Actualizado el 17 de mayo de 2013

Marco Minnemann

Por: . 15|5|2013

Para Oliver y Rodney

Marco MinnemannEn el último medio siglo la batería ha alcanzado un alto desarrollo en géneros de la música popular contemporánea como el jazz y el rock. Su propia fisonomía ha cambiado con los años, en la medida que sus ejecutantes han ido incorporándole distintos aditamentos —electrónica incluida— para transformar y enriquecer su sonido. Incluso se ha puesto a un lado su mera labor acompañante para asumir un nuevo protagonismo. Justamente, el alemán Marco Minnemann (diciembre de 1970) destaca desde hace más de una década entre quienes contribuyen a redefinirla como un instrumento solista con todas las de la ley en los contextos más disímiles.

Profesional desde 1992, con sus primeras bandas locales (Freaky Fukin’ Weirdoz, H-Blockx) descubrió las ventajas de laborar sin ataduras de estilos, algo que desarrolló más aún en los cuatro álbumes que facturó con su grupo Illegal Aliens entre 1996 y 2000. Heavy metal, pop, electrónica, funk y música de baile conformaron un background que le serviría para, más adelante, diseñar una manera diferente de entender el rol de la batería. Por otro lado, sus tempranos estudios de órgano y guitarra le permitieron también mejores recursos y una más amplia visión como compositor. Cuatro años después de su debut comenzó a investigar en las posibilidades de la independencia entre sus extremidades, desarrollando una forma de tocar que llevó la polirritmia a otro nivel y lo situó entre los bateristas punteros. No sólo desplegó una velocidad de vértigo, sino que la soltura con la cual maneja distintos ritmos a la vez, con pies y manos, lo hizo enfrentar difíciles patrones y marcajes con pasmosa habilidad. A diferencia de otros, su instrumento no resulta especialmente aparatoso, si descontamos los pedales varios y un tambor que suele colocar elevado a su derecha. Precisión en los cierres y ataques, habilidad para modular y un dominio completo de su set le valen para sentirse a gusto lo mismo en formatos pequeños que en una big band.

Su listado de colaboraciones engloba trabajos asumidos por interés musical y aquellos que quizás le aportan menos —en principio— pero le sirven para pagar la renta. No obstante, reconoce que en ciertas ocasiones, discos y giras que parecían no ser especialmente estimulantes, devinieron experiencias de gran interés, por lo cual no descarta totalmente ese tipo de labor. Pasa sin problemas del pop divertido de Nena al rock progresivo de Steven Wilson y UKZ, el metal en las múltiples variantes de Necrophagist, Ephel Duath, Illogicist y Kreator, y el jazz-rock de los bajistas Adam Nitti (Liminal, 2009) y el ex miembro de Passport, Wolfgang Schmid. Suele relacionarse con proyectos discográficos o de actuaciones que lideran guitarristas (Joe Satriani, Phi Yaan-Zek, Paul Cusick, Adrian Belew, Paul Gilbert, Tony McAlpine, Alex Machacek) y hasta se apuntó en las audiciones como sustituto de Mike Portnoy en Dream Theater, aunque las exigencias contractuales de la banda chocaron con su deseo de no encasillarse, llevándolo a declinar la oferta. De todos modos quiero señalar una experiencia que me llamó la atención: su paso por los reformados UK en 2011, y el modo en que se integró a una sonoridad que marcó un clímax para el rock progresivo. Basta ejemplificar con la canción “In the dead of night” en la que su desempeño se distanció de lo que habían hecho quienes lo precedieron en el grupo: nada menos que Bill Bruford y Terry Bozzio. Su manera de enfocar esta y otras piezas reveló a un percusionista respetuoso de la historia pero decidido a no copiar, sino a poner su grano de arena. El rejuego con el doble pedal del bombo para los brakes, y el diseño de un acompañamiento diferente partiendo de la estructura original fueron sus señas de identidad.

Algunos títulos discográficos lo incluyen en duetos con Mario Brinkmann (el muy atmosférico Motor, 2002; Normalizer, 2003, y The shining, 2010), Shiloh Sheray (S-M, 2011), y tres que se publicaron en 2010 girando alrededor de un denominador común: Jason Sadites (Behind the laughter), Trey Gunn (Modulator) y Mike Keneally (Evidence of humanity). Esta trilogía está construida en torno a un solo del baterista de casi una hora de duración, quien solicitó que distintos músicos generaran sus ideas a partir de dicho aporte. Así, mientras Sadites hizo lucir su guitarra en un virtuoso ejercicio de jazz-rock, Gunn le agregó instrumentación para transformarlo en una serie de composiciones hilvanadas, a medio camino entre la moderna música electrónica y las partituras para audiovisuales, y Keneally asimiló la complejidad del pulso rítmico rellenándolo con turbulentos pasajes guitarrísticos y texturas de rara belleza. Otros instrumentistas se sumaron también a la experiencia, en lo que representó una novedosa forma de colaboración.

Entre una docena de discos personales es posible percatarse que no se trata de acumulaciones de dificultosos pasajes percutivos, sino que rezuman variedad melódica y rítmica dentro de los conceptos de composición que maneja Marco. Por ejemplo, The green mindbomb (1998) se acerca por momentos a la etapa “Synclavier” de Frank Zappa, con piezas melódicas (“Where to go?”) y aceleradas (“Total frontal nudity”), Orchids (2002) muestra una sonoridad más íntima sustentada sobre todo por el empleo de voces (“Doin’ blind”, “Bleeding”, “Don’t care”), y en Mieze (2004) alternan el ritmo juguetón de “Freedom, money, got no time”, el rock guitarrero de “Ourselves” y el lirismo de “Defragmentation day”, entre otras piezas. Estos, junto a Comfortably homeless (1999), Broken orange (2003), Contrair de la chanson (2006), y los recientes (2012) Evil smiles of beauty/ Sound of crime y Symbolic fox, conforman una obra consistente y a la vez tan heterogénea que uno se pregunta si realmente pertenecen a la misma persona. Por lo general asume el grueso de la instrumentación, las programaciones, vocalizaciones ocasionales y las partes de ingeniería y producción. No pretende ser un dictador, ni probar a toda costa que puede tocar con idéntica pericia la guitarra y la batería, sino estar más cerca del proceso creativo y la construcción de un resultado. Asimismo está su pertenencia al trío The Aristocrats, junto al bajista Bryan Beller y Guthrie Gowan en las seis cuerdas, con un par de álbumes a su cuenta: el homónimo, de 2011, y Boing! We’ll do it live (2012). Músicos probados en géneros diversos que llevan adelante una música de alta complejidad no exenta de diversión: solo hay que ver sus caras en los videos.

Para componer Marco utiliza básicamente la guitarra y los teclados. Prefiere partir de alguna buena frase melódica o un riff, aunque sin descartar las ideas rítmicas. Se guía más por su oído interior que por un manual de teorías. Conocer otros instrumentos le permite tener una idea más exacta de lo que quiere trasmitir y cómo quiere que suene su música. Pone cuidadosa atención a cada detalle de sus producciones, más todavía si tomamos en cuenta que muchas las hace en casa, con una mezcla de paciencia, tecnología, curiosidad y autoexigencia. Prefiere la variedad a la monocromía, la búsqueda más que la indulgencia. Por eso sus composiciones a veces combinan la energía a todo tren y los remansos de tranquilidad textural, emotividad y desenfreno, canciones que con un poco de suerte podrían sonar en las radios y temas de alucinante dificultad técnica.

Marco Minnemann tiene claro un precepto irrebatible: la música real (no lo que el mercado y su corte entienden como tal) no es una competencia. No se trata de quién toca más rápido: para eso está el deporte. O el ego. La música es otra cosa: espiritualidad, sentimiento, comunicación. Si muchos bateristas de medio planeta pugnan por aprender de su estilo, él los invita a buscar sus propias vías de expresión. Emparentado generacionalmente con otros aventajados de la batería (Derek Roddy, Aquiles Priester, Thomas Lang, Peter Wildoer) y autor de libros de referencia en su instrumento, entre lo que más valoro en su actitud es su interés por apartarse de fórmulas y esquemas. Podría especializarse en este o aquel estilo —jazz-rock, death metal, rock progresivo, música experimental— pero prefiere saltar de uno a otro, probar aquí y allá, mezclando y tratando siempre de aportar y, al mismo tiempo, retroalimentarse con cada experiencia. Imaginativo e informal asume la novedad de la aventura como motivación central de su trabajo. Creo que, en realidad, esa es la parte que más va a trascender, su inquietud como creador, pues en ella radica su fortaleza.

Categoría: La Cuerda Floja | Tags: | | | | | | | |

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