Actualizado el 28 de febrero de 2014

Obligado despertar de un movimiento

Por: . 28|2|2014

Es obvio que en Cuba existe el reggae y al pueblo le gusta… ¿Por qué todo tipo de música que empieza a hacerse en Cuba afronta un período de ostracismo? Así sucedió con el son y la rumba, por ejemplo, tachados de indecentes o lascivos por su origen popular negro. Después se acusó a la trova de contestataria. Peor parte, sin dudas, le ha tocado a las formas musicales foráneas, como el rock o el hip hop. La causa probable de esos acontecimientos es que los difíciles contextos sociales, históricos e ideológicos han condicionado actitudes de resistencia ante lo nuevo. Y es que precisamente lo nuevo implica la entrada de posturas, concepciones y modos distintos de interpretar y hacer lo cultural. Tal es el caso del reggae, un movimiento que en el plano internacional despertó hace casi cuarenta años, pero entre nosotros anda aún con paso soñoliento.

La influencia del reggae nos vino de Jamaica, especialmente del talento de Bob Marley, quien en la década del setenta alcanzaba el éxito profesional. Por esa época empezó a escucharse en nuestro país el roots reggae; y ya en los ochenta surgieron las primeras agrupaciones cubanas que cultivaban dicha música.

Este reggae nacional siguió estrictamente en sus inicios los cánones jamaiquinos. Pero luego de un proceso de recontextualización social, histórica y musical, consiguió una imbricación perfecta con los géneros populares locales. Actualmente existen en nuestro país agrupaciones con un repertorio consolidado y de calidad, aunque muchos de ellos vivan ajenos a la promoción musical y las preferencias en el consumo por los grandes públicos.

La música cubana ha llevado un largo período de consolidación y aceptación social. Sin embargo, el reggae no llega a ser visto como parte de nuestra cultura. A pesar de los incontables estudios sociológicos y musicológicos que certifican la existencia de un movimiento de reggae, gestor de valores entre la población que lo consume, no acaba de desplomarse el mito del reggae como género marginal, de oposición y promotor del consumo de marihuana. El por qué de la afirmación anterior, ojalá pueda encontrarse en las siguientes líneas.

De inicio, vale preguntarse: ¿Cómo es posible que tras cuatro décadas de cultivo del género en Cuba se le excluya todavía del panorama musical? ¿Por qué se sigue hablando de “reggae hecho en Cuba” y no de “reggae cubano”? ¿Cuál es el motivo para que el reggae se cultive precariamente entre unos pocos soñadores?

DESENMASCARANDO AL MONSTRUO ANTISOCIAL

 La entrada del reggae a Cuba se produjo en condiciones difíciles, ya que desde el decenio de los sesenta y ante la agresividad externa, el Estado cubano pretendió preservar al pueblo de la influencia ideológica europea y norteamericana. Por lo cual su consumo fue entendido muchas veces como resultado de una indeseable penetración cultural; a todo ello se suma el vinculación del reggae con el “rastafarismo”, del cual se presuponía que introducía comportamientos opuestos a los “valores socialistas”.

Esta condición hace que el reggae cubano tenga que superar prejuicios, opacándose su valor artístico y como instrumento de denuncia social. Durante años, en Cuba se ha cultivado la imagen del reggae como género suburbano, extranjero y con pocos valores culturales. Sin embargo, se olvida que el reggae desde su nacimiento fue un género de denuncia, de apoyo moral y de lucha contra los tabúes de la sociedad.

La versión cubana no escapa de estas influencias, y el repertorio de varios artistas aborda temáticas como la discriminación racial, ideológica, de género o de preferencias sexuales; además de reflexiones sobre el ser, la identidad y la diversidad cultural. Basta ya de decir que no tienes que comer, qué vestir, la luz está en tus ojos y no alcanzas a mirar, dice la letra de una canción del grupo Manana Reggae.

“Como músico he podido comprobar algo: a casi todo el mundo le gusta el reggae, pero nadie lo sabe. Lo hemos visto las veces que tocamos, el público que asiste no tiene afición por esa música, pero la disfruta y se relaja con ella. Entonces, a la gente le gusta el reggae, pero no tiene la difusión que debiera”, afirma Felipe, vocalista del grupo Remanente.

El reggae cubano tiene sus orígenes musicales en una suerte sonora venida de varios géneros caribeños, el jazz y el soul. Además de esta mezcla, se hibrida con los ritmos populares tradicionales, lo cual resulta en una melodía pegajosa, tranquilizante y emotiva, que convida a todo tipo de público.

“Las personas amantes del género consumen la música de Jamaica, de Inglaterra, sin saber que aquí en Cuba se hace. Nuestra música tiene los patrones del reggae, pero siempre se le siente ese sabor cubano inevitable, porque somos un país sonero y eso se transmite casi inconscientemente”, asegura Ana María, directora del grupo Remanente.

Brenda Besada, musicóloga y especialista del Centro Nacional de Música Popular, considera que el género, aunque extranjero, cuenta con exponentes que han sabido fusionar la música cubana con las sonoridades de Jamaica:

“Hay grupos que tienen letras interesantes, un sonido propio y una voz excelente, como es el caso de Deja Vú. Es un género archiconocido, a veces de forma inconsciente, por todo el público; aunque faltan más agrupaciones de buena factura”.

A pesar de la aceptación del reggae entre parte del público cubano, todavía no se aparta del imaginario social la visión de una música asociada al consumo de drogas, la delincuencia o la falta de profesionalidad y compromiso de sus artistas. Son tabúes no superados por causa del silenciamiento a este tipo de música en los medios masivos. ¿La solución? Solo una: vencer el estereotipo. Abrir la mente y el oído a una música que en muchos casos se deslindó de la cultura rastafari para convertirse solo en la expresión sentida de una banda de “moñudos”.

LAS DECADENCIAS Y PAUSAS DE UN SUEÑO

Interprete de reggae cubano Hoy la escena del reggae en Cuba se muestra un poco confusa. Algunos grupos desintegrados por falta de oportunidades, mientras los que quedan navegan a la deriva o siguen en la batalla titánica de asentar el género en la isla. Persisten bandas como Remanente —agrupación pionera en la segunda etapa del desarrollo del género entre nosotros—, Manana Reggae (fundada en 1998) y otras más recientes como Hormiga Brava, Estudiantes sin Semilla, Sangre de Reggae y Siete sellos.

Muchos de estos ensambles —y otros que andan por ahí escabulléndose de estas observaciones—, a pesar de estar avalados profesionalmente, difunden su música grabada en estudios caseros, porque la gran mayoría no tiene producciones oficializadas que compitan en el mercado nacional y extranjero. Las disqueras cubanas no están interesadas en licenciar producciones de reggae por el temor a no ser vendidos.

Esa es una de las preocupaciones del grupo Remanente: “Hoy las discográficas solo graban a cantantes populares, no utilizan sus mecanismos para formar desde la base a las agrupaciones, no revisan el repertorio, no trabajan los arreglos musicales ni te proponen estrategias de marketing. Eso hace que nuestra música sea inédita, lo que hemos tocado durante años la gente no lo conoce”.

El reggae que se hace en Cuba es producción independiente, pues a pesar de que algunas agrupaciones pertenecen a empresas, no hay garantía de que las mismas asuman el compromiso de grabación de discos. Es ese uno de los factores que más ralentiza el desarrollo de esta música.

“La empresa debería ocuparse de ayudar a los músicos en cuestiones de publicidad, facilitar trámites comerciales, producción de conciertos, programación de actividades. La promoción a partir de la empresa tiene que ver más con las actividades que los mismos cantantes gestionan, los grupos que organizan algún concierto o presentación por su cuenta son apoyados por la empresa en el sentido que esta le busca un espacio en la radio, la televisión, etc”, explica Besada.

“Todos los grupos de reggae que hay en Cuba se han dado a la tarea de enraizar el género, pero falta el apoyo de la radio, de la televisión, la carencia de espacios fijos de presentación. En mi caso, he buscado la estrategia de invitar a músicos foráneos a cantar en Cuba. Así se pueden familiarizar con lo que se ha hecho durante años y reconocer lo que se hace aquí y ahora”, agrega Raúl Rodríguez, director del grupo Manana Reggae.

ESPÍRITU PACIENTE CON VOZ URGIDA

 Al reggae le costó poco más de una década para llegar a Cuba, y ahora vive aquí de manera insípida por la falta de unidad y de fuerza de su movimiento. Hay falta de unidad entre las empresas musicales y los músicos, falta de unidad entre los medios de comunicación y los músicos, pero la más dolorosa es la falta de unidad entre los propios intérpretes de reggae.

Detrás de un género musical hay determinada cantidad de grupos que consolidan un movimiento, músicos que trabajan de corazón por llegar al público y defender una convicción. Esta conexión espiritual y volitiva falta dentro del reggae en Cuba, como falta el impulso contracorriente para defender la cultura. No bastan los reclamos ni la lucha contra obstáculos, se trata de crear un movimiento que inspire al público.

“Si nos uniéramos más, la música en la isla florecería, así como la presencia de bandas, y el público podría escoger de la diversidad de repertorios lo que más le gusta, pero no hay vínculo entre las agrupaciones. A veces sabemos de la existencia de otros porque hacen algún concierto, y no debería ser así; un solo palo no hace el monte, pero si uno renace con fuerza, los demás árboles empiezan a crecer”, concuerda la directora de Remanente.

Para que se creen espacios temáticos fijos, como los hay en La Madriguera, en el Maxim Rock, debe haber un movimiento que los respalde. El movimiento de reggae en Cuba no está consolidado, y si hay cuatro o cinco grupos de reggae esparcidos por la ciudad y no hay un verdadero movimiento, ¿cómo se puede crear un espacio? Una peña habitual es creada primero por la necesidad del artista y la existencia de un público, y después se institucionaliza, como ha pasado con muchas que surgieron sin apoyo empresarial.

Quizá ese es el mayor problema de la cultura reggae en Cuba, que paradójicamente encuentra su solución en el propio trabajo de los músicos. La unidad y el espíritu de hacer música deben expandirse a las calles, a la vida de la gente, al pensamiento diario, para que no haya modo de ignorarlo.

Sobre el despunte del movimiento comenta Raúl Rodríguez: “El reggae surgió underground; y como todo género que empieza, no se le presta atención hasta que agrupa a gran cantidad de personas. Quizás en Cuba no interesa el reggae porque no ha pasado nada como tal para que las personas giren la vista; aunque ya hay investigadores con estudios del reggae cubano que defienden que la variante del género que se hace aquí le gusta a mucha gente. Pero independientemente de esto, falta unidad, como la que tienen los cultores de otras variantes musicales que se hace”.

Sin embargo, hay pequeños avances que apuntan a la posibilidad de crecimiento del reggae. Así lo piensa Brenda Besada: “Este año el premio Cuerda Viva presenta cuatro nominaciones a la categoría de reggae (Siete Sellos, Estudiantes sin Semilla, Sangre de Reggae y Hormiga Brava). Esto es una evidencia de que el reggae cobra fuerza y de que, al menos, tiene un espacio en programas de música alternativa. Lamentable, por ejemplo, que Cubadisco no tenga una categoría de reggae, pero es que la mayoría de estos músicos no tienen condiciones necesarias para presentar un disco en competencia, por razones monetarias o la falta de un buen estudio de grabación. Pasa lo mismo con los Lucas, donde no hay categoría de reggae porque no hay abundancia de videos clip. No solo el reggae, también el hip hop y el resto de la música urbana, al estar determinados por un ambiente alternativo, tienen menos opciones. Pero ya empiezan a verse con mayor frecuencia en medios como la radio, donde ciertos programas promueven el reggae”.

Hay que explorar otras opciones, como el mayor acercamiento por parte de los músicos a las instituciones de la esfera cultural. Las agrupaciones de reggae no han presentado de conjunto proyectos consolidados para la creación de festivales a las empresas musicales.

Es obvio que en Cuba existe el reggae y al pueblo le gusta… El nuestro no es como el de Bob Marley, ¡pero no tiene que serlo! Si el reggae de Jamaica tenía el toque del ska y el rocksteady, el cubano recibe el aporte mágico de la rumba, la trova y el son. Ese es, definitivamente, el ingrediente perfecto para trascender en el pentagrama histórico de la música cubana.

El 6 de febrero Bob Marley habría cumplido 69 años. Sin dudas, con su accionar a contracorriente el reggae cubano le hace merecido homenaje al hombre que convirtió un género bailable en espacio para denuncia social. Ojalá para 2015 pueda Cuba hacerle un mejor homenaje a los setenta del Rey del Reggae, dándole a las agrupaciones del género un verdadero espacio dentro de la cultura nacional.

Categoría: Música | Tags: | |

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