Actualizado el 15 de junio de 2018

Dos por dos

Por: . 13|6|2018

Imagen cortesía de Joaquín Borges-Triana

Imagen cortesía de Joaquín Borges-Triana

A nivel mundial, el mercado discográfico experimenta una crisis derivada del surgimiento de otros modos de consumir música a partir del auge de Internet: iPad, iTunes, Apple Store, iPod, iPhone… En consecuencia con ello, cada día aumenta el número de músicos cubanos que optan por editar sus propuestas de forma independiente y comercializarlas al margen de los mecanismos del mercadeo tradicional, lo cual trae aparejado que no pocos materiales de alta valía nunca lleguen a las manos de musicólogos, periodistas, otros estudiosos y coleccionistas interesados en el devenir de nuestro patrimonio musical, dondequiera que este se haga. Con razón, nuestro compatriota Carlos Olivares Baró asegura:

«Estar al corriente de los avatares de la música cubana actual es encargo trabajoso. Cada día aparecen nuevos compositores con atrayentes propuestas experimentales y de fusión; se multiplica el número de conjuntos, orquestas, charangas, combos, concertinos, orquestadores y vocalistas. La tierra de Arsenio Rodríguez, Ernesto Lecuona y Miguelito Cuní sigue siendo crisol musical, y potencia melódica/rítmica indiscutible a nivel mundial.»

Pese a lo peliagudo y difícil de intentar estar al corriente de la discografía llevada a cabo por cubanos en todo el orbe, en El Caimán Barbudo durante años hemos pretendido  realizar un acercamiento al fenómeno a fin de empezar a dar respuesta a una profunda necesidad tanto de información como de coherencia intelectual y así, entender el tema en su complejidad, que va más allá de las visiones que se puedan tener en el orden ideológico, o los binarismos que hablan del “dentro” y el “afuera”. Porque lo cierto es que los creadores de este país disgregados por los cuatro puntos cardinales del planeta, se enfrentan al reto de hacer algo nuevo y no solo recrear lo que una vez hicieron en Cuba. Un otrora colaborador de nuestra revista y fiel lector de lo que aquí se publica, el ensayista Emilio Ichikawa, en un texto suyo sobre el teatrista habanero Víctor Varela, admite que mantener, «fuera del locus domiciliar, más allá del jardín fecundo, un nivel de inconformidad creativa que conduzca, una y otra vez, a la obra de arte, requiere una energía descomunal.»

Para los músicos de nuestro país pertenecientes a las distintas generaciones diaspóricas que hoy conviven en el extranjero, tal vez el mayor incentivo que hayan tenido para continuar adelante en su sistemático bregar resulte defender por ellos mismos la huella de lo que se ha sido y se sigue siendo, actitud alejada por completo a la de ponerse a esperar a que alguien lo haga por nosotros. En frase del poeta Luis Marimón: «El tiempo también borrará todo esto / A mí solo me salvará del olvido lo que he escrito».

A tono con lo anterior, cabe afirmar que la música cubana también es una patria, que pertenece a todos los que experimenten la necesidad de sentirse parte de ella, sin importar en lo más mínimo donde se viva o como se piense. Por ello, con inmenso placer, hoy reseño un par de recientes discos de compatriotas transterrados pero que, desde los sitios en que en la actualidad residen, siguen aportando lo suyo a la cultura cubana.

Imagen tomada de: https://www.songlive.es/es/katia-marquez/musico/626

Imagen tomada de: https://www.songlive.es/es/katia-marquez/musico/626

Katia Márquez – ¿QUÉ MÁS PUEDO DECIR?

Segunda producción fonográfica de la cantautora Katia Márquez, en su nuevo trabajo, el CD  ¿QUÉ MÁS PUEDO DECIR?, ella vuelve a apostar (como hiciera en su propuesta anterior, el álbum Hace falta corazón) por la utilización de un lenguaje heredero del coloquialismo. Así, en líneas generales, el discurso lírico de la creadora aborda el tema amoroso, tratado desde una poética transparente y sin caer en frases manidas, pero con una belleza que atrapa desde una primera audición y que hace que los textos se nos tornen familiares. Es una escritura sencilla, sin el menor asomo de complejos intelectuales, con versos tiernos que lo obligan a uno a escuchar una y otra vez los distintos cortes del disco.

Buen ejemplo de lo antes expresado, es el tema que abre el álbum, titulado «Abrígame», uno de mis favoritos de los once que integran la grabación:

«Abrígame despacio, / susúrrame algún canto, / navega mis espacios, / seca en tu piel mi llanto.

Recórreme entre sueños, / hipnotiza mi aliento, / deja en mi pecho un verso / y siembra estrellas en mi recuerdo.

Dale una vuelta al tiempo, / camina entre mis cuentos, / dibuja con un beso, / mi pensamiento.»

Con funcionales orquestaciones de todo el material a cargo de Danny Aguiar Muñoz y producción musical  hecha por Ángel Aguiar Muñoz, en este hermoso fonograma disfrutamos de una suerte de viaje por distintos géneros de la música cubana, entre ellos el danzón, la guajira, el son, el bolero… En el listado de mis cortes favoritos, mencionaría el ya aludido «Abrígame», «Esto también pasará», «Para una mariposa», «Cuentas en mi despertar», «Sueña cantando» y el que otorga nombre a la grabación, es decir, «¿Qué más puedo decir?».

Creo que en el acercamiento a lo cubano tradicional está uno de los mayores méritos del álbum y evidencia que aunque se viva en Madrid por muchos años, se puede continuar apegado a las raíces, como si se estuviese en Cuba. Ocurre que no es sencillo desarrollar una hermenéutica que aparte a los músicos transterrados de una tradición nacionalista, incluso en aquellos que evitaron el camino de la nostalgia o la idealización de la criollez perdida, a fin de enlistar en ellos pruebas de la permanencia de lo cubano. Así, en el caso específico de gran parte de la obra autoral de Katia Márquez, ella persiste en preservar nuestra memoria musical, supongo que transida por la nostalgia y la noción de pérdida.

Si bien cada vez creo menos en los concursos y premios, vale la pena resaltar el hecho de que el disco ¿Qué más puedo decir? fue seleccionado semifinalista de los Premios de música independiente 2018 en España y, aunque no pasó a la final, Katia debe sentirse feliz porque tal resultado es un importante logro , si se piensa que su propuesta estuvo seleccionada entre las 30 semifinalistas de 874 CDs presentados al certamen, algo que también ha de verse como otro éxito para la escena transnacional de Música Cubana Alternativa y en especial, para la Canción Cubana Contemporánea

Boris Larramendi – Samurai

Parece que fue ayer, pero ya hace casi treinta años que conozco a Boris Larramendi. Si bien el tiempo ha transcurrido,  la esencia que se podía captar en sus primeras composiciones durante la época de la peña de 13 y 8 se mantiene intacta como el primer día. Por eso, él sigue siendo un hacedor de canciones transgresoras, alegres, irreverentes, divertidas, festivas, desenfadadas, con una remarcada propensión hacia la gozadera y el desmadre. Muestra de ello son temas como «Marchen bien», «Enfermera», «Lo quiero ahora», «Marea pero me encanta», «Asere ¿qué volá?», «Mambo horizontal» o «Mirando nevar» y que lo han convertido en un compositor de obligatoria mención en la Canción Cubana Contemporánea.

Aunque muchos le asocian únicamente a su etapa como integrante de Habana Abierta, Boris ha desarrollado una fructífera carrera en solitario y así ha editado varios discos, a saber Yo no tengo la culpa (2002); Libre (2009); Felicidad (2010);  y La Cibertimba y el Bárbaro (2013). Su más reciente fonograma lleva por título Samurai (2018) y con él continúa en el camino de las producciones independientes. De igual modo, los tópicos que Larramendi ha trabajado en su obra autoral vuelven a hacerse presentes, con lo que la ironía, el relajo, la crítica, el sexo, su familia, la condición de transterrado campean por su libre albedrío a través de las doce canciones recogidas en el álbum, un trabajo mucho menos acre que su anterior CD, La Cibertimba y el Bárbaro.

Imagen tomada de: https://borislarramendi.bandcamp.com/album/samurai

Imagen tomada de: https://borislarramendi.bandcamp.com/album/samurai

Una de las particularidades que de inmediato llama la atención en Samurai es el hecho de que en el mismo el desempeño de Boris ha sido fundamental para la concreción del proyecto, pues él ha sido no solo el compositor e intérprete del material sino además el arreglista, ejecutante de distintos instrumentos, grabador, el encargado de las mezclas y la masterización, y en fin, el productor responsable de todo lo que escuchamos. Y lo asombroso es que, contra viento y marea,  ha conseguido sacar adelante el proyecto con una calidad digna de elogios. No está de más recordar que Larramendi no es músico de formación, sino graduado de la carrera de derecho, así que el nivel que ha alcanzado en lo musical responde a la voluntad de autosuperación y que es apreciable si se analiza su obra en conjunto desde los comienzos hasta nuestros días.

Una audición de los doce cortes de este álbum (ideal para cargarnos las pilas y llenarnos de adrenalina) permite afirmar que aquí Boris abandona un tanto la sonoridad electrónica presente en La Cibertimba y el Bárbaro. En lo personal, este nuevo fonograma a mí se me antoja como un cruce entre la tímbrica de Yo no tengo la culpa y la de Felicidad. Cierto que no faltan potentes riffs de guitarra eléctrica, pero también sabiamente se utiliza la versión electroacústica de dicho instrumento con cuerdas de nylon.

Piezas como «Dispara ya», «Para curarte el alma», «Samurai», «Ya no se acuerda de mí», «15 años», «Iya», «Cuba» (el tema que más me recuerda la atmósfera de Habana Abierta) y «La conga nunca falla», son testimonio del grado de madurez que hoy posee Larramendi. Con intervenciones del tecladista Jorge Gómez (director del grupo Tiempo Libre), del baterista Kiki Ferrer y de su compañera Ivette Falcón en el violonchelo, Samurai es un disco que deja claro que Boris Larramendi es de los que entre nosotros más se ha acercado a lo que pudiera ser un rock cubano, concepto que a mí no me gusta ni comparto, pero que en el hipotético caso de existir, debería sonar parecido o semejante a lo que en este álbum se escucha.

Categoría: Discos | Tags: | | | | |

Director: Fidel Díaz Castro

Diseño web: Héctor Otero

Relaciones públicas: Racso Morejón

Redacción digital: Editor: Racso Morejón

webmaster: Racso Morejón

Desarrollador web: Escael Marrero

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados