Actualizado el 23 de enero de 2017

Mike Keneally

Por: . 19|1|2017

Con tan abultada discografía, y tanto que aún pugna por entregar a las audiencias, fusionando rock, música concreta, canción experimental y cuanta cosa le pasa por la cabeza, Mike Keneally no ve barreras, sino posibilidades. Por suerte todavía se puede contar con tipos como él.

Para Felipe Muñoz

Fue un adolescente que le gustaba encerrarse en casa a sintonizar las estaciones de radio con la programación más arriesgada de su tiempo, y a pinchar sin descanso un puñado de vinilos prestados que le volaron la cabeza. Mientras sus amigos se iban de parranda, él prefirió explorar sonidos con un órgano –regalo familiar en uno de sus tempranos cumpleaños- y una guitarra de bajo costo, de manera totalmente autodidacta. Mike Keneally (1961, Nueva York) creció en la californiana ciudad de San Diego, y es de quienes ha transitado casi toda su vida en la música.

Pasó de tocar en oscuras bandas locales (Drop Control, Affable Mort) a figurar en la tropa con la que Frank Zappa asaltó por última vez los escenarios. Le tocó sustituir a Steve Vai, pero también hacerse cargo de pasajes en teclados y aportar su memoria prodigiosa cuando el Padre de la Invención quería desempolvar antiguas composiciones de su catálogo. Su huella aparece en los discos Broadway the hard way (1988) y The best band you never heard in your life y Make a jazz noise here, ambos de 1991, entre otros. El suyo fue el caso del típico fanático que de pronto se encontró trabajando hombro con hombro junto a su paradigma. Y el impacto fue en ambas direcciones: lo que aportó a la obra de Zappa y lo que tomó de esta para su despegue personal.

Tras el fin de tal experiencia, que anticipó un poco la muerte de su mentor en 1993, y a la par que continuaba una trayectoria individual iniciada en la década anterior con una serie de cintas autofinanciadas, se enroló en proyectos como Z y The Mistakes. Mientras en el primero, encabezado por los hermanos Ahmet y Dweezil Zappa, la sonoridad insiste en patrones de rock, el segundo me resulta más interesante. Cuarteto redondeado por Henry Kaiser (guitarra), Andy West (bajo) y Prairie Prince (batería), se esmeró en piezas como “Aye aye monster”, “Waiting on Williams” y “The Mistakes vs. Dropped D”, por solo citar tres en un trabajo repleto de tórridas armonías y endiablados diseños rítmicos.

Ya en 1992 había publicado su primer álbum oficial, Hat, y hasta la actualidad exhibe una treintena de títulos. En todos sobresale la labor instrumental, aunque no descuida su curiosa sensibilidad hacia la canción, partiendo de códigos que no tienen que ver con lo comercial. El mismo proceso creativo ha cambiado: ya rara vez concibe una pieza de principio a fin, de un tirón, sino fragmentos que se van encajando poco a poco, edificando por tramos la resolución final. Ya sea en canciones cercanas al espíritu rock o con aires hilarantes, juegos escabrosos de atonalidad, tranquilos remansos sonoros o instrumentales retorcidos, su veta de compositor va in crescendo con los años. Por otro lado, alterna entre los títulos acreditados a su nombre empleando formatos distintos, los que graba con su banda Beer For Dolphis y las colaboraciones con otros.

Por lo general labora en varios álbumes a la vez, tomando de aquí, descartando de allá y pasando para más acá, cual si concibiera un gran rompecabezas en constante construcción. En unos asume toda la responsabilidad (Nonkertompf, 1999) y otros los graba con invitados y amigos (Dancing, 2000; el más acústico Wooden smoke, 2002; You must be this tall, 2013; o los sendos volúmenes de Scambot, en 2009 y 2016). Se aventura con la holandesa Metropole Orkest para The universe will provide (2004) y toca death-metal para el espectáculo de animados Metalocalypse. Tiene colaboraciones singulares como Evidence of humanity (2010), donde improvisa sobre una larga pista de batería proporcionada por el alemán Marco Minnemann, y Vai piano reductions (2004), en el cual llevó a ese instrumento piezas del guitarrista Steve Vai. Por supuesto, un punto y aparte para Wing beat fantastic (2012), uniendo fuerzas con Andy Partridge, líder de XTC, agrupación de culto en la escena británica. La sofisticación pop y el sesgo innovador dejaron momentos inolvidables en “I´m raining here, inside” o “Bobeau”.

Un detalle interesante es que la mayoría de sus discos cuenta con un CD extra (disponible por separado) que incluye material sobrante, remezclas y otras novedades. A todo eso hay que sumar una buena cifra de álbumes en vivo, cuya contundencia en las ejecuciones ratifica los resultados alcanzados en los registros en estudio.

Mike Keneally alterna entre los títulos acreditados a su nombre empleando formatos distintos, los que graba con su banda Beer For Dolphis y las colaboraciones con otros.Sus sesiones para otros son decenas: Solomon Burke, Kevin Gilbert, Screamin´ Jay Hawkins, Mark Craney, Negativland, Marc Bonilla, Mullmuzzler, Neil Sadler, Earl Thomas, James Morton, James LaBrie, Nigey Lennon, Matthew Lien, Chris Opperman y muchas más. Sobre todo se le halla en múltiples homenajes a Zappa (The Persuasions, The Ed Palermo Big Band, Zappa´s Universe, Napoleon Murphy Brock, Eugene Chadbourne & Jimmy Carl Black, Zappanale), pero su presencia se hace notar también en tributos a algunos de sus referentes primerizos, del rock progresivo al jazz: Gentle Giant, Miles Davis, Yes, Genesis, Pink Floyd, Albert Ayler y Emerson, Lake & Palmer.

Quizás alguien pueda decir que no se ha desprendido del fantasma de Zappa tras tantos años. Esa visión de las orquestaciones y la composición está presente en la totalidad de su obra. Pero tampoco quiere desligarse de una influencia que considera seminal en su formación como creador. Es su manera de reconocer al maestro: no el intento de copia (algo bastante socorrido hoy, pero que resulta casi imposible en este caso por las peculiaridades de tal legado) sino integrando lo aprendido y devolviéndolo en nuevas y particulares lecturas.

Mike Keneally toca death-metal para el espectáculo de animados Metalocalypse.En 1999 inició un viejo sueño: el de la independencia artística. Fundó Exowax, sello disquero autónomo que sustenta buena parte de sus lanzamientos. La idea es canalizar las recaudaciones monetarias, sin intermediarios, para reinvertir en nuevos trabajos. Música por y para la música. Por otro lado, fue profesor en una escuela de rock y escribió para la revista Guitar Player; toca unas noches en restaurantes y pequeños clubes para presentar su material, y al día siguiente lo hace en sitios de mayor aforo, respaldando a músicos con más visibilidad. Fanático de Los Beatles, creció bebiendo de Sly & The Family Stone, Henry Cow, Joni Mitchell, Captain Beefheart, Alice Cooper, Simon & Garfunkel y Los Rolling Stones. Actualmente, centrado en su quehacer, no deja de entusiasmarse por propuestas con atisbos de frescura (Esperanza Spalding, Godsticks, Flying Lotus, Kendrick Lamar). La cosa no es ser apenas un oyente, sino en saber ser un escucha.

Compositor, productor y multi-instrumentista, heredero por igual del pop elegante de los años 60, la referencia Zappa, el jazz investigador y el rock de pulso potente, solo aspira a producir su música para posibles interesados. No le tienta la masividad, si esta va en detrimento de lo que quiere proponer. Sigue apegado a ciertos métodos “antiguos”, con un estudio casero donde graba las guitarras en el baño, y las voces en una habitación. Vive el contexto digital, pero se resiste a abandonar lo analógico, y así se le ve componiendo lo mismo desde las computadoras, que con guitarra o un vetusto sintetizador Moog. Con tan abultada discografía, y tanto que aún pugna por entregar a las audiencias, fusionando rock, música concreta, canción experimental y cuanta cosa le pasa por la cabeza, Mike Keneally no ve barreras, sino posibilidades. Por suerte todavía se puede contar con tipos como él.

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