Actualizado el 9 de noviembre de 2016

Mane Ferret:

Un tesoro oculto

Por: . 7|11|2016

Durante tres décadas intentó conjurar la canción acá en Cuba, donde el saldo fue un carné del Movimiento de la Nueva Trova, un título de filología hispánica, un manojo de textos aparecidos en revistas culturales y un premio Calendario.

Imágenes cortesía Mane Ferret

Imaginen que Tom Waits no se llama Thomas sino Manelic, que no es oriundo de California sino de Santiago de Cuba, y que sus canciones en lugar de beber del blues, el jazz y el vodevil lo hacen de la trova vieja, el filin, el bolero y el son tradicional. Semejante ejercicio de la imaginación es menos especulativo de lo que podría pensar la mayoría, porque allá, del otro lado del Atlántico, tenemos en carne y hueso a Manelic “Mane” Ferret.

Reduzcamos su biografía a la mínima expresión: mujer, negra, santiaguera, lesbiana, filóloga, cantautora, escritora, emigrada. Uno diría que con semejantes atributos podría haber tenido un poco más de suerte en este mundo que se autocomplace en dizque celebrar la diferencia. Pero la verdad es más dura que un slogan de Cenesex y lo cierto es que Mane la ha tenido muy jodida. Muy. Y de esa vida jodida —con sus rachas más o menos estables de felicidad, como todo el mundo, naturalmente— ha ido extrayendo una savia, savia que diluye entre las canciones que le van brotando de dentro, con un regusto a tamarindo, a una cosa imprecisamente dulce y amarga.

“Desde que nací”, cuenta Mane a través de un aséptico chat de Facebook que ambos cambiaríamos gustosos por unos sillones y un pitillo, “mi abuela y yo vimos que yo solo quería poesía y trova. Me dijo que aprendiera a acompañarme para que pudiera ser feliz cantando. En 5to grado le hice una canción a Angela Davis que fue éxito entre las escuelas primarias, y me llevaron a cantarla a un festival de pioneros en el teatro Oriente de Santiago de Cuba… mi debut”, bromea. “Me di cuenta de que, con la guitarra al hombro y cantando cualquier canción que me pidieran, era fácil y fiestera la vida”.

Que si trova tradicional santiaguera, que si nueva trova, que si boleros, que si milongas, que si blues, que si ritmos caribeños, latinoamericanos, de la madre patria… todo le viene bien a Mane en su afán de arropar la canción. La culpa, dice, la tiene Santiago de Cuba, donde se habla cantando. “Allí llegan todos los ritmos del Caribe y Latinoamérica y son todos amados y asimilados. Santiago es orgullosa de su música. No es que me guste lo viejo en la música, es que me gusta el origen y allí voy…vengo desde otros siglos, mi amor no está aquí…dijo alguien”.

No es una trovadora al uso, eso sería muy fácil, muy aprehensible; ella más bien forma parte de esa casta de inclasificables que hace de la canción un ejercicio de exorcismo.Durante tres décadas intentó conjurar la canción acá en Cuba, donde el saldo fue un carné del Movimiento de la Nueva Trova, un título de filología hispánica, un manojo de textos aparecidos en revistas culturales y un premio Calendario. El siglo XXI la encontró en Cataluña, a donde han ido a parar sus huesos y unos baúles que ha llenado de vivencias pendencieras: intentos de banda, encuentros y devaneos con el alcohol y las drogas y una nostalgia mal disfrazada. El resultado ha sido un par de discos, la “Parrandita de las santas” –uno de los temas que más alegrías le ha traído–, el dominio de cierta zona de la movida barcelonesa, un puñado de fieles que entienden que esa mujer sabe algo que ellos no; un profundo y cada vez más pulido conocimiento de la esencia musical catalana, conocimiento que engulle y amasa junto a todos esos muertos a la espalda que llamamos tradición.

Mane Ferret es una propuesta cruda —demasiado cruda a veces—, sensación que refuerzan sus demos y discos un tanto silvestres, sin un pulido trabajo de producción musical que nos permita apreciar en su plena capacidad el talento innegable de la cantautora. Sus discos recuerdan esas primeras grabaciones de las cantantes de blues, al pie de sus casas, sin adornos, solo contando de la única manera posible un dolor universal de tan íntimo.

“Siempre he sido una mujer a quien le gusta compartir y dar alegría, tengo la risa fácil. Pero la vida me ha pateado tanto que si no me afianzo, ya fuera polvo enamorado. Como dicen Piloto y Vera, duele mucho ser como soy, e imponerse, y no traicionarse, y renunciar, y contemplar la muerte como una opción. No me gusta luchar en el sentido cubano del término. He sido una mujer sola de procedencia humilde, pasé por todos los errores de mi propio sistema revolucionario, pero nunca hice de ello un modo de vida, ni nunca protesté siquiera… solo seguí a ultranza siendo yo, pelo pasa, sin papá, sin mamá, con chicas pues quién aguanta la esclavitud fálica esa…”.

Podría ser la protagonista de un documental a la manera de Searching for Sugar Man, una artista relegada a un rincón de una ciudad ajena, una ciudad tan grande como Barcelona, en la que su obra no pasará de ser el divertimento de un puñado de seguidores. Sin embargo, ahí está, haciendo sus canciones, labrándose con esfuerzo de jornalero un público que va reconociendo en ella una distinción, una manera particular de hacer la canción de los bares y cantinas, ya apropiada de los particulares fraseos, problemas y con un “nuevo sentido de la soledad”, al decir de ella misma.

Hay algo viejo y triste en las canciones de Mane Ferret. Como si supiera algo que al resto nos está vedado, como si cargara con un saber insoportable, que no puede comunicar, al menos no de la manera tradicional, así que lo confiesa camuflado entre ritmos populares. No es una trovadora al uso, eso sería muy fácil, muy aprehensible; ella más bien forma parte de esa casta de inclasificables que hace de la canción un ejercicio de exorcismo.

“Nací herida de muerte… demasiado ruda la vida desamparada, demasiada traición porque uno es vulnerable, demasiado dolor… tengo que quitarme este dolor… las drogas quitan el dolor. Cuando tuve que partir de Cuba en busca de trabajo sabía que como mínimo moriría, conozco el capitalismo, lo estudiamos, quizá esté bien para gente normal, pero para mí era un ataúd gigante. El mal fue menor al ser Barcelona la ciudad que me acogió. De aquí proceden mis ancestros blancos, y vi que tenía mar, y vi que mi soledad fue peor. Pero yo tenía mi guitarra, y tenía palabras y acervo, y empecé a tocar por los bares de la bella ciudad condal, y a hacerle mis canciones. En Cuba sucede que como es tan fácil estudiar música, si no eres músico de escuela no vales. Pero en el capitalismo, como casi nadie puede estudiar, mucho menos música, te consideran músico si lo demuestras. Mira por dónde me favoreció. En Cuba no hubiera hecho estas canciones, por el complejo de no ser músico. Las drogas derivaron en más dolor, no sé cómo pude sobrevivir a esa violenta experiencia. Las canciones son tristes por culpa de la desesperanza, de las vivencias, por mi culpa, por culpa del mundo. Empecé a recibir quejas por demasiada tristeza y me fui para el bolero son, a fin de cuentas soy hija de Matamoros”.

A Mane no la inventamos nosotros, pero existe en la medida que la escuchemos, que la leamos. La trascendencia de un artista, o mejor, de la obra de un artista, depende de la habilidad de sus contemporáneos para detectar su valía, las originales esencias que lo componen.A Mane no la inventamos nosotros, pero existe en la medida que la escuchemos, que la leamos. La trascendencia de un artista, o mejor, de la obra de un artista, depende de la habilidad de sus contemporáneos para detectar su valía, las originales esencias que lo componen. Sin una discografía oficial de la que blasonar, perdida entre la marea de una urbe como Barcelona, Mane Ferret es un tesoro oculto, uno al que por suerte aún podemos acudir, una alegría agridulce que encarna como pocas el contradictorio espíritu del ser humano.

“La música y la literatura me definen. No me preocupa la ausencia de lo oficial ya que nunca lo he tenido, ni en Cuba, pero me preocupan mis canciones; quiero compartirlas, que otros las canten. Con la literatura yo misma me hago mis libritos, los presento en bares y los regalo, como aprendí de Villena. Siempre en los márgenes, en las laderas, en las afueras… Habrá otras vías, no sé, pero sí me preocupan mis canciones, estoy harta de hablar sola. He vivido como supe siempre que viviría, pobre y feliz como los trovadores”.

Categoría: La Cuerda Floja | Tags: | | | |

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