Actualizado el 1 de septiembre de 2017

Mike Porcel

Ecos (Suite cubana para orquesta y banda rock)

Por: . 30|8|2017

Ecos (Suite cubana para orquesta y banda rock), para mí es una obra que pasará a la historia de nuestra música por ser pionera en la integración entre el lenguaje académico, lo tradicional cubano y el rock.Más de una vez he expresado y argumentado la idea que tengo acerca de que el mercado es algo que nos salva y nos pierde. En virtud de esa realidad, soy de los que opina que en materia de producción artístico literaria cubana en sus diferentes manifestaciones, tanto dentro de las fronteras del país como en la diáspora, hace años que resulta difícil encontrarnos con obras poseedoras de un nivel de factura que las haga ir más allá de lo circunstancial y epocal, es decir, que trasciendan los límites regulatorios establecidos por la ley de oferta y demanda de una u otra forma.

Por suerte, siempre hay creadores que de modo explícito se proyectan como outsider o cual lobo estepario y que prescinden de lo dictaminado por el mercado. Ellos viven en su periferia, en el margen, mas no al margen. Mike Porcel es de esa clase de artistas que les seduce la perspectiva de trabajar en el límite y como músico resulta morador de un Estado de excepción.

Pertenezco a la generación que allá por el decenio de los setenta de la anterior centuria se enamoró para siempre de la guitarra. Recuerdo que en un momento en que ya dominaba unos cuantos acordes y me sabía varias canciones, mi primer gran reto como ejecutante del instrumento de las seis cuerdas fue sacar y aprenderme la armonía de «Paloma sin nombre», composición de Mike Porcel que se hiciera popular en la voz de Fara María. Aquella no era una pieza fácil de dominar por un adolescente inexperto en semejantes lides, pues en su acompañamiento guitarrístico había que utilizar acordes de enlace entre un tono y otro y me costó dios y ayuda llegar a poder interpretarla más o menos de forma decorosa.

De entonces a acá han transcurrido cuarenta años y, aunque la vida no le ha sido un lecho de rosas, «después de tanto azote y diezmo» (como asegura en su tema «Autorretrato»), Mike Porcel continúa persistiendo en no unirse a la corriente de moda sino en seguir su voz interior y de ese modo, ser fiel a sí mismo, aunque semejante proceder implique recibir escasas recompensas. Es por ello que, aunque casi con cincuenta años de carrera desde que debutase profesionalmente como integrante del recordado grupo Los Dada, solo ha podido editar tres discos.

Esos álbumes han visto la luz gracias a las llamadas nuevas Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones (TIC), que a creadores como Mike Porcel le  brindan posibilidades nunca antes pensadas de grabar, escuchar y producir músicas. Estas emergentes experiencias sonoras son el resultado de un acceso y disponibilidad tecnológicos no predecibles hace solo unos años, y de unas condiciones mediáticas gestadas en las pasadas décadas, cuyas consecuencias aún se desconocen.

En el contexto de la música producida en nuestros días, muchas de las mutaciones actuales, debidas al tránsito de la técnica mecánica a la tecnología electrónica, aceleran y amplifican un proceso común a todas las manifestaciones culturales, es decir, el del relativo desarraigo del territorio por el que se define una identidad cultural o una etnia. Como escribiese Jean–François Lyotard(1988: 74-75):

«(…) con las nuevas tecnologías (…) en tanto en cuanto generan modelos culturales que no están inicialmente enraizados en el contexto local, sino que constituyen enseguida con vistas a la mayor difusión por toda la superficie del planeta, se proporciona un medio excelente para superar el obstáculo que representa la cultura tradicional a la captación, a la circulación y a la comunicación de informaciones.»

Es así que alguien como Mike Porcel puede dar rienda suelta a todo su talento a través de una producción independiente, al carecer de una compañía discográfica que respalde su quehacer. El enfoque aportado por las zonas de alta tecnología en cuanto al principio descentralizado de hágaselo-usted-mismo respecto a la producción (proveniente de la frase en inglés do-it-yourself del movimiento punk), en convergencia con las características propias de la «ética hacker» (Himanen: 2001) y del «cortar y pegar» (cut ‘n paste), derivado  de los movimientos artísticos previos que utilizaron el bricolaje y el collage como formas de composición, de cuyas prácticas dejó constancia el inglés Dick Hebdige en su libro Subculture: Themeaning of style (1977),  ha introducido una nueva dinámica en el panorama cultural a escala internacional.

El bajo costo y la diversificación de las herramientas a utilizar han posibilitado que hoy, desde su casa, un músico como Mike Porcel iguale los estándares que la industria discográfica impusiera en relación con la técnica de grabación y niveles cualitativos del audio, a partir de apoyarse en elementos como la computadora personal o de escritorio, que funciona como oficina y centro laboral, y las estaciones de trabajo de audio digital o DAW, es decir, programas para crear, grabar, producir y masterizar audio (pro Tools, Reason, Ableton Live…). Esto corrobora la idea de Keith Negus en cuanto a que los sonidos y prácticas musicales no solo dependen de la manera en que la industria produce cultura, sino que a su vez están condicionados por el modo en que la cultura produce una industria (Negus, 2005: 33).

El metainstrumento que es el estudio de grabación multipista, algo a lo que hasta hace muy poco tiempo resultaba un privilegio acceder, en la actualidad se ha incorporado a un metainstrumento mayor: la computadora personal o instrumento total, al decir de Israel V. Márquez (2010), «capaz de albergar en su interior todo tipo de recursos y materiales para la edición y creación musicales, esto es, un verdadero estudio de grabación digital.» Como apunta Pierre Lévy (2007), uno de los primeros efectos de la digitalización es que ha situado el estudio de grabación a la disposición del bolsillo individual de cualquier músico, que en el presente posee la capacidad para controlar personalmente todas las fases de producción de la música, desde la etapa de creación hasta la de las orquestaciones, mezcla, masterización y distribución.

Buen ejemplo de lo antes expresado es lo realizado por Mike Porcel con sus tres producciones fonográficas, si se descuenta una llevada a cabo en compañía de la vocalista Ivette Cepeda y el actor Daniel García Rangel. El más reciente de los álbumes de Mike, publicado en inglés y español, en nuestro idioma lleva por título Ecos (Suite cubana para orquesta y banda rock). La edición en la lengua de Shakespeare se nombra Echoes (A Cuban suite for orchestra & rock band).

Como que soy un devoto ciento por ciento de la obra de este creador, alguien que se va por encima de lo que se entiende por trovador y/o cantautor e incluso del término compositor, para devenir todo un músico en el sentido más abarcador del vocablo, disfruté muchísimo cuando pude escuchar sus anteriores trabajos, es decir, Intactus y Personal. Empero, debo decir que en el caso de Ecos uno está ante una propuesta de talla mayor. Esta es una creación que, funcione o no en el mercado (a estas alturas, ello es de poca o nula importancia) era necesario se escribiese y se registrase, no ya para la satisfacción personal de su autor y de admiradores suyos como yo, sino para algo que nos trasciende a todos: ¡la cultura cubana!

Esta deliciosa suite representa el resumen de las disímiles experiencias e influencias musicales que conformaron el quehacer del artista que es Mike Porcel. Aquí está presente la música académica, el rock y la canción de autor. Tal integradora cosmovisión mucho le debe al legado que en Mike dejó durante su etapa formativa el maestro y promotor cultural Ángel Vásquez Millares, ese gran defensor del arte lírico entre nosotros.

Es probable que para cierta clase de audiencia, que en lo fundamental conoce el trabajo de Porcel como cantautor, al enfrentarse con un CD como Ecos piense que en el álbum hay un rompimiento con un camino anterior y el comienzo de otro modo de hacer. Quien haya seguido más de cerca su labor, se dará cuenta de que no acontece nada de eso. En el fonograma están presentes las principales motivaciones que han guiado el trabajo de Mike desde sus comienzos en la vida musical a fines del decenio de los sesenta.

En esta suite, contentiva de tres movimientos o actos como prefiere decir el autor, se parte de las células rítmicas cubanas, con predominio de las de origen español, aunque también con algunas africanas, sometidas en su conjunto a un proceso de hibridación a través del filtro de la cultura urbana. En tal sentido, ello es continuación de las experiencias de Mike Porcel al fundar el grupo Síntesis. Del primer repertorio de dicha agrupación, nunca olvidaré el tremendo impacto que causó en mí una pieza de Mike nombrada «Campesina», también conocida como «Variaciones sobre un zapateo», según se le denominó al incluirla en el segundo disco de Síntesis (ya para entonces Porcel no estaba en la banda), el LP Aquí estamos. El arreglo coral que en vivo interpretaban Mike, Carlos Alfonso, Eliseo, Ele y Silvia, las voces del colectivo en su momento fundacional, era sencillamente impactante.

Más de una vez me he referido a que al pensar en la unión del rock con los ritmos tradicionales cubanos, por lo general  se suele concebir solo desde la perspectiva de las raíces africanas. Es por ello que en varios escritos he defendido la tesis de lo harto llamativo e interesante que para el rock nacional sería buscar en los componentes hispanos de nuestra cultura,  por medio de la música campesina cultivada entre nosotros. Tanto en conferencias como en cursos que imparto, en ese sentido apelo a un par de ejemplos, una obra de Juan Antonio Leyva con el grupo Arte Vivo nombrada «Punto para un guajiro nuevo» y la aludida «Campesina».

En los tres movimientos que integran Ecos ( Suite cubana para orquesta y banda rock), o sea, Acto I: La partida («Obertura – El amanecer», «Fantasía sobre el zapateo cubano», «Viaje a un recuerdo perdido», «La despedida»); Acto II: El viaje («Danza del poeta», «Bajo el viento de la impermanencia», «Puente sobre la luz», «Habanera errante»); Acto III: La llegada («Alquimia Universal», «Deja vu», «Ars poética», «Epílogo finale»), de igual modo uno percibe reminiscencias que van de un Alejandro García Caturla a un Rick Wakeman, pasando por ex colegas de Mike Porcel como el pianista y compositor José María Vitier.

Como se apunta en una nota de presentación del disco escrita por el propio Mike, los temas de Ecos son inéditos, con la excepción de dos de ellos, que Porcel quiso recuperar del pasado. Trátase del ya aludido «Campesina» y el que se emplea en la introducción de «Alquimia Universal», vieja idea del tecladista Alfredo Arias Borges y que fuese concebida por él a manera de contrapunto a una de las primeras canciones de Mike en el tiempo en que ambos coincidieron en Los Dada. Por su parte, «Danza del poeta» está dedicada al escritor Alberto Baeza Flores quien, según palabras de Porcel, es el padre espiritual de esta obra.

Importante es resaltar que el álbum aquí comentado resulta una muestra de esa zona de la creación artística cubana en la que el aparato categorial de que disponemos los encargados de reseñar, comentar y/o criticar los disímiles trabajos discográficos que publican nuestros compatriotas, en el presente resulta insuficiente a la hora de intentar ubicar el material en alguna de las clasificaciones al uso. Con fonogramas como Ecos, ya no se puede hablar de un CD enmarcado dentro de los límites del rock, la música vocal instrumental o la académica. No tiene lugar la tradicional y clásica diferenciación de géneros y estilos porque lo que Porcel quiere buscar (y dicho sea de paso, encuentra) son nuevas articulaciones y texturas por medio de mixturas e hibridaciones en aras de una integración total.

Así, la mezcla es tan pugnante y tensionante que se torna punto menos que imposible determinar qué es, en materia de géneros y estilos, lo hegemónico y qué lo subalterno. Ello se corresponde con el enunciado de Fernando Ortiz (1940: 161-186) en cuanto a la comparación de Cuba y su cultura con un ajiaco, ese delicioso caldo que asimila los más variados ingredientes. Y es que este tercer álbum de Mike Porcel, por su resultante final, se convierte en un ejemplo de intertextualidad postmoderna. El cúmulo de niveles intertextuales que propone en su conjunto la suite lo hace ser una muestra de lo que en teoría del arte se conoce como un texto cultural, en la línea de la definición desarrollada por Edmond Cross (1997), en la cual el texto cultural es entendido como un «fragmento de intertexto» de un determinado tipo que interviene según modos específicos de funcionamiento en la geología de la escritura (ya sea literaria o musical).

En el caso específico de Ecos (Echoes, en inglés), sus niveles intertextuales se ponen de manifiesto en que en la obra hay componentes de la música académica, dados por la utilización de la sonoridad de la orquesta sinfónica; están los elementos provenientes de la tradición popular, personificados en la presencia de la síncopa y la clave cubanas; por momentos lo que escuchamos nos hace evocar en lo fundamental las raíces hispanas de nuestra nacionalidad y más sutilmente el origen afro que poseemos; mientras que el toque de una amplia gama de teclados, la batería programada y las texturas de una punzante guitarra eléctrica, trabajada con el empleo de pedales como el distortion en los solos y en el diseño de poderosos riffs, se inscribe en los cánones universales del mejor rock sinfónico setentón y el progresivo de nuestro tiempo.

Decisivo en la materialización de este ambicioso proyecto, ya disponible para ser comprado en la plataforma digital de CD Baby, es la participación en el mismo de un reducido pero muy eficiente equipo de colaboradores de Mike Porcel. Son ellos Ricardo Eddy Martínez («Edito»), encargado no solo de ejecutar los teclados sino de la compleja labor que un fonograma como este demanda a la hora de hacer las mezclas y la producción (una vez más me ratifico en la idea de que «Edito» es uno de los mejores productores discográficos cubanos); Jorge «Pepino» Fernández, con un remarcado y eficiente protagonismo desde la guitarra eléctrica, como él nos tiene acostumbrados desde los años setenta cuando era parte de distintas bandas de la escena underground habanera; el saxofonista venezolano Ed Calle, con una intervención breve pero impactante; Mike Fuller como responsable de la masterización y Rolando Pulido a cargo del diseño gráfico.

Con la intención de poder subir a distintos escenarios este trabajo, como parte del mismo se ha concebido un script o historia acerca del viaje de la vida (en el libreto portada del fonograma se incluye una cita del narrador Herman Hesse en la que se afirma: «La vida de cada hombre representa un camino hacia sí mismo»), a lo que se añadiría la utilización de bailarines de ballet apoyados por un meticuloso montaje de luces y el empleo de multimedias, orquesta, secuencias sampleadas y banda de rock, herencia estética de los lejanos tiempos en que el artífice de todo esto se desempeñaba como asesor musical en Teatro Estudio y hacía espectáculos con actores como los desaparecidos Carlos Ruiz de la Tejera y JoséAntonio Rodríguez, y soñaba con realizar conciertos en la cuerda de los llevados a cabo por los británicos Genesis y Peter Gabriel.

A sus 67 años, Mike Porcel está consciente de que la degradación del gusto musical en la actualidad es mundial, pero él sigue siendo de los que hace suyo aquel esperanzador verso de Ramón Fernández Larrea que asegura: «todos tenemos una estrella en la puerta» y confía en que, por fortuna, siempre hay espacios y artistas a contracorriente. De ahí que pueda entregarnos un fonograma a la altura de Ecos (Suite cubana para orquesta y banda rock), para mí una obra que pasará a la historia de nuestra música por ser pionera en la integración entre el lenguaje académico, lo tradicional cubano y el rock.

Referencias bibliográficas:

Cross, Edmond. 1997. El sujeto cultural: Sociocrítica y psicoanálisis. Buenos Aires, Corregidor.

Hebdige, Dick. 1977. Subcultures. The Meaning of Style.London-New York, Routledge.

Himanen, Pekka. 2001. The hacker ethic and the spirit of the information age. New York, RandomHouse.

Lévy, Pierre. 2007. Cibercultura. La cultura de la sociedad digital. Barcelona, Anthropos.

Lyotard, Jean–François. 1988. L‘inhumain,causeries sur le temps. París, Galilée.

Márquez, Israel V. 2010. «Hipermúsica: la música en la era digital». Trans (Revista Transculturalde Música), no. 14, <http://www.sibetrans.com/trans/a7/hipermusica-la-musica-en-la-era-digital> [Consulta: 27.12.2010].

Negus, Keith. 2005. Los géneros musicales y la cultura de las multinacionales. Barcelona, Paidós.

Ortiz, Fernando. 1940. «Los factores humanos de la cubanidad». Revista Bimestre Cubana, No. 21, La Habana, pp. 161-186.

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