Actualizado el 16 de enero de 2016

Medeski, Martin & Wood

Por: . 15|1|2016

La trayectoria que comenzó calentando motores en los clubes de Brooklyn arriba a su primer cuarto de siglo con la misma confianza y curiosidad de sus orígenes. La suya es una ruta sin mapa.

Para Robertico Carcassés.

 

En los últimos 25 años el formato del “trío con órgano” —con sus distintas variantes— cobró pujanza (no siempre acompañada de masividad) en la música popular urbana. Ahí están los ejemplos de Niacin, Deep Blue Organ Trio, Soulive o los que encabezan Fernando Rusconi, Brian Charete, Ken Lovern y Joey DeFrancesco, entre otros. Casi todos tienen en común un coqueteo intergenérico. Eso es también lo que hace desde 1991 el equipo armado por los norteamericanos John Medeski (órgano y teclados, 1965), Billy Martin (batería y percusión, 1963) y Chris Wood (contrabajo y bajo eléctrico, 1969), y que se conoce por sus apellidos. Su sonoridad se suele catalogar como “jazz-funk de vanguardia” y, si bien es cierto que mucho de su material gira en torno a esos dos géneros, su obra no se detiene ahí.

Tras el debut acústico (Notes from the underworld, 1992) sostenido por las composiciones de Medeski, vino la decisión de acercarse a la electrónica, con un giro radical a su proyección. Las múltiples posibilidades de los nuevos instrumentos abrieron un espacio en el repertorio, al tiempo que se cambió el enfoque creativo. Desde entonces, se alternaron piezas escritas de manera individual con otras de responsabilidad colectiva y las versiones esporádicas a obras de otros autores, así como la presencia de algunos invitados. Dicha línea quedó evidenciada en el par de discos siguientes, It’ s a jungle in here (1993) y Friday afternoon in the universe (1995). A continuación llegó el primer esfuerzo netamente propio (Shack-man, 1996), con los tres integrantes haciéndose cargo de todo el proceso, desde la concepción hasta la interpretación. Mostrando la pluralidad que dominaría sus futuros pasos por derroteros cambiantes, el trío reapareció con Farmer’s reserve (1997) incursionando en la improvisación a tiempo completo. Combustication (1998) fue otra vuelta de rosca al insertar elementos de hip hop, seguido por The dropper (2000) con cuerdas incluidas.

Álbumes como Uninvisible (2002), End of the world party (just in case) (2004) y algunos “en vivo” insistieron en lo alcanzado, pasando factura a cuanta referencia se ponía a tiro. Mas, el carácter impredecible de sus transformaciones se apuntó otro tanto con Let’s go everywhere (2008), disco “para niños” compuesto enteramente por la banda y cuyo tema titular, un sabroso funky con voces infantiles, funciona como eje para un puñado de melodías contagiosas (y otras no tanto).

Lo curioso es que ese mismo año también se incursionó en territorio nuevo, cuando MMW fue convocado para asumir el material del saxofonista John Zorn. Zaebos: Book of angels (volume 11) es otro eslabón de una serie discográfica donde distintas agrupaciones repasan las partituras del creador neoyorkino. El trío marcó su impronta en piezas como “Vianel” y “Zagzagel”, sacando a relucir no solo su maestría instrumental sino también su afinidad con el lenguaje de Zorn. Además, por esas mismas fechas, el pequeño ensamble optó por invertir la fórmula convencional de hacer discos. Su estrategia fue salir a tocar en directo sin ideas preconcebidas, creando sobre la marcha a partir de improvisaciones, para luego llevarlas al estudio de grabación. La trilogía Radiolarians (entre 2008 y 2009) se nutrió de esa experiencia.

En su discografía anida un conglomerado de influencias. La danzoneada “Jean’s scene” se mezcla con el reggae de “Gwyra mi”, o el blues de “Baby let me follow you”. “Cloud wars” está construida sobre un ritmo básico de rock, “Doopler” es un funk medio raro, “Walk back” y “Last chance to dance trance” destilan aires sesenteros, mientras el dinamismo de “Tiznit stomp” y “Make room for another” contrasta con la elegancia de “Silk”, la misteriosa “Beeah” y la pletórica de efectos “Synesthesia”. “Amber girls” es conducida por una melodía exultante, al tiempo que “Where’s Sly?” contiene un reposado y contagioso riff de metales, y “Dollar pants” se apoya en una figura repetitiva desde el piano. Punto y aparte para las versiones. Las hay de jazzistas de toda la vida (Ellington, Powell, Monk, Coltrane, Shorter) junto a héroes del soul (Sly Stone), el rock (The Beatles) y el reggae (Marley), sin olvidar la bella revisión a “Moti mo” del nigeriano Sunny King Adé.

Las responsabilidades de pasajes solistas se intercambian, notando una menor insistencia en el bajo de Wood. El característico sonido del órgano Hammond B3 de Medeski sobresale en “Fuck you guys” y “Aquila the hyun”. Por su parte, Martin demuestra en “Shock it up”, “We’re so happy” y “Born on a bus”, su estilo desnudo de batería, con un atípico acompañamiento de golpes espaciados, recordándonos que no todo radica en la técnica: la sensibilidad tiene vericuetos insospechados e igualmente estimulantes. Por otro lado, el grupo enriquece su gama de timbres con instrumentos y artefactos ejecutados por los propios integrantes: armónica, flauta, sonajeros, percusiones y aerófonos. Asimismo ha contado con invitados (DJ Logic, Dave Binney, Jane Scarpantoni, Thomas Chapin, John Lurie) que aportan otros colores orquestales.

La guitarra eléctrica había tenido una presencia ocasional en sus registros, con los servicios de Marc Ribot y Danny Blume, hasta se buscó explorar un poco más. De ahí surgieron las excitantes colaboraciones con John Scofield (Out louder, 2006; In case the world changes its mind, 2011; Juice, 2014) y Nels Cline (Woodstock sessions. Vol. 2, 2014). De tal modo mientras con Scofield (con quien ya se había grabado en 1998 en compacto a su nombre) se enfatizó la veta jazzística (“Helium”, “Sham time”), la labor con Cline señaló más al rock (“Mezcal”, “Jade”, “Los blank”). Fusiones muy logradas, con los nuevos solistas integrados de modo efectivo a la instrumentación del trío.

Al margen del colectivo cada uno de ellos se involucra en experiencias paralelas, y donde nuevamente Medeski y Martin parecen ser los más activos. El organista lleva años formando parte de The Word y algunas de las bandas del citado John Zorn, además de hacerlo con Bela Fleck, John Fiuczynski, Spectrum Road, Cibo Matto y Morphine. El baterista, que tiene su propia compañía (Amulet) especializada en registros de percusión, ha editado álbumes de música de cámara, y dejado escuchar sus tambores junto a Maceo Parker, The Lounge Lizards, Iggy Pop y otros, amén de compartir con su colega Chris Wood en Perfect day (2000) del cantautor Chris Whitley. En fin, que no se andan quietos.

Medeski, Martin & Wood es una voz reconocible del jazz contemporáneo. Ese jazz que se deja permear de blues, funk, hip hop, electrónica, rock y los sonidos étnicos multiculturales. Jazz que rehúye los clichés, e invita a un viaje del cerebro a los pies y viceversa. Música que pese a ráfagas de tensión y oscuridad, suele ser luminosa, alegre, incluso bailable. La trayectoria que comenzó calentando motores en los clubes de Brooklyn arriba a su primer cuarto de siglo con la misma confianza y curiosidad de sus orígenes. La suya es una ruta sin mapa. A ver hasta dónde llega y qué se va descubriendo mientras se transita.

Categoría: La Cuerda Floja | Tags: | |

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