Actualizado el 31 de mayo de 2015

The Bad Plus

Por: . 28|5|2015

Se conocen desde hace más de un cuarto de siglo, pero solo con el inicio del tercer milenio los integrantes de lo que devino The Bad Plus, se animaron a concretar un colectivo que se situó muy rápido entre las opciones más novedosas del jazz actual.

Para la familia López-Nussa

 Se conocen desde hace más de un cuarto de siglo, pero solo con el inicio del tercer milenio los integrantes de lo que devino The Bad Plus, se animaron a concretar un colectivo que se situó muy rápido entre las opciones más novedosas del jazz actual. Tarea nada fácil si se toma en cuenta las aparentes limitaciones de su formato: un trío. El pianista Ethan Iverson (febrero de 1973), Reid Anderson (octubre de 1970) en el contrabajo y el baterista Dave King (junio de 1970), conformaron en Minneapolis (Estados Unidos) un equipo que ha permanecido estable desde entonces, lo cual ya es un hecho de por sí bastante inusual en el mundillo jazzístico, sujeto a las permutas constantes. Pero no es solamente su persistencia, sino también su creatividad, lo que lo coloca entre las cabezas visibles en la música de estos años.

Este tipo de formación —la sección rítmica de piano, bajo y batería— tiene una historia amplia e influyente en el jazz. Los tríos encabezados por pianistas como Bill Evans, McCoy Tyner, Cecil Taylor, Chano Domínguez, Michel Camilo, Keith Jarrett, Oscar Peterson, Ahmad Jamal, Michel Petrucciani, Paul Bley y en fechas más recientes Brad Mehldau, Hiromi, Adrián Iaies y el fallecido Esbjorn Svensson son algunos ejemplos. Sin embargo, se trata de agrupaciones que se apoyan casi en exclusiva en la labor compositiva de su líder. La propuesta de The Bad Plus resulta, obviamente, más democrática. No hay un director, y cada miembro aporta piezas de su inspiración, que luego son trabajadas en colectivo. Lo mismo va para la selección de obras ajenas llevadas al repertorio, y que representan una de sus señales de identificación. Son tres individuos con divergentes experiencias personales, anteriores y paralelas, decididos a hacer música juntos, sin escalafones ni egos.

No sorprende entonces que su discografía sea una mescolanza de composiciones propias y versiones, estas últimas tomadas de preferencia del rock y el pop. Tampoco esto es una novedad pues el jazz de los últimos tiempos se ha llenado de experiencias así: desde Paul Anka y Mariska Veres hasta el Crimson Jazz Trio. Pero, poniendo a un lado las diversas razones esgrimidas por cada quien, lo cierto es que se trata de apropiaciones que hablan a favor de la fortaleza intrínseca de esas obras. De no ser así, muy pocas resistirían los tratamientos que los jazzistas le conceden. Pero de eso hablaré más adelante.

Apenas un año después de su inicio, The Bad Plus entregó su primer disco, homónimo. A continuación llegaron These are the vistas (2003), Give (2004), Suspicious activity (2005), Blunt object —también en 2005 y grabado en directo en la capital japonesa— y Prog (2007). Todos combinaron material propio y de otros autores. Para el título siguiente (For all I care, 2008) se eligieron solamente versiones, con el agregado de la vocalista Wendy Lewis para quebrar la línea totalmente instrumental previa. Dando un giro de 180 grados, Never stop (2010) incluyó piezas originales en exclusiva. Dos años después apareció Made posible, donde por primera vez utilizaron instrumentos electrónicos para reforzar la sonoridad, seguido por Inevitable western y The rite of spring, ambos en 2014. En este 2015, volviendo a las sorpresas, se estrenó un disco en colaboración acreditada junto al saxofonista Joshua Redman.

En cuanto a las autorías individuales, Iverson se mueve con comodidad en los terrenos del jazz (“Mr. Now”, “Scurry”) y piezas lentas y evocativas con “Labyrinth”, aunque en “Cheney piñata” casi consigue remontarnos a una suerte de contradanza. El contrabajista Anderson es, quizás, el que más diversidad propone, pasando de la melancólica “Pound for pound” a la rockera “And here we test our powers of observation”, la melódica “Beryl loves to dance” —cruzada de pronto por un pasaje de pura disonancia— y los más de catorce minutos de “In stitches” dominados por el piano y una percusión hiperactiva. Finalmente, King muestra un mayor sesgo rock (“Wolfout”) entrelazado con ritmos alegres (“I want to feel good. Part 2”) y estructuras dinámicas (“Epistolary echoes”, “1972 bronze medalist”, “Gold prisms incorporated”). Cada uno tiene momentos de lucimiento repartidos por los diferentes fonogramas. Sonidos de blues, bop y música latina se reacondicionan para estimular una entrega donde el rigor alterna con el humor. La interacción de los instrumentistas imprime homogeneidad, y pese a la disparidad compositiva en el resultado se escucha, sin dudas, a The Bad Plus. 

Ahora veamos qué pasa con las versiones. Ante todo destacar que provienen de épocas y estilos distintos. Luego está el meticuloso proceso de deconstrucción, que transforma las piezas, ralentiza o acelera los tiempos, cambia las melodías y tonalidades. No se duplica nada: cada pieza es descuartizada y vuelta a armar bajo nuevos preceptos. A veces las similitudes con el original son fácilmente detectables; otras cuesta más darse cuenta qué es lo que están tocando. El recorrido puede abarcar un himno del grunge como “Smells like teens spirit” (Nirvana), clásicos del hard rock (“Iron man”, Black Sabbath; “Barracuda”, Heart) y el rock progresivo (“Tom Sawyer”, Rush; “Long distance runaround”, Yes; “Confortably numb”, Pink Floyd), la cinematográfica “Chariots of fire” (Vangelis), un éxito del pop nuevaolero (“Heart of glass”, Blondie) y la reconocida “We are the champions” (Queen), hasta temas de Radiohead, ABBA, Neil Young y Bee Gees, entre otros. Hay también incursiones en composiciones de autores de jazz (Paul Motian, Ornette Coleman) y de las vanguardias del siglo pasado (Milton Babbitt, Gyorgy Ligeti), sin olvidar la poderosa revisión a la “Consagración de la primavera”, con la que el ruso Stravinsky había escandalizado escenarios alguna vez.

Pienso que el trío intenta —y logra la mayoría de las veces— equilibrar lo interno y lo externo, las ideas de sus componentes y las referencias o gustos implícitos detrás de las versiones. Es una movida que tiene sus riesgos —la relectura a “My funny Valentine” no parece muy convincente que digamos, pero supongo es una jugada calculada— y también sus satisfacciones. Sin embargo, cuando todo es interpretado con fluidez y una disciplina musical férrea, las cosas comienzan a caer en su lugar. The Bad Plus hace lo que hace, en principio, para ellos mismos. El mercado viene después.

Si bien queda claro que la principal actividad de sus miembros es el trío, cada uno de ellos se mueve en terrenos anexos. El pianista Iverson, quien también ha escrito crítica de jazz, ha participado en proyectos con Kurt Rosenwinkle, Lee Konitz y Charlie Haden, además de discos a su nombre que se remontan a inicios de los años Noventa, mientras Reid Anderson colabora con Uri Caine y también se ha apuntado títulos en solitario. El baterista King, por su parte, junto a los álbumes personales, contribuciones con Meat Beat Manifesto y Tim Berne, y escribiendo para danza, cine y hasta desfiles de moda, anda envuelto en colectivos como Happy Apple, Halloween Alaska y The Gang Fort, orientados al progresivo, la electrónica y las tendencias más ruidistas del rock.

The Bad Plus hace jazz moderno sin traumas, que no omite influencias, poniéndole todas las especies que considera. Un jazz cómodo para canalizar los deseos de sus integrantes sin tener que rendir cuentas a nadie. The Bad Plus hace jazz moderno sin traumas, que no omite influencias, poniéndole todas las especies que considera. Un jazz cómodo para canalizar los deseos de sus integrantes sin tener que rendir cuentas a nadie. Reid, Dave y Ethan se divierten tocando lo que les gusta, y no se detienen a mirar si encaja en esta o aquella categoría. Con ellos la sorpresa está garantizada, así que la pregunta es: ¿con qué se aparecerán en sus próximos pasos? Solo queda esperar, apostando a que será música de retos para ellos y nosotros.

 

 

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