoncadaEN EL MISMO LUGAR

Nuevos y buenos proyectos tampoco faltan. Jorge Gómez y los suyos siguen proponiéndolos. Un lugar propio para presentaciones (La Casa del Moncada) con su sede pensada desde hace más de cuatro años en El Carmelo de Calzada, y que funcione con reglas de juego acorde con la actualización del modelo económico cubano, es seguramente el mayor anhelo del grupo y su público más ferviente.

Otro proyecto que al que han llamado “El Casino de Cuba”, propenso a convertirse en lugar de sano esparcimiento y referencia obligada para los bailadores de todo el mundo, que llegan a la Isla en busca de lo que hoy reconocen como madre y raíz de la salsa, espera igualmente por la correspondiente aprobación y puesta en marcha.

Una película auspiciada por el Instituto Cubano de la Música, a partir de un guión escrito por Jorge Gómez, y premiado internacionalmente, debe comenzar a filmarse este año.

Y una gira de regreso a China, donde el grupo cosechó grandes éxitos en la todavía cercana Expo Mundial de Shanghai, y en otros escenarios del gigante asiático, está igualmente entre los planes más inmediatos.

A sus cuarenta años de vida artística, en el mismo lugar, y con la seguridad de haber hecho todo o casi todo lo que debían, y mucho más de lo que podían, los fundadores del Grupo Moncada, junto al resto de sus actuales integrantes, piensan poco en celebraciones y homenajes (aunque bien se los merecen), y más en lo que está todavía por hacerse.

Respuestas menos dilatadas y concretas a sus proyectos, más espacio y condiciones para seguir haciendo crecer su historia, es lo que necesitan. Ello debería constituir hoy el mejor regalo que las instituciones cubanas pudieran y debieran hacerle al Grupo Moncada.

Cuatro décadas después todo parece estar como al principio. Entusiasmo y sueños no faltan, talento y deseos sobran… Y la experiencia ahora cuenta.

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