Actualizado el 7 de junio de 2011

El Fantasma de Bouquet

Por: . 15|11|2010

The Jazz youg SpiritDebí escribir esta nota hace poco más o menos un año, cuando el amigo Jorge Luis Hoyo puso en mis manos el disco grabado por Bouquet en los Estudios Jagua, con producción de Rolhy Rumbaut y la propia agrupación cienfueguera. Desde entonces forma parte de mis “discos de cabecera”, a los que suelo echar mano de tiempo en tiempo, cuando es difícil escapar a los “humores” que insinúa el último de los cortes que integran el fonograma. Debí meditar también en torno al impacto cada vez mayor que tienen las producciones discográficas independientes en el ámbito musical cubano, con el balance de sus palpables ventajas y desaciertos.

Pero no lo hice. Durante estos meses me limité a escucharlo con reiteración, deplorando la tecnología —probablemente cuasi-artesanal— empleada en el proceso de su grabación y mezcla; sin que las consabidas limitaciones alcancen a menguar el rasgo de autenticidad que brota en cada una de las composiciones —seis en total—, cuatro de ellas con la firma del vocalista y director musical de la banda, Aivis Prieto.

Más allá de cualquier otra consideración relativa a las condiciones materiales de su producción y edición, Fantasma es en buena lid un disco y no un demo. En la industria musical el demo suele ser concebido con una finalidad demostrativa —como su nombre indica—, e incluso promocional. El Fantasma de Bouquet, en cambio, es una obra compacta, acabada, en sus veintinueve minutos y treinta nueve segundos de duración. Y no sólo es un disco, sino, además, un buen disco.

Fantasma lleva el signo deseable del rock cantado en español, lo que siempre facilita la comunicación con el oyente —dígase lo que se diga—; tanto más si se trata de textos en los que asoma con naturalidad la poesía de temática intimista, como ocurre con el title track, un blues aplatanado de exquisito “bouquet” centrado en el sentimiento de pérdida amorosa; o con “Humores”, el track de cierre, de acento mucho más reflexivo.

“Lágrimas negras,” del gran Miguel Matamoros, puede que sea el corte más escuchado de Fantasma, alguna vez difundido en la radio o en la televisión. En cualquier caso, la versión es consecuente y nunca irrespetuosa. Un clásico de la cancionística cubana llevado al rock con envidiable frescura, con una sonoridad cercana al hard rock melódico que bien le favorece.

Mención aparte merecen dos piezas que, en mi modesta opinión, se cuentan entre las más logradas del disco: “El día de los desocupados”, de Alejandro Alujas, donde la hábil factura, el arreglo vocal y el depurado trabajo de las guitarras se traducen en un resultado sonoro que, si bien no destaca por el virtuosismo, sí lo hace por el equilibrio casi perfecto de su concepción, así como por el tratamiento de su línea melódica, a un tiempo suave y desgarrada.

La otra pieza —todavía de mayor complejidad en cuanto al arreglo— lleva un título enigmático: “Canción infantil para cantar en la boca de un pozo”, de Aivis Prieto, con lírica cargada de metáforas sorprendentes y oscuras, y guitarreo fuerte en que no falta el riff heavy-metalero; y de repente el giro armónico y un tempo que se me antoja “aflamencado”, y del flamenco al hard rock y del hard rock al vals y a la guitarra liderando con solo melodioso, dialogando con la voz de amplísimo registro de Aivis, en una de las catarsis musicales que con mayor placer he disfrutado en largo tiempo.

Ave rara un disco como Fantasma. Qué privilegio para los amantes del buen rock que se haya producido de manera independiente. Qué pena que por la misma razón no alcance a un público que bien podría llegar a ser mayoritario.

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