Actualizado el 29 de febrero de 2012

Tony Levin

Por: . 27|2|2012

Tony LevinAunque venía trabajando principalmente como músico de sesiones desde mucho antes, fue en la década de los 80 cuando el nombre de Tony Levin comenzó a destacar. Bajista y compositor, nacido en la ciudad de Boston, Estados Unidos, en junio de 1946, se asoció al grupo King Crimson en 1981, pero contaba ya con un nutrido catálogo de colaboraciones junto a reconocidos artistas como Alice Cooper, John Lennon (Double fantasy), Lou Reed (Berlin) y los primeros discos de Peter Gabriel. El paso a la banda dirigida por Robert Fripp en su mutación ochentera le otorgó una visibilidad que no había tenido hasta entonces. A partir de ese momento su nombre es sinónimo de creatividad y buen hacer.

King Crimson fue la plataforma perfecta para que Levin diera rienda suelta a su creatividad, constreñida a las partituras de otros en sus experiencias previas. El cuarteto, completando con Fripp, el también guitarrista y cantante Adrian Belew y el baterista Bill Bruford, se dedicó a transformar su propia historia, aquella que los había encumbrado, un decenio antes, entre los equipos más destacados del rock progresivo. Desde el influyente álbum Discipline (1981) el bajo de Levin devino piedra angular en la construcción de una identidad. La pulsación precisa y la inclinación hacia lo textural fueron vitales para el cambio que la banda estaba enunciando. Tras Beat (1982) y Three of a perfect pair (1984) hubo un largo impasse seguido por la reunificación a sexteto (con el añadido de Trey Gunn y Pat Mastelotto) y otra vuelta de tuerca titulada Thrak (1995). En cada etapa el bajista no solo ayudaba a armar un soporte para los entramados guitarreros, sino que se integraba a la elaboración armónica y tímbrica con ideas frescas. En este sentido vale recordar que Crimson es uno de los escasos equipos que, dentro del rock, se arriesgaba a improvisar en pleno escenario en una movida que les permitía siempre explorar terrenos vírgenes y abrirse a mutaciones en su sonido.

Una de las consecuencias más notables de su paso por este colectivo fue su asociación con Bill Bruford. Ambos, perfeccionistas naturales, crearon la sección rítmica más imaginativa de los años 80, explorando sus instrumentos en una apuesta de perenne regeneración. Por eso, aunque su carrera le ha llevado a laborar con algunos de los más reconocidos bateristas de la actualidad como Steve Gadd, Gavin Harrison, Mike Portnoy, Terry Bozzio, Steve Smith, Alan White, Chad Wackerman, Manu Katche y Jerry Marotta, su tándem con Bruford resulta un punto y aparte. Su comunicación telepática, búsqueda y esencias, conocimiento y estudio, sin desdorar la intuición en circunstancias claves, son los secretos elementales que les posibilitan pasar de estructuras casi minimalistas a un ataque agresivo con toda soltura. Coincidiendo en discos de Al Di Meola, David Torn y otros, echaron adelante también un proyecto llamado Bruford Levin Upper Extremities (BLUE) con un soberbio álbum en estudio y un doble en vivo, evocativo de una música altamente visceral.

En su larga trayectoria Levin ha pasado por formatos e intenciones variables, pero se acomoda evidente facilidad. Ya sea como respaldo de cantautores (Paul Simon, Tracy Chapman, Laura Nyro, Tom Waits) o instrumentistas (Andy Summers, Eddie Jobson, Steven Wilson), como en reuniones de improvisación (HoBoLeMa, Projekct 1, Projekct 4), discos y giras de jazz (Buddy Rich, David Sancious, Herbie Mann) y rock (Pink Floyd, Peter Frampton, Yes) o ensambles de catarsis eléctrica (Liquid Tension Experiment, Oxigene 8). Artistas no anglosajones también lo cuentan entre sus invitados ocasionales, como el argentino Fernando Samalea, los checos Cechomor, Olen Cesari (Albania), Ivan Lins (Brasil), Gabor Lesko (Italia), Kazumi Watanabe y Tadashi Goto (Japón). Enrolado en discos de aventuras grupales nombradas a partir de sus integrantes, como Bozzio-Levin-Stevens (Black light síndrome, Situation dangerous), Gorn-Levin-Marotta (From the caves of the iron mountain) o el reciente título homónimo de Levin-Torn-White, muestra también esa variedad genérica donde alguna peculiar lectura de los códigos del Metal y la música étnica adquieren protagonismos.

Como bajista su contribución es bien reconocida, incorporando una huella funk en el rock progresivo, además de un timbre peculiar que lo identifica. Con los “dedos funkys” (baquetas de madera para tocar batería y que, ajustadas en los dedos de su mano derecha, le sirven para percutir las cuerdas) consigue sonidos secos que cambian la paleta sonora del instrumento. Por otro lado, su desempeño en el stick lo coloca a la vanguardia entre los intérpretes de este curioso cordófono de mástil sin trastes y un rango armónico a medio camino entre la guitarra y el piano, que se toca presionando las cuerdas —en cantidades variables— mediante la técnica conocida como tapping. Su empleo permite sostener un ritmo y crear texturas a la vez, con atmósferas que pueden ser bien intensas o cargadas de lirismo. Para interesados, un excelente ejemplo de su uso aparece en la pieza “Etude in the key of Guildford”. En este segmento destaca su grupo The Stick Men, un trío armando junto al ya mencionado baterista Pat Mastelotto y el stickista Markus Reuter (quien remplazó a Michael Bernier) y que cuenta con dos discos hasta la fecha: Soup (2010) y Absalom, publicado el año pasado. La interacción entre los dos sticks sienta una pauta que tal vez Levin decida continuar explorando en el futuro, dada su riqueza de timbres. Junto a Guillermo Cides, Sean Malone, Mauricio Sotelo, Linda Cushma y otros, Levin es de quienes ha llevado al stick a un desarrollo impresionante en los últimos años. Asimismo, domina también el cello, la tuba, los sintetizadores y el contrabajo, que incorpora de modo eventual en sus grabaciones.

Su música recogida en una discografía como solista incluye referentes como la electrónica, el funk, sonoridades tradicionales de geografías variadas, rock, jazz y un regusto experimental hábilmente dosificado. En su mayor parte es instrumental, si bien en sus últimos discos, cada vez con más frecuencia, aparece el empleo de la voz. A veces funciona tal mescolanza dentro de un mismo álbum, pero también el excesivo abigarramiento sonoro tiende al despiste conceptual en ocasiones. Por ejemplo, en World diary, su debut de 1995, las melodías apuntan más hacia la New Age y las (mal llamadas) “músicas del mundo”, con algún que otro acento latino (“The train”). Por su parte, Resonator (2006) estuvo orientado hacia una canción de trazado convencional, carente de la fuerza de entregas anteriores, mientras Stick man (2007) enfatiza su labor con este instrumento. La lista se completa con el hermoso Waters of Eden (2000), Pieces of the sun (2002) y el registro en vivo Double espresso (2002), recomendado como carta de presentación para asomarse a su obra, con la particularidad positiva que los temas incluidos ganan fuerza, comparados con sus versiones en estudio.

Habiendo contribuido a definir el sonido Crimson de dos décadas no es casual que algunas de esas técnicas compositivas se encuentren en su discografía, tanto en el aspecto rítmico como en el replanteamiento armónico. Piezas como “Hands part 1”, “Sticky fingers”, “Chop shop” o “Inside the red pyramid”, con alguna que otra variante, podrían figurar en el repertorio del grupo. En general pasa de episodios de un tenso dinamismo (“Shadowland”, “Espresso and the bed of nails”) y momentos de contagio funk (“Geronimo”) o de rock básico (“What would Jimi do”) a otros de brillante intensidad (“Sasquatch”, “Apollo”) y recreaciones sobre temas de Led Zeppelin y Genesis, o del patrimonio concertante universal (Jachaturian, Stravinsky).

Ha tocado con grandes orquestas sinfónicas y de jazz, pequeños formatos acústicos, bandas y solistas de rock, cantautores e intérpretes de folclores varios. Estuvo a punto de sustituir a Jaco Pastorius en Weather Report, y John McLaughlin intentó reclutarlo alguna vez para la alineación original de su Mahavishnu Orchestra. La historia habría tenido trazos curiosos con ambas posibilidades. Pero entre su obra con King Crimson, sus centenares de colaboraciones desperdigadas en discos oficiales o piratas, más su faceta solista o al frente de sistemáticos proyectos, le confieren esa aura de hiperactividad en la cual parece sentirse a gusto. Además, es fotógrafo con libros publicados, compositor, bloguero desde 1996, productor y responsable de la disquera Papa Bear a través de la cual se encarga de distribuir sus propios trabajos y los de otros como el California Guitar Trio. Su imparable devenir entre sesiones, viajes, estudios de grabaciones, escenarios y locales de ensayos, le hace rozar la ubicuidad: múltiples proyectos lo tienen en sus filas, muchos planes aguardan alguna materialización por llegar. Como diría alguien: “inquieto este muchacho” (de 65 años).

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